Cohors I Celtiberorum

Campamento romano de Ciadella. Sobrado dos Monxes, A Coruña

A lo largo de los dos primeros siglos del Imperio contingentes de soldados galos, germanos e hispanos fueron reclutados para suplir las bajas que, dentro de las filas romanas, se iban generando. Bien como unidades de apoyo a las legiones, bien operando de forma autónoma, estos cuerpos de auxiliares actuaron en territorios cuyas fronteras parecían cada vez más inabarcables.

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La caída de Sagunto

La caída de Sagunto. Capítulo X

Las calles permanecen desiertas, los hogares vacíos y los puestos de guardia desatendidos. Nadie vigila en las murallas porque todos, de viva voz, quieren escuchar las necesitadas condiciones de paz que trae el mercader de manos del general cartaginés. Todos se arremolinan alrededor de la vivienda donde se está celebrando la asamblea pública, puede que sea esta la última. Allí se encuentra congregada lo que queda de la población de Arse. Todos excepto yo que, sentado en un banco, continúo afilando mi falcata pausadamente. Tal vez porque ya no espero nada de nadie y presienta que muy pronto volveré a utilizarla, aunque sea por última vez. Va siendo hora de ir concluyendo esta triste y amarga historia. En estos momentos sólo deseo que tanto sufrimiento vivido no caiga en el olvido y sirva para algo en generaciones venideras.

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Intentos de negociación

La caída de Sagunto. Capítulo IX

Afortunadamente pudimos renovar algo nuestras fuerzas, tomar cierto respiro para estos maltrechos cuerpos. En los últimos instantes de la batalla, los muros consiguieron contener las embestidas en oleadas y casi imparables de los cartagineses. Coincidió también que durante algunos días los ánimos de muchos de nosotros se recuperaron al conocer la noticia de la partida de Aníbal, habiendo dejado a cargo del cerco a su comandante númida sólo con parte de los efectivos.

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Contrebia Belaisca

Cabezo de las Minas. Botorrita, Zaragoza

Hasta entonces sólo habían combatido como fuerzas mercenarias fuera de su territorio. Indistintamente, tanto en el bando cartaginés como en el romano, allí donde se había requerido la presencia de sus armas, caballos y valor, cosecharon grandes riquezas y enorme prestigio; eran pueblos que vivían por y para la guerra.

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Yo soñé con Viriato

Yacimiento Arqueológico Laderas de Morana. Lucena, Córdoba

ESTATUA DE VIRIATO

Estatua de Viriato en Zamora.

En dos ocasiones salí a su encuentro y por dos veces regresé con las manos vacías. Sabía que estaba allí, escondido entre rocas y agreste vegetación, pero no lograba dar con él. Confieso que durante un tiempo llegué a sentirme como el mismo Serviliano en su incansable persecución sobre el insurrecto Viriato por tierras hispanas, pues nunca lograba alcanzar mi objetivo. Aún peor, se había convertido en una verdadera obsesión; una idea que, por mucho que intentara, no podía quitármela de la cabeza.

Esta es la historia de esta persecución y de unos restos arqueológicos que los historiadores del lugar han querido identificar con la antigua Erisana, oppidum nombrado por Apiano en su obra Historia Romana: Sobre Iberia.

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