Caesaraugusta

A través de sus distintos autores, las fuentes clásicas nos relatan cómo, el que llegara a convertirse en el primer emperador de Roma, viajó hasta en tres ocasiones a territorio hispano. Nos referimos claramente a Octavio Augusto.

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(BH. VII): Las carencias de Cneo

En el transcurso de la noche, una vez producidos los primeros enfrentamientos, Cneo Pompeyo ordenó abandonar sus posiciones e incendiar el campamento que hasta esos momentos había ocupado. Así lo dictaba el decálogo de estrategia militar para estos casos: procurar que las construcciones o materiales empleados no fueran reaprovechados por el enemigo y, en segunda instancia, utilizar el humo generado como elemento de protección que garantizara una retirada segura de tropas.

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(BH. VI): La llegada a Ategua

Julio César había fracasado. Sus dos objetivos principales para acabar con las contiendas civiles antes del crudo invierno, y que le habían obligado a trasladarse hasta la provincia de la Ulterior hispana,  se le habían esfumado. Corduba resistía y Cneo Pompeyo evitaba enfrentarse a él en encuentro directo a campo abierto. Era muy consciente que con esta decisión, aunque inevitable, acabaría reforzando el ánimo de sus enemigos.

El general ordenó abandonar el asedio al bastión pompeyano para buscar un nuevo escenario que le fuera más favorable a sus intereses. Además, resultaba prioritario aprovisionar a sus legiones si quería ganar la guerra.

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Municipium Pontificiensis Obulco

ATLANTE IBERO-ROMANO

Atlante íbero-romano. Museo de Porcuna, Jaén.

Fue a partir del siglo II a.C. cuando se inicia el proceso de romanización en el asentamiento túrdulo de Ipolca, pasando a denominarse el territorio, desde este preciso momento, como Obulco. Los habitantes del viejo oppidum, situado en lo que conocemos como Yacimiento Los Alcores, comienzan a repoblar las tierras bajas que hoy ocupa la actual Porcuna, pero sin desarraigarse aún de su cultura y costumbres íberas.

Aún en los prolegómenos de la romanización, República y primeros años del Imperio, Obulco gozó de cierto prestigio e importancia, manteniéndose como una verdadera aliada de Roma. Llegó a acuñar moneda propia, puesto que el comercio, los recursos agrícolas (las producciones de cereales y, en concreto, el trigo fueron símbolos de su numismática junto al arado) y la ganadería seguirán siendo sus mayores valedores en este territorio. Tanto fue así que, incluso, disfrutó de cierta autonomía con respecto al poder romano.

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Los vigilantes del territorio (continuación)

Yacimiento Arq. de Hijovejo (Quintana de la Serena, Badajoz)

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Una vez se accedía a la torre, la impresión que daba el interior del recinto era el de un espacio muy reducido. A la derecha del pasillo de entrada se encontraba la cámara principal adosada a la muralla Norte. Otras cuatro estancias anejas, estas de dimensiones más pequeñas, se añadieron frente a ella en la cara interna de la muralla Sur. Esta disposición da una ligera idea del escaso número de hombres que guarnecía la fortificación.

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Una foto familiar para la posteridad

Mosaico en el Oecus de Fuente Álamo

Andaba documentándome sobre la espléndida y conocida Villa Romana de Fuente Álamo, situada en la localidad cordobesa de Puente Genil, cuando, rastreando Internet, topé con la interesantísima Memoria de Fuente Álamo escrita por el Dr. Luis Alberto López Palomo (director de excavaciones del Proyecto de Estudio) Si alguien aún desconoce de qué villa romana estamos hablando, aquí os dejo una vista general de su pars urbana:

VISTA PARCIAL DE LA PARS URBANA DE FUENTE ALAMO

Vista parcial de la pars urbana de la Villa Romana de Fuente Alamo. Puente Genil, Córdoba.

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(BH. V): Combates por la toma del puente

Después del encuentro entre las tropas auxiliares de loricatti y los defensores de Corduba en las cercanías de esta ciudad, el factor sorpresa se había desvanecido. Los pompeyanos, acantonados en la plaza y en estado de alerta, esperaban la inminente llegada de César. No se limitaron a resguardarse tras las murallas, sino que Sexto Pompeyo ordenó desplegar un amplio dispositivo militar en torno a la única estructura fija que hacía posible salvar el curso del Baetis y alcanzar las puertas del importante bastión.

Cuando, por fin, el ejército del Dictador llegó a la ribera por su margen izquierda, pudo comprobar la imposibilidad de utilizar el puente con el que acercarse al oppidum enemigo. Bien defendido, su esfuerzo por tomarlo había resultado en vano; por entonces ya causaban buen número de bajas. Por este mismo motivo, decidió enviar una partida de jinetes que recorrieran la orilla en busca de algún estrecho por donde vadear la vía fluvial. Pero no hubo suerte, la profundidad de sus aguas y la fuerza de arrastre de la corriente hacían imposible este intento.

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