Iponuba

Cerro del Minguillar. Baena, Córdoba

Mediados del siglo II d.C., un liberto llamado Cornelio Saturnino, antiguo y fiel esclavo de la familia Cornelia, inquieto supervisa la instalación de un dintel en las proximidades de la plaza pública de Iponoba. Orgulloso contempla como en la epigrafía se hace mención a su reciente ascenso augustal. Sabe que con la importante donación satisfecha y su recién nombramiento a la magistratura de la ciudad, sus hijos y nietos tendrán el camino despejado para ocupar, en el futuro, un cargo en el Corsus Honorum Municipal. Por este motivo quiere asegurarse que la piedra con su dedicatoria quede bien visible y, a poder ser, perfectamente legible para el resto de ciudadanos.

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Edeta (continuación)

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Edeta quedó definida, finalmente, como un gran centro de poder, además de ser la residencia de la dinastía real y toda su aristocracia dependiente. Se le asignará el papel de único ámbito autorizado donde practicar el intercambio comercial, cometido a través del cual las élites se asegurarán controlar el poder económico. De esta forma se mantendrá la hegemonía con respecto al resto de asentamientos, entendidos a estos últimos como simple servidumbre territorial.

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Edeta

Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia

Durante el Bronce Final (siglos VIII – VII a.C.), el territorio que terminará controlando la ciudad íbera de Edeta no era más que una amplia extensión de tierras prácticamente deshabitadas; unos parajes donde el asentamiento de la futura capital edetana, con amplio registro de vida continuada desde el II milenio, centralizará las escasas importaciones, resultado de los contactos comerciales esporádicos, que hasta el lugar llegaban. El asentamiento humano se situará en una posición elevada y defendido por unas primeras murallas. Sus viviendas se alzarán sobre planta rectangular y zócalos empedrados, fabricados con los mismos materiales heredados de los modelos precedentes.

CIMA DEL CERRO

Cima del Cerro Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia.

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El general Marco Cornelio Nigrino

Una crónica imperial de Edeta-Lauro. Llíria, Valencia

Cónsul, tribuno militar de la legio XIV Gemina, pretor con los emperadores Vespasiano y Tito, legado augusto de la legio VIII Augusta, propretor de la Provincia Aquitania, legado propretor de la provincia de Moesia. Recibió por la guerra en la Dacia dos coronas murales, dos coronas vallares, dos coronas navales, dos coronas aureas, ocho astas puras y ocho estandartes. Alcanzó el Legado del augusto propretor en la provincia de Siria y, finalmente…, fue olvidado, borrado de la Historia y del recuerdo; la damnatio memoriae había cumplido su cometido. El único error, su incuestionable fidelidad a la familia Flavia.

INSCRIPCION HONORIFICA

Inscripción honorífica: “A Marco Cornelio Nigrino Curiacio Materno, hijo de Marco, de la tribu Galeria, cónsul…; Tribuno militar de la legión XIV Gémina, elegido entre los pretores (?) por el emperador Cesar Vespasiano Augusto y por el emperador Cesar Tito, hijo del Augusto; por ellos mismos designado para redactar los libros del censo; Legado del Augusto de la legión VIII Augusta; Legado del Augusto en funciones de pretor en Moesia, condecorado en la guerra Dácica con dos coronas murales, dos coronas vallares, dos coronas navales, dos coronas aúreas, dos hastas puras y ocho estandartes; Legado del Augusto como pretor de la provincia de Siria.” Museo Arqueológico de Llíria, Valencia.

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Antes muerto que vivir arrodillado

El asentamiento turdetano de Astapa

Corría el año 206 a.C. No hacía más de un trienio que Qart Hadasht, la principal ciudad cartaginesa en la Iberia y base central de aprovisionamientos púnicos en territorio hispano, había caído bajo la contundencia y arrojo de las legiones de la República. Al frente de ellas, el joven general Publio Cornelio Escipión, el mismo que pasaría a la historia con el sobrenombre de ‘El Africano‘.

01 - BUSTO DE ESCIPION EN CARTAGENA

Busto de Publio Cornelio Escipión, el Africano. Sede de la Federación de Carthagineses y Romanos, calle La Caridad, Cartagena.

Controlado este bastión, importante como estratégico, se inicia la conquista final de Hispania, uno de los escenarios más cruentos en las luchas que mantienen Roma y Cartago a lo largo de todo el Mediterráneo. Tras la derrota en Baecula, Asdrúbal Barca, junto a sus guerreros númidas, consigue huir. Su intención siempre había sido la de reunirse con su hermano Aníbal en tierras italicenses y continuar la guerra en territorio romano.

Poco a poco, los contingentes cartagineses que permanecen en Hispania van siendo acorralados en la Baetica, tierras donde aún mantienen su dominio; poco a poco los caudillos indígenas, que los han apoyado hasta ese momento, deponen sus armas o son derrotados. Así ocurre con Orongis o Ilipa, entre otros.

Ha llegado el momento de la venganza romana en la vieja Iberia, la ocasión de dejar escapar toda la ira contenida contra aquellos que traicionaron a los procónsules anteriores, Publio y Cneo Cornelio Escipión; represalias sobre los mismos que se dedicaron a masacrar a todo legionario huido tras las anteriores derrotas y buscaron refugio en los que hasta entonces estaban considerados como oppidum aliados.

Una a una, las ciudades, primero simpatizantes de Roma y después unidas a los cartagineses en su lucha y resistencia, son castigadas. Una a una, las ciudades bases empleadas por los generales cartagineses en la guerra librada en Hispania están siendo tomadas: Iliturgi, Cástulo.

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