Edeta (continuación)

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Edeta quedó definida, finalmente, como un gran centro de poder, además de ser la residencia de la dinastía real y toda su aristocracia dependiente. Se le asignará el papel de único ámbito autorizado donde practicar el intercambio comercial, cometido a través del cual las élites se asegurarán controlar el poder económico. De esta forma se mantendrá la hegemonía con respecto al resto de asentamientos, entendidos a estos últimos como simple servidumbre territorial.

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Edeta

Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia

Durante el Bronce Final (siglos VIII – VII a.C.), el territorio que terminará controlando la ciudad íbera de Edeta no era más que una amplia extensión de tierras prácticamente deshabitadas; unos parajes donde el asentamiento de la futura capital edetana, con amplio registro de vida continuada desde el II milenio, centralizará las escasas importaciones, resultado de los contactos comerciales esporádicos, que hasta el lugar llegaban. El asentamiento humano se situará en una posición elevada y defendido por unas primeras murallas. Sus viviendas se alzarán sobre planta rectangular y zócalos empedrados, fabricados con los mismos materiales heredados de los modelos precedentes.

CIMA DEL CERRO

Cima del Cerro Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia.

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El Puntal dels Llops

Olocau, Valencia

Principios del siglo II a.C., las sombras del ejército de la República emergen por los antiguos caminos fronterizos que se diluyen entre la densa arboleda de la Sierra. Lo hacen al amparo de la oscuridad, con paso firme y seguro. A sus espaldas aún resuena el desplome de las paredes de adobe sobre la tierra batida y el crepitar de unas techumbres envueltas en llamas. Un nuevo fortín edetano ha quedado destruido; el puesto de control para la vigilancia del territorio íbero ha sido asaltado, saqueado y abandonado. En esta noche, una manada de lobos ahoga sus desconsolados aullidos bajo la intensa luz de la luna llena.

01 - YACIMIENTO

Vista de la calle del asentamiento, al fondo la torre de vigilancia. Yacimiento Arqueológico el Puntal dels Llops. Olocau, Valencia.

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Deméter

Deméter, hija de Chrono y Rea, para la población griega era su diosa de la siembra, los cereales y las plantas; la divinidad a la que debían honrar en tiempos de cosecha. Todos los años era la inmortal encargada de hacer madurar el dorado trigo en los campos helenos y, cada final de verano, los habitantes, contentos y satisfechos, salían en procesión para agradecerle la fertilidad de sus tierras y abundancia de los frutos.

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