Begastri, una ciudad episcopal

Cabezo Roenas. Cehegín, Murcia

Abd al-Aziz, hijo de Muza, hijo de Noseir a Teodomiro, hijo de Gabdus , en virtud de la cual queda convenido, y se le jura y promete por Dios y su Profeta (a quien Dios bendiga y salve) que tanto a él, como a cualquiera de los suyos, se les dejará en el mismo estado en que se hallen respecto del dominio libre de sus bienes; no serán muertos, ni reducidos a esclavitud, ni separados de sus hijos, ni de sus mujeres; se les permitirá el culto de su religión, y no serán incendiadas sus iglesias, ni privadas de su propiedad libre, en tanto que observe y cumpla fielmente lo que pactamos con él, a saber: que entregará por capitulación las siete ciudades, Auriola, Villena, Alicante, Muía, Begastro, Ello y Lorca; que no se dará hospitalidad a los que huyan de nosotros, ni a los que nos sean hostiles, ni se molestará a los que nos sean fieles adictos, ni nos ocultarán las noticias que tuvieren respecto de nuestros enemigos; que él y los suyos pagarán cada año un dinar, cuatro almudes de trigo, cuatro almudes de cebada, cuatro azumbres de vinagre, dos azumbres de miel y dos azumbres de aceite, y la mitad de esto los siervos. Fueron testigos. Otman, hijo de Abuabda, el Corcixí; Habib, hijo de Abuobaida, el Fihrí; Abdala, hijo de Meicera, el Falimí; y Abucain, el Hadalí; fué escrito en el mes de Racheb del año 94 de la hégira

Pacto de Teodomiro. Abril de 713.

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La caída de Sagunto

La caída de Sagunto. Capítulo X

Las calles permanecen desiertas, los hogares vacíos y los puestos de guardia desatendidos. Nadie vigila en las murallas porque todos, de viva voz, quieren escuchar las necesitadas condiciones de paz que trae el mercader de manos del general cartaginés. Todos se arremolinan alrededor de la vivienda donde se está celebrando la asamblea pública, puede que sea esta la última. Allí se encuentra congregada lo que queda de la población de Arse. Todos excepto yo que, sentado en un banco, continúo afilando mi falcata pausadamente. Tal vez porque ya no espero nada de nadie y presienta que muy pronto volveré a utilizarla, aunque sea por última vez. Va siendo hora de ir concluyendo esta triste y amarga historia. En estos momentos sólo deseo que tanto sufrimiento vivido no caiga en el olvido y sirva para algo en generaciones venideras.

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La extravagante tumba de un panadero

Que cruel es la ignorancia cuando así lo pretende, momentos en los que uno tiene ante sus ojos una joya, un verdadero tesoro, y es incapaz de percibirlo. Claro, que si el elemento en cuestión da pie a confusas interpretaciones, nada se puede hacer para evitarlo. A decir verdad, esto lo llamo yo ‘consuelo de tontos’.

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La iniciación de un héroe

Vaso del joven y el dragón. La Alcudia de Elche, Alicante

Cuando el niño nació, como todo hijo de ilicitano vinculado a la aristocracia, fue presentado ante el resto de la población. Si hubiese nacido niña, el veterano guerrero no tendría motivos para exhibir orgulloso la continuidad de su linaje.

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La romanización de Uxama

Cerro de Castro. Burgo de Osma, Soria

<< Viene de artículo anterior

Tras el episodio de Pompeyo y la destrucción del asentamiento indígena, la población de Uxama pasará a convertirse en civitas stipendiaria, a causa, muy probablemente, de la resistencia demostrada contra Roma en el pasado. Pero supo resurgir de sus cenizas, beneficiarse de ese privilegiado emplazamiento con el que contaba y por el cual pasaban los trazados viarios más importantes del momento, además de continuar explotando sus fértiles y ricas tierras para el cultivo y los pastos.

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Uxama Argaela

Cerro de Castro. Burgo de Osma, Soria

Esta es la historia de un pueblo arévaco que supo ver su enorme potencial dentro del proceso de romanización al que fue impuesto, sacar provecho del profundo cambio cultural sufrido, hasta convertirse en uno de los principales núcleos hispanorromanos de la actual provincia de Soria.

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Intentos de negociación

La caída de Sagunto. Capítulo IX

Afortunadamente pudimos renovar algo nuestras fuerzas, tomar cierto respiro para estos maltrechos cuerpos. En los últimos instantes de la batalla, los muros consiguieron contener las embestidas en oleadas y casi imparables de los cartagineses. Coincidió también que durante algunos días los ánimos de muchos de nosotros se recuperaron al conocer la noticia de la partida de Aníbal, habiendo dejado a cargo del cerco a su comandante númida sólo con parte de los efectivos.

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