Ara Pacis Augustae

… Bajo el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilo, cuando regresé a Roma de mi viaje a Hispania y la Galia y después de haber llevado a cabo afortunadas empresas en estas provincias, el Senado decretó que se debía consagrar en honor a mi llegada el Ara Pacis en las proximidades del Campo de Marte y dispuso que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales celebrasen cada año un sacrificio en él.”. (Res Gestae Divi Augusti, 12.2)

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Caesaraugusta

A través de sus distintos autores, las fuentes clásicas nos relatan cómo, el que llegara a convertirse en el primer emperador de Roma, viajó hasta en tres ocasiones a territorio hispano. Nos referimos claramente a Octavio Augusto.

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Lacipo

Casares, Málaga

En anteriores publicaciones explicábamos como el viejo oppidum prefundacional a Baelo Claudia (pulsa aquí para visitar el yacimiento Silla del Papa), situado sólo a cinco kilómetros de esta ciudad hispanorromana, ejercía las funciones de control sobre aquellos antiguos caminos que atravesaban su territorio y comunicaban la costa del Mediterráneo con los asentamientos del interior.

En realidad, fueron muchos los recintos fortificados gobernados por reyezuelos que se erigieron para controlar estos viejos pasos; rutas que se utilizarán en la antigüedad con fines comerciales y transporte de minerales. Tras la colonización romana, todos estos emplazamientos acabarán entrando en la órbita de la nueva cultura y la ciudad de Lacipo será uno de ellos.

MURALLA DE LACIPO

Muralla Sur de finales del siglo I. Yacimiento Arqueológico de Lacipo. Casares, Málaga.

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La llegada a Ategua

B.H. Capítulo VI

Julio César había fracasado. Sus dos objetivos principales para acabar con las contiendas civiles antes del crudo invierno, y que le habían obligado a trasladarse hasta la provincia de la Ulterior hispana,  se le habían esfumado. Corduba resistía y Cneo Pompeyo evitaba enfrentarse a él en encuentro directo a campo abierto. Era muy consciente que con esta decisión, aunque inevitable, acabaría reforzando el ánimo de sus enemigos.

El general ordenó abandonar el asedio al bastión pompeyano para buscar un nuevo escenario que le fuera más favorable a sus intereses. Además, resultaba prioritario aprovisionar a sus legiones si quería ganar la guerra.

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Municipium Pontificiensis Obulco

ATLANTE IBERO-ROMANO

Atlante íbero-romano. Museo de Porcuna, Jaén.

Fue a partir del siglo II a.C. cuando se inicia el proceso de romanización en el asentamiento túrdulo de Ipolca, pasando a denominarse el territorio, desde este preciso momento, como Obulco. Los habitantes del viejo oppidum, situado en lo que conocemos como Yacimiento Los Alcores, comienzan a repoblar las tierras bajas que hoy ocupa la actual Porcuna, pero sin desarraigarse aún de su cultura y costumbres íberas.

Aún en los prolegómenos de la romanización, República y primeros años del Imperio, Obulco gozó de cierto prestigio e importancia, manteniéndose como una verdadera aliada de Roma. Llegó a acuñar moneda propia, puesto que el comercio, los recursos agrícolas (las producciones de cereales y, en concreto, el trigo fueron símbolos de su numismática junto al arado) y la ganadería seguirán siendo sus mayores valedores en este territorio. Tanto fue así que, incluso, disfrutó de cierta autonomía con respecto al poder romano.

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Fuente Álamo: La llegada de los romanos al Singilis

Resuelto definitivamente el conflicto civil entre el ejército de Julio César y las facciones pompeyanas, dirigidas por Tito Labieno en la que vino a denominarse como Batalla de Munda, a los licenciados victoriosos de las tropas cesarianas y en gratitud a sus esfuerzos y confianza sobradamente demostrada, se les otorgó grandes extensiones de tierras en lo que hoy viene a denominarse como Valle del Guadalquivir. Espacios que, como no podía ser de otro modo, son entregados a estos veteranos en forma de centuraciones, es decir, terrenos parcelados.

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Los vigilantes del territorio (continuación)

Yacimiento Arq. de Hijovejo (Quintana de la Serena, Badajoz)

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Una vez se accedía a la torre, la impresión que daba el interior del recinto era el de un espacio muy reducido. A la derecha del pasillo de entrada se encontraba la cámara principal adosada a la muralla Norte. Otras cuatro estancias anejas, estas de dimensiones más pequeñas, se añadieron frente a ella en la cara interna de la muralla Sur. Esta disposición da una ligera idea del escaso número de hombres que guarnecía la fortificación.

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