Dos cuerpos y una ciudad abandonada

Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real

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Cuando completé satisfactoriamente el recorrido propuesto, antes de marchar hacia mi nuevo destino, quise dar las gracias a los responsables que en el Centro de Interpretación se encontraban y felicitarles por el enorme trabajo realizado. Durante un encuentro muy agradable y placentero me trasladaron que en esos momentos estaban trabajando en la acrópolis y que esperaban enseñarla en próximas fechas. Fue allí donde uno de ellos, en una conversación sin mayor trascendencia, volvió a sembrar mi curiosidad sobre este yacimiento.

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Cerro de las Cabezas

Valdepeñas, Ciudad Real

Os quiero revelar un secreto. Cada vez que tomaba la A4 dirección norte y veía pasar su salida, una enorme curiosidad embriagadora invadía mis sentidos hasta el punto de retener en la cabeza el mismo mensaje repetitivo: “Tengo que ir, he de organizarme para ir a visitarlo en la siguiente”. Una y otra vez la misma cantinela; una y otra vez la misma obsesión en el mismo trayecto, pero nunca lo acababa marcando como nuevo destino. Hasta que un día por fin me decidí y una mañana de sábado me planté ante las puertas del yacimiento. Lo que no podía imaginar era como al acabar la visita, satisfecho ese deseo primitivo, nuevas inquietudes volverían a ocupar la mente hasta el día de hoy: dos cuerpos y una ciudad abandonada.

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La Illeta dels Banyets

El Campello, Alicante

Resulta innegable que se trata de un pequeño espacio donde se ha confirmado la existencia de distintas civilizaciones a lo largo de más de cinco mil años. Pero, lo más llamativo de todo, es que estamos ante una de las puertas utilizadas por las diferentes culturas mediterráneas que acabaron influenciando en la vida y costumbre de aquellos que poblaban la antigua Iberia.

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Iponuba

Cerro del Minguillar. Baena, Córdoba

Mediados del siglo II d.C., un liberto llamado Cornelio Saturnino, antiguo y fiel esclavo de la familia Cornelia, inquieto supervisa la instalación de un dintel en las proximidades de la plaza pública de Iponoba. Orgulloso contempla como en la epigrafía se hace mención a su reciente ascenso augustal. Sabe que con la importante donación satisfecha y su recién nombramiento a la magistratura de la ciudad, sus hijos y nietos tendrán el camino despejado para ocupar, en el futuro, un cargo en el Corsus Honorum Municipal. Por este motivo quiere asegurarse que la piedra con su dedicatoria quede bien visible y, a poder ser, perfectamente legible para el resto de ciudadanos.

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Edeta (continuación)

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Edeta quedó definida, finalmente, como un gran centro de poder, además de ser la residencia de la dinastía real y toda su aristocracia dependiente. Se le asignará el papel de único ámbito autorizado donde practicar el intercambio comercial, cometido a través del cual las élites se asegurarán controlar el poder económico. De esta forma se mantendrá la hegemonía con respecto al resto de asentamientos, entendidos a estos últimos como simple servidumbre territorial.

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Edeta

Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia

Durante el Bronce Final (siglos VIII – VII a.C.), el territorio que terminará controlando la ciudad íbera de Edeta no era más que una amplia extensión de tierras prácticamente deshabitadas; unos parajes donde el asentamiento de la futura capital edetana, con amplio registro de vida continuada desde el II milenio, centralizará las escasas importaciones, resultado de los contactos comerciales esporádicos, que hasta el lugar llegaban. El asentamiento humano se situará en una posición elevada y defendido por unas primeras murallas. Sus viviendas se alzarán sobre planta rectangular y zócalos empedrados, fabricados con los mismos materiales heredados de los modelos precedentes.

CIMA DEL CERRO

Cima del Cerro Tossal de Sant Miquel. Llíria, Valencia.

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Santuario ibérico Cueva de la Lobera

Castellar, Jaén

Impasibles sobre sus monturas, los equites otean el horizonte controlando el trasiego de gentes que, diariamente, transitan por estos viejos caminos. Son mercaderes venidos de tierras lejanas cargados con otras culturas y costumbres. También los hay oriundos de la propia Oretania que, sobre sus acémilas, llegan hasta la capital de la región en busca de nuevas oportunidades. Nos encontramos ante una de las demarcaciones definidas como frontera natural dentro del territorio de Cástulo durante los siglos IV y II a.C., periodo de tiempo en el que se mantiene en uso el importante santuario íbero que, a continuación, pasamos a describir.

EXPLANADA

Explanada justo a los pies del santuario íbero. Castellar, Jaén.

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