La necrópolis de Las Aguilillas

Entre los términos de Campillos y Ardales. Málaga

Si existe en Málaga un rincón donde Naturaleza e Historia se toman de la mano para fundirse en una experiencia inolvidable y al alcance de toda la familia, ese es, sin lugar a dudas, la Necrópolis de Las Aguilillas.

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Contrebia Belaisca

Cabezo de las Minas. Botorrita, Zaragoza

Hasta entonces sólo habían combatido como fuerzas mercenarias fuera de su territorio. Indistintamente, tanto en el bando cartaginés como en el romano, allí donde se había requerido la presencia de sus armas, caballos y valor, cosecharon grandes riquezas y enorme prestigio; eran pueblos que vivían por y para la guerra.

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El final de un linaje

Tumba de Hornos. Peal de Becerro, Jaén

En los distintos asentamientos de la vieja ibera, será a partir del siglo VI a.C. cuando se produzcan ciertos cambios que afectarán a las esferas más altas de la estructura social, las cuales habían regido la vida de sus ciudadanos hasta entonces. Con la decadencia de un sistema arcaico, las antiguas monarquías gobernantes sufrirán una notable pérdida de influencia y poder, sólo suplida por la aparición de una nueva clase emergente, la aristocracia local, que será la encargada de tomar las riendas de estos pueblos hasta su definitiva colonización.

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Cueva del Boquete de Zafarraya

Alcaucín, Málaga

Históricamente, siempre la había considerado como la puerta natural de la cora de Rayya hacia el reino de Granada, lo que hoy entenderíamos como parte de la provincia de Málaga. Ya supe de su existencia en el arqueológico provincial, pero no fue hasta mi visita al recién inaugurado Museo de Vélez-Málaga cuando decidí salír a la búsqueda de esta interesantísima cueva.

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Basílica paleocristiana de Vega del Mar

San Pedro de Alcántara, Marbella

Se sintió en las provincias granadinas y en otras del Imperio un violento terremoto. Las olas del Mediterráneo hirvieron como en la más deshecha borrasca. A muchas varas de distancia de Malaca, de Exi (Sexi), de Abdera, quedaron en seco las playas que siempre habían estado bañadas por las aguas: los pescados, faltos de su natural elemento, eran cogidos a mano sobre la arena sin redes ni anzuelos. Absorto los habitantes, vieron la profundidad de los abismos, que colmados de agua estaban quizás desde el principio del mundo. Al cabo de algunas horas retrocedió el mar con ímpetu furioso; los buques, que habían encallado en la arena, fueron lanzados con irresistible empuje dentro de tierra, y estrellados algunos contra los edificios de las ciudades cercanas. Las aguas inundaron los pueblos de la ribera, ahogando a multitud de familias.” (Miguel Lafuente Alcántara. Historia de Granada: comprendiendo la de sus cuatro provincias Almería, Jaén, Granada y Málaga desde remotos tiempos hasta nuestros días. 1843)

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Yo soñé con Viriato

Yacimiento Arqueológico Laderas de Morana. Lucena, Córdoba

ESTATUA DE VIRIATO

Estatua de Viriato en Zamora.

En dos ocasiones salí a su encuentro y por dos veces regresé con las manos vacías. Sabía que estaba allí, escondido entre rocas y agreste vegetación, pero no lograba dar con él. Confieso que durante un tiempo llegué a sentirme como el mismo Serviliano en su incansable persecución sobre el insurrecto Viriato por tierras hispanas, pues nunca lograba alcanzar mi objetivo. Aún peor, se había convertido en una verdadera obsesión; una idea que, por mucho que intentara, no podía quitármela de la cabeza.

Esta es la historia de esta persecución y de unos restos arqueológicos que los historiadores del lugar han querido identificar con la antigua Erisana, oppidum nombrado por Apiano en su obra Historia Romana: Sobre Iberia.

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Las carencias de Cneo

B.H. Capítulo VII

En el transcurso de la noche, una vez producidos los primeros enfrentamientos, Cneo Pompeyo ordenó abandonar sus posiciones e incendiar el campamento que hasta esos momentos había ocupado. Así lo dictaba el decálogo de estrategia militar para estos casos: procurar que las construcciones o materiales empleados no fueran reaprovechados por el enemigo y, en segunda instancia, utilizar el humo generado como elemento de protección que garantizara una retirada segura de tropas.

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