Combates por la toma del puente

B.H. Capítulo V

Después del encuentro entre las tropas auxiliares y los defensores de Corduba en las cercanías de la ciudad, el factor sorpresa se había desvanecido. Los pompeyanos, acantonados en la plaza y en estado de alerta, esperaban la inminente llegada de César. No se limitaron a resguardarse tras las murallas, sino que Sexto Pompeyo ordenó desplegar un amplio dispositivo militar en torno a la única estructura fija que hacía viable salvar el curso del Baetis y alcanzar las puertas del importante bastión.

Cuando, por fin, el ejército del Dictador llegó a la ribera por su margen izquierda, pudo comprobar la imposibilidad de utilizar el puente con el que acercarse al bastión enemigo. Bien defendido, sus esfuerzos por tomarlo habían resultado en vano; por entonces ya causaban buen número de bajas. Por este mismo motivo, decidió enviar una partida de jinetes que recorriesen la orilla en busca de algún estrecho por donde vadear la vía fluvial. Pero no hubo suerte, la profundidad de sus aguas y la fuerza de arrastre de la corriente hacían imposible el intento.

Las murallas de Corduba, su principal objetivo, se encontraba en la orilla opuesta del viejo camino que, desde Obulco, Julio César había recorrido. Sin ningún signo de desistimiento, el general romano ordenó localizar un lugar apropiado, de menor profundidad, por donde conseguir atravesarlo. Resultaba imprescindible el acercamiento a la plaza lejos de cualquier intento de acoso que pudieran realizar los pompeyanos, ya que buscarían interrumpir sus labores de ingeniería. Además, se esperaba la llegada de Cneo Pompeyo en socorro de su hermano, una aparición que se produciría por la misma orilla la cual aún no había conseguido franquear.

PUENTE ROMANO DE CORDOBA

Puente Romano de Córdoba

Confirmado el hallazgo de un tramo idóneo, César ordenó improvisar un puente que permitira unir ambas orillas del Baetis. Para este fin se utilizaron grandes cestos cargados de pesadas piedras, que se emplearían a modo de pilas, sobre los que se dispusieron unas robustas vigas de madera taladas en la cercana arboleda del río.

Fue mediante este ingenioso puente como el general y sus tropas pudieron cruzar, finalmente, las aguas salvajes que corrían por la caudalosa vía fluvial; todo bajo los intensos combates que seguían produciéndose en las proximidades de la única obra fija.

Las maniobras del conjunto de sus fuerzas tuvieron que realizarse hasta en tres intervalos de tiempo distintos para conseguir ubicarlas en la gran explanada meridional que separaba la línea muraria con la ribera derecha. Los tres cuerpos lograron levantar sus respectivas castras de campaña en torno a la plaza fortificada, encomendándoles el Dictador objetivos distintos a cada uno de ellos.

Uno de estos contingentes, junto con parte de otro tercio, mantuvieron su acoso contra los pompeyanos dispuestos en el puente de acceso a la ciudad, quedando a la espera de la inminente llegada de Cneo. Algunos de los hombres del segundo tercio guardaron el puente provisional recién construido, fijándose allí una cabecera de control. Por último, el resto de las tropas cesarianas permanecieron en el imponente campamento frente a las murallas. Sin tiempo que perder, el general romano ordenó el asedio a Corduba.

PUENTE ROMANO VISTO DESDE EL MOLINO DE LA ALBOLAFIA

Puente Romano visto desde el Molino de la Albolafia. Córdoba.

Pero pronto se avistaron las tropas de Cneo Pompeyo, marchando a un ritmo forzado en apoyo de Sexto. Esto ocurría al atardecer, cuando Julio César ya había conseguido salvar el río. En un primer instante se pensó que su ejército quedaría tras las puertas de Corduba, pero, al final, optaron por buscar una posición adecuada donde establecer su castra. Lo hizo justo frente al de su enemigo, sobre una elevación al Sur del puente fijo que distaba de él una milla aproximadamente y desde la cual podía mantener el contacto visual con la plaza. Era esta una disposición sobre el campo de batalla muy ventajosa si precisaba socorrer la ciudad, a la vez que vigilaba los movimientos del rival. Desde esta colina, el hijo de Pompeyo El Grande también se aseguraba el cierre hacia la campiña, decisión muy acertada si César, finalmente, optaba por buscar apoyo o resguardo en una de las ciudades afines a su causa.

Ambos generales eran conscientes de la importancia que tenía controlar este punto tan estratégico; el dominio sobre el puente de Corduba condicionará, desde esos momentos, el devenir del asedio a la ciudad. El pompeyano sabía que, una vez consiguiera tomarlo el Dictador, la ciudad caería en cuestión de tiempo. Pero como bien le asesoraba su comandante de caballería, Tito Labieno, debían de evitar todo enfrentamiento directo con el enemigo. La estrategia consistiría en desgastar al ejército contrario y un factor a su favor eran las cosechas que se almacenaban en las principales ciudades bajo su control.

Por su lado, César buscó privar a Cneo de cualquier comunicación o ayuda que pudiera recibir desde el otro lado de las murallas. Era prioritario apoderarse del puente lo antes posible y romper con esta maniobra la conexión entre los dos hermanos.

Se inició, entonces, un duro combate entre ambos bandos para asegurarse el control y dominio de la estructura. Los cesarianos empezaron a construir trincheras defensivas que recorrían la distancia comprendida entre su campamento y la obra fija. De igual forma reaccionó Cneo Pompeyo.

Vc - PUENTE ROMANO DE CORDOBA

Puente Romano de Córdoba.

Y así fue como entró en disputa la toma del puente de Corduba, quedando relegado el asedio de la ciudad a un segundo plano. Diariamente se sucedían las escaramuzas entre los dos bandos en torno a éste, siempre con un resultado incierto. A la vez que se daba cobertura a los hombres encargados de abrir las trincheras, también buscaban entorpecer los mismos trabajos que llevaba a cabo el enemigo.

Esta situación, que pudo alargarse en el período de una semana, acabó desembocando en una cruenta batalla, cuerpo a cuerpo, defendiendo las posiciones logradas provisionalmente junto al puente. Los cadáveres de soldados romanos y auxiliares nativos se iban amontonando en la orilla del río, si antes no caían a las aguas y eran arrastrados por la corriente. El entorno se convirtió en un verdadero lodazal de barro y sangre donde los restos de ambos ejércitos asomaban por todas partes.

El cerco a la plaza se había convertido en una guerra de desgaste, algo que favorecía, claramente, a los intereses pompeyanos. Desde su interior, Sexto, con las tropas bien abastecidas y pertrechadas, resistían sin mayores complicaciones las acometidas del enemigo. Cneo, situado en la retaguardia del Dictador, hostigaba incesantemente con su ejército a las legiones de Julio César. Y lo que era más importante, el puente fijo continuaba bajo su control.

VISTA DE CORDOBA RIO GUADALQUIVIR Y PUENTE ROMANO DESDE LA TORRE DE CALAHORRA

Vista general de Córdona, el río Guadalquivir y el Puente Romano desde la Torre de Calahorra.

Sabedores de la superioridad táctica y de la mayor experiencia militar de las legiones del enemigo, los pompeyanos rehusaron al enfrentamiento a campo abierto que tanto buscaba provocar César. Si querían vencerle, debían evitar cualquier acción arriesgada que los situara en una posición de inferioridad frente al ejército del Dictador. Esta guerra se ganaría prolongándola en el tiempo, minando la moral de los adversarios y privándolos del abastecimiento de alimentos. Las inclemencias meteorológicas de las tierras hispanas harían el resto.

A mediados de enero del año 45 a.C., en plena temporada invernal, Julio César comprendió que la situación se le había vuelto en contra. Sus hombres parecían desgastados por los continuos intentos infructuosos por conquistar la ciudad y apoderarse del puente; a esta fecha, habían causado demasiadas bajas innecesarias durante los combates sangrientos que habían tenido lugar. También entendió que el general pompeyano rechazaba cualquier amago de confrontación directa, lo que le imposibilitaba dar ese golpe contundente a la contienda que pudiera debilitar al rival. El Dictador decidió, por tanto, poner fin al asedio de Corduba y replegarse hacia el sureste. Su nuevo objetivo sería el intento de conquista de Ategua, una nueva plaza pompeyana donde podría cosechar mejores logros y garantizar el alimento que su ejército precisaría para afrontar el crudo invierno. La guerra sería más larga de lo que él había previsto en un principio.

Notas sobre el Capítulo V

Según los estudios que se han realizado sobre el puente de Córdoba, la obra está datada en el siglo I a.C., la cual conserva el número de arcos, así como su estructura original y muchos de los materiales con los que se construyó. Ahora bien, hay que indicar también que el puente que ha llegado a nuestros días es el resultado de una continuada restauración a lo largo de los tiempos.

Cuando César llega a las proximidades de Córdoba e intenta cruzar el río Guadalquivir, se encuentra con el único puente existente, probablemente de época púnica, bien defendido por los hombres de Sexto. Este pudiera ser de configuración sencilla reforzada en madera, pero nunca construido en obra de sillería puesto que los cartagineses desconocían la técnica para levantar edificios de gran firmeza.

Viendo la imposibilidad de utilizar la plataforma fija, César decide buscar un vano de menor profundidad donde levantar otro puente improvisado. Según las hipótesis sobre esta cuestión, uno de los meandros aguas arriba, donde la corriente se ralentiza, es a la altura del Molino de Martos y alrededores. Allí pudiera ser que el ejército cesariano levantara el famoso puente de cestos cubiertos de piedras y tablones con el que se consiguió salvar, finalmente, la corriente del Guadalquivir.

Por último, indicar también que cuando Cneo Pompeyo acude en auxilio de su hermano, monta su campamento en una elevación conocida como “El Cerro”, situada al sur del puente. A partir de ese momento los combates que se entablan entre ambos ejércitos por controlar el paso se realizan en las inmediaciones de la actual Torre de Calahorra.

El Puente Romano de Córdoba junto a la Puerta del Puente y la Torre de Calahorra están declarados Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. Forma parte del centro histórico de Córdoba que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.

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