Edeta (continuación)

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Edeta quedó definida, finalmente, como un gran centro de poder, además de ser la residencia de la dinastía real y toda su aristocracia dependiente. Se le asignará el papel de único ámbito autorizado donde practicar el intercambio comercial, cometido a través del cual las élites se asegurarán controlar el poder económico. De esta forma se mantendrá la hegemonía con respecto al resto de asentamientos, entendidos a estos últimos como simple servidumbre territorial.

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Edeta

Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia

Durante el Bronce Final (siglos VIII – VII a.C.), el territorio que terminará controlando la ciudad íbera de Edeta no era más que una amplia extensión de tierras prácticamente deshabitadas; unos parajes donde el asentamiento de la futura capital edetana, con amplio registro de vida continuada desde el II milenio, centralizará las escasas importaciones, resultado de los contactos comerciales esporádicos, que hasta el lugar llegaban. El asentamiento humano se situará en una posición elevada y defendido por unas primeras murallas. Sus viviendas se alzarán sobre planta rectangular y zócalos empedrados, fabricados con los mismos materiales heredados de los modelos precedentes.

CIMA DEL CERRO

Cima del Cerro Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia.

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(BH. VII): Las carencias de Cneo

En el transcurso de la noche, una vez producidos los primeros enfrentamientos, Cneo Pompeyo ordenó abandonar sus posiciones e incendiar el campamento que hasta esos momentos había ocupado. Así lo dictaba el decálogo de estrategia militar para estos casos: procurar que las construcciones o materiales empleados no fueran reaprovechados por el enemigo y, en segunda instancia, utilizar el humo generado como elemento de protección que garantizara una retirada segura de tropas.

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(BH. VI): La llegada a Ategua

Julio César había fracasado. Sus dos objetivos principales para acabar con las contiendas civiles antes del crudo invierno, y que le habían obligado a trasladarse hasta la provincia de la Ulterior hispana,  se le habían esfumado. Corduba resistía y Cneo Pompeyo evitaba enfrentarse a él en encuentro directo a campo abierto. Era muy consciente que con esta decisión, aunque inevitable, acabaría reforzando el ánimo de sus enemigos.

El general ordenó abandonar el asedio al bastión pompeyano para buscar un nuevo escenario que le fuera más favorable a sus intereses. Además, resultaba prioritario aprovisionar a sus legiones si quería ganar la guerra.

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Colonia Libertinorum Carteia

Y llegó desde Hispania otra delegación de una nueva clase de hombres. Recordando que habían nacido de soldados y mujeres hispanas, con las que no había podido contraer matrimonio legítimo, en número superior a los cuatro mil hombres, pedían que se les diera una ciudad en la que habitaran. El Senado decretó que inscribieran sus nombres ante L. Canuleyo, y, de entre ellos, a los que hubiera manumitido. Decidió, así mismo, enviarlos como colonos a Carteia, junto al Océano; permitir que se incorporaran al censo de los colonos los carteienses que quisieran permanecer en su ciudad, una vez les fuera asignado un lote de tierra, que fuera una colonia de derecho latino y que se llamara de los Libertos“.

Texto de Tito Livio XLIII, 3 correspondiente a su obra Ab urbe condita.

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Una foto familiar para la posteridad

Mosaico en el Oecus de Fuente Álamo

Andaba documentándome sobre la espléndida y conocida Villa Romana de Fuente Álamo, situada en la localidad cordobesa de Puente Genil, cuando, rastreando Internet, topé con la interesantísima Memoria de Fuente Álamo escrita por el Dr. Luis Alberto López Palomo (director de excavaciones del Proyecto de Estudio) Si alguien aún desconoce de qué villa romana estamos hablando, aquí os dejo una vista general de su pars urbana:

VISTA PARCIAL DE LA PARS URBANA DE FUENTE ALAMO

Vista parcial de la pars urbana de la Villa Romana de Fuente Alamo. Puente Genil, Córdoba.

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(BH. V): Combates por la toma del puente

Después del encuentro entre las tropas auxiliares de loricatti y los defensores de Corduba en las cercanías de esta ciudad, el factor sorpresa se había desvanecido. Los pompeyanos, acantonados en la plaza y en estado de alerta, esperaban la inminente llegada de César. No se limitaron a resguardarse tras las murallas, sino que Sexto Pompeyo ordenó desplegar un amplio dispositivo militar en torno a la única estructura fija que hacía posible salvar el curso del Baetis y alcanzar las puertas del importante bastión.

Cuando, por fin, el ejército del Dictador llegó a la ribera por su margen izquierda, pudo comprobar la imposibilidad de utilizar el puente con el que acercarse al oppidum enemigo. Bien defendido, su esfuerzo por tomarlo había resultado en vano; por entonces ya causaban buen número de bajas. Por este mismo motivo, decidió enviar una partida de jinetes que recorrieran la orilla en busca de algún estrecho por donde vadear la vía fluvial. Pero no hubo suerte, la profundidad de sus aguas y la fuerza de arrastre de la corriente hacían imposible este intento.

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