Cerro de las Cabezas

Valdepeñas, Ciudad Real

Os quiero revelar un secreto. Cada vez que tomaba la A4 dirección norte y veía pasar su salida, una enorme curiosidad embriagadora invadía mis sentidos hasta el punto de retener en la cabeza el mismo mensaje repetitivo: “Tengo que ir, he de organizarme para ir a visitarlo en la siguiente”. Una y otra vez la misma cantinela; una y otra vez la misma obsesión en el mismo trayecto, pero nunca lo acababa marcando como nuevo destino. Hasta que un día por fin me decidí y una mañana de sábado me planté ante las puertas del yacimiento. Lo que no podía imaginar era como al acabar la visita, satisfecho ese deseo primitivo, nuevas inquietudes volverían a ocupar la mente hasta el día de hoy: dos cuerpos y una ciudad abandonada.

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La marcha almohade

El desastre de al-Araq (II)

Luego salió [el califa] el sábado – diez de junio [de 1195] – y mandó pasar revista; cabalgó todo el ejército con pertrechos completos y atavía espléndido y cuando acabaron de montar a caballo y se terminó la organización de jinetes y peones; cabalgó al-Mansur y fue con los secretarios y visires y los parientes e hijos; los revistió en sus puestos, fila por fila y cábila por cábila, y les agradeció su cuidado y preparación con las más hermosas gracias. Se sacaron los sueldos y donativos barakat y se movilizaron los contingentes habituales y todos los soldados inscritos.”. (Libro de la increíble historia de los reyes de al-Andalus y Marruecos. Autor: Ibn Idhari)

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Praeludium

El desastre de al-Araq (I)

Después del desastre, vino la rapiña y el despojo; a continuación, el olor a muerte de la carne descompuesta. Mientras intento aclarar mis pensamientos y dejar de manifiesto lo aquí acontecido, desde las propias saeteras de la fortaleza veo marchar una partida sarracena de jinetes en cabalgada dirigiéndose, libremente, hacia los campos del Norte. Más cautivos y más cadáveres aguardan, del mismo modo que en las últimas jornadas hemos padecido.

Me embriaga el dolor y la desolación por la pérdida de los hermanos caídos y de todos aquellos buenos cristianos que han corrido la misma suerte; ninguno de ellos ha recibido digna sepultura, que Dios perdone sus almas. La frontera ha retrocedido y Consuegra se mantiene como única plaza avanzada, aislada y sin apoyos, como ínsula en mitad de un mar de tempestades ahora controlada por las huestes enemigas. ¡Oh Señor misericordioso, danos fuerza para resistir y seguir combatiendo en tu nombre! ¡Qué nuestros brazos no flaqueen al empuñar las armas en el día del juicio final!

01 - CASTILLO DE MUELA

Castillo de la Muela. Consuegra, Toledo.

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