(BH. VI): La llegada a Ategua

Julio César había fracasado. Sus dos objetivos principales para acabar con las contiendas civiles antes del crudo invierno, y que le habían obligado a trasladarse hasta la provincia de la Ulterior hispana,  se le habían esfumado. Corduba resistía y Cneo Pompeyo evitaba enfrentarse a él en encuentro directo a campo abierto. Era muy consciente que con esta decisión, aunque inevitable, acabaría reforzando el ánimo de sus enemigos.

El general ordenó abandonar el asedio al bastión pompeyano para buscar un nuevo escenario que le fuera más favorable a sus intereses. Además, resultaba prioritario aprovisionar a sus legiones si quería ganar la guerra.

En la noche del veinte de enero del año 45 a.C., César ordenó pasar su ejército a la orilla opuesta del Baetis utilizando el mismo puente provisional que, en días anteriores, se vieron obligados a construir. La maniobra de retirada no estaba exenta de riesgo, pues en cualquier momento podrían ser descubiertos y atacados por las tropas de Cneo. Por ello, esperaron al amparo de la oscuridad para atravesar el río e iniciar la marcha hacia el Sur.

ESTELA DE ATEGUA - MUSEO ARQ CORDOBA

Estela de Ategua. Museo Arqueológico de Córdoba

Antes de la partida, se ordenó prender grandes hogueras en el campamento con la idea de engañar a sus enemigos, dándoles a entender que aún seguían manteniendo sus antiguas posiciones. Así fue como, tras desistir en su empeño por tomar la plaza de Corduba, las legiones cesarianas se pusieron de camino hacia la fortaleza pompeyana considerada la más fuerte de la campiña: Ategua.

Desde su etapa como cuestor de la Ulterior, Julio César conocía a la perfección todo el entorno de la capital provincial y su territorio dependiente. Por ese mismo motivo sabía que en el oppidum de Ategua, segundo en importancia para los pompeyanos, se almacenaban las grandes reservas de trigo procedentes de las fértiles tierras de sus inmediaciones. Era esta zona muy rica, excelente para el cultivo del cereal y la cría de ganado. Su paisaje quedaba definido por amplias colinas y lomas, separadas entre sí por extensas llanuras, huertas y vegas. Todo ello regado por las aguas del Salsum Flumen.

CAMPIÑA CORDOBESA CAMINO A ATEGUA

Campiña cordobesa dirección al yacimiento arqueológico de Ategua, desde el antiguo camino que partía desde Córdoba.

Para alcanzar este nuevo bastión, situado al sureste, el general desechó la idea de utilizar la vía que desde Corduba partía dirección a la ciudad de Malaca. Era este un camino más abrupto y accidentado que obligaba conducir a sus legiones paralelo siempre al margen derecho del Salsum, cuestión que acabaría ralentizándole la marcha. Además, se trataba de una ruta con trayecto algo más extenso en su recorrido, ya que acababa dando un pequeño rodeo antes de aproximarse a la fortaleza. Y a César le interesaba todo lo contrario, es decir, ganar tiempo para llegar a ella antes del amanecer si no quería que su presencia fuera detectada por los enemigos cuando se iniciaran las operaciones de cerco. Por este motivo, optó por una segunda vía más directa que desde la ciudad llegaba a Iliberri. Tan sólo le separaban unas doce millas para alcanzar su nuevo objetivo, algo así como menos de seis horas de marcha desde Corduba.

TRAMO DEL VIEJO CAMINO

Tramo del viejo camino que unía la ciudad de Córdoba con la fortaleza de Ategua, a unos tres kilómetros del yacimiento.

A la mañana siguiente, Cneo fue avisado de la retirada de tropas del enemigo y la dirección que habían tomado. En las proximidades del campamento sus hombres capturaron algunos desertores entre las filas cesarianas y fueron estos quienes informaron al hijo de Pompeyo El Grande de las nuevas intenciones de César por conquistar la plaza de Ategua. Pero el general pompeyano, confiado en las dificultades que presentarían las características del propio terrero y en la creencia que su rival no podría mantenerse durante mucho tiempo soportando el frío invernal de aquel lugar, a parte de tener conocimiento de la carencia en alimentos con los que aprovisionar a sus legiones, no hizo nada por ayudar a la población de la ciudad que controlaba.

Tito Labieno, comandante de caballería, había tenido mucho cuidado en no dejar víveres al alcance del enemigo por si este decidía acudir de regreso a Hispania. Por el contrario, la plaza fuerte estaba bien guarnecida de hombres y protegida con robustas murallas, contaba con abundantes recursos hídricos y en ella se aprovisionaban gran cantidad de alimentos. Estos fueron los motivos considerados por Cneo Pompeyo para no asistir a su fortaleza; determinó que Ategua se encontraba en condiciones inmejorables para resistir un asedio y debía de hacerlo sola.

PUERTA DEL PUENTE EN CORDOBA

Puerta del Puente Romano. Córdoba.

En su lugar, y antes de cruzar las enormes puertas de la ciudad para reunirse con su hermano Sexto, quiso recorrer cada palmo de terreno utilizado por el enemigo. Allí pudo comprobar la cantidad de carros e ingenios de guerra que el Dictador se vio obligado a dejar atrás para no perjudicar su marcha nocturna. Presto, Cneo ordenó despejar todo el perímetro exterior de las murallas y reparar aquellos lienzos y estructuras que más habían sufrido tras el intento de toma de César. También dio orden de reagrupar a sus legiones, aún dispersas después de los enfrentamientos por el control del puente, y a distribuirlos en los terrenos colindantes a Corduba.

Una vez que Julio César llegó a las proximidades del oppidum pompeyano, ordenó levantar su castra aestiva y, simultáneamente, rodear la fortaleza enemiga con una impresionante línea de contravalación para mantenerla encerrada por completo. Sin dilación alguna, había dado comienzo el asedio a Ategua.

06E - PUENTE ROMANO ARROYO FONTALBA

Inmediaciones de Ategua. En la parte inferior, puente romano Arroyo de Fontalba. En la parte superior, Cortijo de los Castillos de Teba donde se emplazan los restos de la fortaleza.

La plaza fuerte se situaba a más de mil pies de altura, sobre una gran loma desde donde dominaba todo el valle del Salsum Flumen. Su ubicación natural, de difícil acceso, impedía cualquier intento de asalto directo. Además, contaba con un importante sistema defensivo basado en una doble línea de murallas que la protegía de las amenazas externas. En este sentido, el general romano optó por rodearla mediante una línea de fosos y empalizadas, paralela a la circunvalación de sus muros. Con tal estrategia, el sistema de atrincheramientos lograba proteger a sus legiones de los intentos de agresión o ataque a la desesperada que llevara a cabo la guarnición asediada, a la vez que impedía que su población pudiera escapar o recibir refuerzos. Si lograba conquistar la fortaleza, Julio César también conseguiría dar un importante golpe psicológico al resto de poblaciones situadas en el entorno y partidarias a la causa pompeyana, además de hacerse con el preciado botín del grano almacenado en la ciudad.

PAÑO MURALLA MEDIEVAL LADO ESTE

Paño de muralla medieval sobre antigua muralla íbero-romana. Yacimiento arqueológico de Ategua. Santa Cruz, Córdoba.

De camino hacia su objetivo, César se había encargado de ocupar algunos recintos fortificados de carácter menor, antiguos castella, de gran valor estratégico para sus intereses (si deseas conocer cómo sería el aspecto de un bastión fronterizo en época de la República, pulsa aquí para visitar la Torre Vigía de Hijovejo en la provincia de Badajoz) A espaldas del campamento de campaña y la línea de cerco, emplazó  algunos destacamentos de infantería y caballería con el propósito de controlar su retaguardia y vigilar, noche y día, la posible llegada de tropas pompeyanas. Si se diera el caso, necesitaría que sus jinetes cabalgaran rápidamente para mantenerle informado.

Días después, cuando su red de espionaje le informó que el cerco de Ategua estaba completamente cerrado y César bien atrincherado en el lugar, Cneo Pompeyo se sintió inquieto, nervioso. Sólo entonces ordenó preparar a sus legiones y marchar, de inmediato, en auxilio de la plaza. También le informaron que la ruta hacia Iliberri estaba controlada por las tropas cesarianas, por lo que no le quedaba más opción que tomar la vía dirección a Malaca y seguir el curso del Salsum Flumen con sus trece legiones si quería aproximarse a las posiciones enemigas sin ser detectado.

Cuando las tropas de Pompeyo llegaron a la zona, lo hicieron de noche y bajo el cobijo de una espesa niebla. Cneo decidió enviar algunas de sus cohortes de infantería y escuadrones de caballería para que hicieran de avanzadilla y aseguraran el terreno. Estos toparon con uno de los castella de vigilancia de César y, en el más absoluto de los silencios, lo consiguieron rodear. Finalmente, provocaron tal matanza en su interior que muy pocos hombres del Dictador lograron escapar. El ataque había sido perpetuado desde el Oeste y no desde el Norte, tal y como la guarnición cesariana esperaba desde hacía días.

06G - PUENTE ROMANO ARROYO FONTALBA

Puente Romano del Arroyo Fontalba en las proximidades de Ategua. Santa Cruz, Córdoba.

Se había conseguido romper el primer bloqueo por uno de los puestos de vigilancia, pero una aproximación directa hasta el mismo cerco de Ategua con todas sus fuerzas resultaba una empresa difícil, sino imposible. El pompeyano se debatía entre dividir a su ejército o no, mientras que Labieno le presionaba para evitar enfrentarse a César en campo abierto. Al final decidieron introducir en la ciudad algunos efectivos junto a uno de sus hombres de mayor confianza que se encargara de ponerse al frente de la defensa de la plaza.

La persona en cuestión fue Lucio Munacio Flaco, uno de sus más leales seguidores. Este ciudadano romano, original de Itálica, tres años atrás y de forma activa, había participado en la conjura e intento de asesinato del que fuera legado de César en la Ulterior, Quinto Casio Longino. Se cuenta de él que logró matar a uno de los lictores y herir al propio gobernador cesariano. Al igual que otros conjurados, logró salvar la vida mediante un importante rescate económico.

Aún de noche, Munatio Flaco se dirigió sólo hacia unos centinelas y fingiendo hacer la ronda por orden de César, les pidió el santo y seña. Recibida la contraseña, pues los soldados no lo reconocieron ni sospecharon nada, se apartó de ellos para dirigirse a otro punto de la empalizada. El encontrarse con otra guardia, les dio el santo y seña y les hizo creer que andaba tratando un asunto relacionado con la rendición de la ciudad por imperativo del general. Sin que le pusieran traba alguna, e incluso acompañándolo, logró penetrar en la plaza.

CANTERA DE LA RAJA DE TEBA - ATEGUA

Canteras romanas de la Raja de Teba. En las inmediaciones del yacimiento de Ategua. Santa Cruz, Córdoba.

Mientras tanto, el resto del ejército pompeyano se mantenía en la distancia a la espera de su oportunidad, contemplando impotente cómo Julio César ponía cerco a su principal depósito de suministros en la Campiña.

Notas sobre el Capítulo VI

Dos eran las vías que, partiendo desde Corduba, llegaban hasta la fortaleza de Ategua situada en la Campiña Cordobesa: la primera de ellas era la vía CordubaMalaca que, al llegar a las proximidades de Ulia, enlazaba al Este con la vía Obulco – Astigi para, a continuación y en el cruce con Ucubi, ascender hacia el Norte por la vía Ategua – Monturque (posible Spalis). La segunda, y más directa, era la vía Corduba – Iliberri, que atravesando varios arroyos, llegaba hasta Ategua y continuaba hacia Castro del Río, Ipsca e Iponoba, más al norte Ituci, siempre dirección a Iliberri.

Sobre el personaje de Lucio Munacio Flaco comentar que el autor del Bellum Hispaniense no lo cita hasta el capítulo 19. Es otro autor llamado Dion Casio, en su obra Historia Romana, quien nos informa sobre la presencia de este ciudadano romano italicense momentos posteriores al combate en el castella de vigilancia y nos describe cómo se filtra en el cerco que está llevando a cabo César para encargarse de la defensa de la ciudad de Ategua. (XLIII, 33,4)

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