Hispania

Hispania, la primera provincia en entrar las legiones de Roma, pero la última en ser abandonada. En estos alejados parajes del Finis Terrae, donde sus bastas y productivas tierras dan paso al gran mar Océano, la que era llamada Iberia por otros pueblos hasta entonces carecía de una exacta definición de gobierno en conjunto.

Durante el periodo de conquistas acontecido en época de la República, se optaría por la división del territorio en dos Hispanias diferenciadas con la intención de establecer un sistema administrativo que, en la medida de lo posible, permitiera cierto orden y control sobre los pueblos que, progresivamente, iban siendo sometidos, los impuestos recaudados, así como sobre la explotación de los recursos naturales por los que era tan atractivas y, a la vez, codiciadas estas tierras. Se establecieron, pues, dos provincias: una llamada Hispania Citerior o aquella más cercana a Roma; otra, Hispania Ulterior o la más distanciada.

Esta sería la primera subdivisión administrativa que sufriría la Península Ibérica con la llegada de la nueva cultura italicense, en torno al año 197 a.C., y para las que se encomendarán a los pretores una función de gobernador provincial.

CABEZA VELADA DE AUGUSTO MADURO - MUSEO NACIONAL DE ARTE ROMANO DE MERIDA

Cabeza velada de Augusto Maduro. Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Será a partir del 27 a.C. y coincidiendo con la finalización de las guerras en territorio hispano cuando el Princeps Octavio Augusto, el que llegará a convertirse en primer emperador de Roma, lleve a cabo una nueva reorganización territorial. En este caso, las dos provincias hispanas predecesoras pasarán a convertirse en tres bajo la administración del Imperio: Citerior Tarraconensis, Ulterior Lusitania y Ulterior Baetica, definiéndose administrativamente como provincias imperiales las dos primeras y directamente dependientes por el propio Augusto a través de sus legados en la forma de pretores. Esto se debía a que las dos provincias mencionadas estaban consideradas en esos momentos como no pacificadas al completo, por lo que obligaba a las legiones a permanecer acantonadas en estas tierras.

No ocurriría lo mismo con la Ulterior Baetica, de rango consular y gobernada por el senado y el pueblo romano por medio de magistrados. Estas tierras sí estaban consideradas como pacificadas, por lo que no era preciso el estacionamiento de tropas en ella.

Con la nueva reorganización política de Hispania llevada a cabo por el Princeps, la antigua provincia de la Citerior, ahora Citerior Tarraconensis, no sufrirá apenas modificación alguna sobre la extensión de su territorio. A partir de entonces, poco a poco se irán sumando aquellas otras tierras conquistadas en las sucesivas guerras mantenidas con los pueblos del Norte.

Por el contrario, la antigua Hispania Ulterior fue subdividida en dos provincias distintas: la Baetica y la Lusitania, definiéndose el río Anas (actual Guadiana) como frontera natural entre ambas. De esta forma fue como quedó finalmente dividido el amplio territorio de la Beturia, donde los pueblos de origen celta (Celtici) formarán parte de la Lusitania y los de origen indoeuropeo (Turduli) de la Baetica.

Esta subdivisión de la Ulterior en dos provincias también vino motivada por la clara diferenciación de su población, lengua y cultura, además de su desarrollo económico y social. En este periodo que nos concierne de la Baetica, la provincia ya gozaba de una larga tradición urbana y civilizada fruto del contacto con otros pueblos (griegos, fenicios y cartagineses) que con anterioridad habían puesto sus miras en ella.

El modelo que siguió Augusto a la hora de repoblar las diversas tierras hispanas no fue otro que, de una parte, asentar en los espacios provinciales a los veteranos de sus campañas militares; un proyecto este puramente cesariano en su concepción. Por otra, la consecución de unas estrategias de integración, inclusión y generosidad sobre los pueblos indígenas sometidos, sin olvidar la violencia y la sangre que todo proceso de conquista implica.

A finales del siglo III d.C., y bajo el gobierno del emperador Diocleciano, se producirá una nueva restructuración administrativa a nivel general en todo el Imperio y, entre ellas, las tierras de Hispania. Un nuevo modelo se perfilará como mapa de provincias, siendo ahora cinco las que finalmente se constituyan. Manteniéndose la Lusitania y la Baetica como hasta la fecha, dos de las que habían formado parte de la Tarraconensis quedarán separadas de ésta, definiéndose como provincias hispanas independientes Carthago Nova y la Gallaecia.

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