Acilia Plecusa

Esclava, liberta y matrona. Nacida en el municipio Flavio de Singilia Barba durante el siglo II d.C, bajo este nombre encontraremos un ejemplo excepcional de ascenso meteórico en la sociedad hispanorromana. Pero no solo a nivel municipal o provincial como cabría suponer, puede que, incluso, a nivel imperial. Su historia nos enseña cómo una simple esclava puede llegar a convertirse en una de las personas más importantes e influyentes de la Hispania romana de ese periodo.

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Los nombres propios

En los primeros años del siglo I d.C., Corduba se caracterizó por ser el foco de atención y punto de atracción de las élites repartidas por el amplio territorio de la Baetica. Muchos fueron los aristócratas con intereses en la localidad que marcharon a la capital provincial para la consecución de promociones personales, bien orientadas a sus ciudades de origen, o bien pensadas para la propia capital.

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Dea Caelestis

Santuario íbero-romano de Torreparedones. Baena, Córdoba

Daleninar se despertó antes de romper el alba; entre los picos montañosos del horizonte aún no asomaban los primeros rayos de luz. Su esposo dormía plácidamente sobre el jergón de paja seca acomodado en la estancia y las dos pequeñas parecían inmersas en sus dulces sueños infantiles.

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Lacipo

Casares, Málaga

En anteriores publicaciones explicábamos como el viejo oppidum prefundacional a Baelo Claudia (pulsa aquí para visitar el yacimiento Silla del Papa), situado sólo a cinco kilómetros de esta ciudad hispanorromana, ejercía las funciones de control sobre aquellos antiguos caminos que atravesaban su territorio y comunicaban la costa del Mediterráneo con los asentamientos del interior.

En realidad, fueron muchos los recintos fortificados gobernados por reyezuelos que se erigieron para controlar estos viejos pasos; rutas que se utilizarán en la antigüedad con fines comerciales y transporte de minerales. Tras la colonización romana, todos estos emplazamientos acabarán entrando en la órbita de la nueva cultura y la ciudad de Lacipo será uno de ellos.

MURALLA DE LACIPO

Muralla Sur de finales del siglo I. Yacimiento Arqueológico de Lacipo. Casares, Málaga.

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Caviclum, villae a mare

Yacimiento Arqueológico Faro de Torrox, Málaga

Desde el horizonte se divisa un inmenso promontorio extendido mar adentro, como si de una gran lengua rocosa se tratara. Un espacio donde la mano del hombre ha logrado arrebatar una pequeña porción de su reino al propio Neptuno y el señor de las aguas, en lugar de cargar su ira contra ellos, los obsequia con cuantiosos frutos. Allí, en tierra firme, se alza Caviclum presidida por una majestuosa villae maritimae.

CALA FARO DE TORROX

Cala del Faro de Torrox y al fondo el litoral malagueño. Torrox Costa.

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Fuente Álamo: El balneum

Como ya comentábamos en su artículo anterior, en un pequeño bosque situado a las afueras del núcleo poblacional, a intermediación entre los oppidum de Ipagrum (actual Aguilar de la Frontera) y Ostippo (Estepa. Para leer el artículo relacionado con el asentamiento turdetano de Astapa, pulsa aquí), los veteranos de las legiones recién licenciadas levantaron un balneario público con ayuda de las comunidades indígenas. Un balneum dedicado al ocio y culto a las aguas donde los nuevos colonos, así como los comerciantes y viajeros que empezaron a transitar por estas tierras, pudieron disfrutar del placer que les brindaban estos baños mientras descansaban, comían, practicaban deporte o formalizaban acuerdos mercantiles.

Aprovechando la calidad de las aguas que corrían por un inmenso arroyo, sin olvidar las excelentes estructuras que los antiguos pobladores ya tenían levantadas a modo de tapiales, se construyó el balneum o balneario de Fuente Álamo.

2-1 - TERMAS DE INVIERNO TEPIDARIUM Y CALDARIUM

Termas de invierno. Tepidarium y Caldarium. Villa Romana de Fuente Álamo. Puente Genil, Córdoba.

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La leyenda de Marcus Licinius Crassus

Sala Marco Craso en Cueva del Tesoro. Rincón de la Victoria, Málaga

Un historiador local de finales del siglo XVIII, don Cristóbal Medina Conde, recoge de otro autor anterior (siglo XVII, Fray Antonio Agustín de Milla y Suazo) que el refugio utilizado por Marco Craso en el año 86 a.C. con el objeto de esconderse de sus perseguidores Mario y Cinna durante ocho meses, según la obra de Plutarco, fue la Cueva del Higuerón, es decir, la actual Cueva del Tesoro y que, tras su descubrimiento, una de sus salas quedó bautizada con el nombre Sala de Marco Craso. Este historiador hace referencia a dos aspectos importantes que relacionarían este lugar con los hechos narrados por el historiador griego:

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