Ipsca

Cortijo de Izcar. Baena, Córdoba

Todo lo acontecido en la ciudad íbera de Iponuba no será para nada excluyente en el resto de comunidades asentadas en el valle, menos aún con aquellas que seguían compartiendo el sustrato tartesio ipo- (ciudad) cuando se colonializan las vías comerciales con el objetivo de conectar la ciudad principal con aquellas otras establecidas más allá de las montañas del norte.

En resumen, los inicios de la ciudad de Ipsca se remontarán al Bronce final y adquirirá un notable auge en época íbera, aunque su mayor apogeo se producirá cuando se lleve a cabo la romanización en toda esta parte de la campiña bañada por el Salsum Flumen.

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Iponuba

Cerro del Minguillar. Baena, Córdoba

Mediados del siglo II d.C., un liberto llamado Cornelio Saturnino, antiguo y fiel esclavo de la familia Cornelia, inquieto supervisa la instalación de un dintel en las proximidades de la plaza pública de Iponoba. Orgulloso contempla como en la epigrafía se hace mención a su reciente ascenso augustal. Sabe que con la importante donación satisfecha y su recién nombramiento a la magistratura de la ciudad, sus hijos y nietos tendrán el camino despejado para ocupar, en el futuro, un cargo en el Corsus Honorum Municipal. Por este motivo quiere asegurarse que la piedra con su dedicatoria quede bien visible y, a poder ser, perfectamente legible para el resto de ciudadanos.

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Las carencias de Cneo

B.H. Capítulo VII

En el transcurso de la noche, una vez producidos los primeros enfrentamientos, Cneo Pompeyo ordenó abandonar sus posiciones e incendiar el campamento que hasta esos momentos había ocupado. Así lo dictaba el decálogo de estrategia militar para estos casos: procurar que las construcciones o materiales empleados no fueran reaprovechados por el enemigo y, en segunda instancia, utilizar el humo generado como elemento de protección que garantizara una retirada segura de tropas.

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Dea Caelestis

Santuario íbero-romano de Torreparedones. Baena, Córdoba

Daleninar se despertó antes de romper el alba; entre los picos montañosos del horizonte aún no asomaban los primeros rayos de luz. Su esposo dormía plácidamente sobre el jergón de paja seca acomodado en la estancia y las dos pequeñas parecían inmersas en sus dulces sueños infantiles.

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La llegada a Ategua

B.H. Capítulo VI

Julio César había fracasado. Sus dos objetivos principales para acabar con las contiendas civiles antes de arreciar el crudo invierno, y por el que se había visto obligado a trasladarse hasta la provincia de la Ulterior hispana,  se le habían esfumado de las manos. Corduba resistía y Cneo Pompeyo evitaba enfrentarse a él en encuentro directo a campo abierto. Era muy consciente que con la decisión que acababa de tomar, aunque inevitable, acabaría reforzando el ánimo de sus enemigos.

El general ordenó abandonar el cerco del bastión pompeyano para buscar un nuevo escenario que le fuera más favorable a sus intereses. Además, resultaba prioritario dar solución al aprovisionamiento de sus legiones si quería ganar esta guerra.

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Zona residencial junto a la puerta monumental

CIUDADANOS

Retrato (funerarios) de ciudadanos. Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Fue cruzar la puerta monumental del flumen Anae y desbordarme el enorme bullicio que la propia Augusta Emerita generaba en su interior. El gran alboroto de sus calles provocó el despertar de mi tranquilidad y letargo del que venía disfrutando a lo largo de todo el viaje.

Ciudadanos, libertos, esclavos, viajeros, comerciantes y demás gentes de a pie transitaban las viae de la urbe a través de sus amplias aceras porticadas. Los que iban sobre monturas y carruajes, utilizaban cómodamente el ancho de las calzadas. Igualmente ocurría con aquellos que se desplazaban recostados en literas portadas por sus esclavos. La gente iba y venía de un lado a otro, cruzaban las insulae y recorrían las calles en distintas direcciones. Sin lugar a dudas me encontraba en uno de los puntos principales y de mayor concurrencia de la colonia: el inicio del decumanus maximus.

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La puerta del puente

A30A01 - PUERTA DEL PUENTE - MERIDA

Restos de la puerta monumental en la Alcazaba de Mérida y a la que se accedía a la antigua ciudad romana tras cruzar el puente. Mérida

Son cuatro las puertas principales con las que cuenta la ciudad de Augusta Emerita, situadas cada una de ellas en los extremos de sus dos arterias principales: decumanus y cardus maximus. En concreto, esta puerta se encuentra ubicada justo al final de la travesía del puente, sobre una gran explanada, dando inicio a la vía del decumanus maximus (calzada que recorre la ciudad de Oeste a Este atravesando la zona pública de la colonia). La puerta del puente es, sin lugar a dudas, el área de acceso a la urbe donde se concentra un mayor tránsito de personas y vehículos cargados con mercancías, debido a su privilegiada ubicación próxima a los cruces viarios de algunas de las calzadas comerciales más importantes del territorio hispano.

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