Intentos de negociación

La caída de Sagunto. Capítulo IX

Afortunadamente pudimos renovar algo nuestras fuerzas, tomar cierto respiro para estos maltrechos cuerpos. En los últimos instantes de la batalla, los muros consiguieron contener las embestidas en oleadas y casi imparables de los cartagineses. Coincidió también que durante algunos días los ánimos de muchos de nosotros se recuperaron al conocer la noticia de la partida de Aníbal, habiendo dejado a cargo del cerco a su comandante númida sólo con parte de los efectivos.

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Contrebia Belaisca

Cabezo de las Minas. Botorrita, Zaragoza

Hasta entonces sólo habían combatido como fuerzas mercenarias fuera de su territorio. Indistintamente, tanto en el bando cartaginés como en el romano, allí donde se había requerido la presencia de sus armas, caballos y valor, cosecharon grandes riquezas y enorme prestigio; eran pueblos que vivían por y para la guerra.

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La llegada a Ategua

B.H. Capítulo VI

Julio César había fracasado. Sus dos objetivos principales para acabar con las contiendas civiles antes de arreciar el crudo invierno, y por el que se había visto obligado a trasladarse hasta la provincia de la Ulterior hispana,  se le habían esfumado de las manos. Corduba resistía y Cneo Pompeyo evitaba enfrentarse a él en encuentro directo a campo abierto. Era muy consciente que con la decisión que acababa de tomar, aunque inevitable, acabaría reforzando el ánimo de sus enemigos.

El general ordenó abandonar el cerco del bastión pompeyano para buscar un nuevo escenario que le fuera más favorable a sus intereses. Además, resultaba prioritario dar solución al aprovisionamiento de sus legiones si quería ganar esta guerra.

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