Tierra, sudor y sangre

El desastre de al-Araq (IV)

Los yelmos de los castellanos ya se reconocían a la distancia. Abu Yahya, el jeque almohade, a voz en cuello gritó su primera orden. Entonces los estandartes califales se agitaron, señal que fue interpretada, rápidamente, por los jefes de las diferentes cábilas que pasaron a transmitirla a sus hombres. En una impecable maniobra sincronizada, al unísono las líneas de lanceros más avanzados hincaron rodilla en tierra y, pertrechados tras sus escudos, asomaron picas hacia el exterior, clavando el otro extremo de las astas en el suelo.

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Días de frontera

Castillo de Lorca. Murcia.

El miércoles, 13 de abril del año del señor de 1.407, a la puesta de sol, como regente de Castilla el Infante fue a tomar licencia a la reina y besar las manos del rey, su sobrino, antes de partir a la Andaluicía con la alta misión de dirigir la guerra. Y como quiera que la reina le rogase que permaneciese allí esa noche, tan gran deseo tenía de combatir en Tierras de Moros que no quiso quedarse y fue a dormir a Vernuy de Palacios, que se encuentra a legua y media de Segovia, junto a la Infanta Leonor, su mujer, y sus hijos Don Alonso y Don Juan.

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Castra Postumiana

B.H. Capítulo VIII

Desde un principio, Cneo Pompeyo sólo contemplaba la posibilidad de alargar la contienda como parte de la estrategia a seguir. El territorio de la Hispania Ulterior, abrupto y montañoso, sería el factor determinante que inclinaría la balanza a su favor. O, por lo menos, eso era lo que hasta esos momentos había considerado el general del bando optimate.

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Ara Pacis Augustae

… Bajo el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilo, cuando regresé a Roma de mi viaje a Hispania y la Galia y después de haber llevado a cabo afortunadas empresas en estas provincias, el Senado decretó que se debía consagrar en honor a mi llegada el Ara Pacis en las proximidades del Campo de Marte y dispuso que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales celebrasen cada año un sacrificio en él.”. (Res Gestae Divi Augusti, 12.2)

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Aníbal llega a Sagunto

La caída de Sagunto. Capítulo V

Espoleando sus pequeñas y ágiles monturas – sin bridas, ni bocados, ni tampoco sillas; tan sólo el uso de una vara y una cuerda alrededor del cuello -, un cuerpo bien nutrido de caballería ligera númida avanzó hasta alcanzar las proximidades del oppidum. A sus espaldas dejaban una densa polvareda que terminaba fundiéndose con las altas columnas de humo de unos campos envueltos en llamas.

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Sisapo

La Bienvenida. Almodóvar del Campo, Ciudad Real

Desde las primeras luces del alba varias de las esclavas se habían dedicado a preparar algunos ungüentos y cremas con los que maquillarían esa misma mañana a la domina. Era un día importante para Roma, se celebraba el regreso de Augusto tras su viaje a tierras de la Galia e Hispania. Por fin ambas provincias habían quedado completamente pacificadas.

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