Cerro de las Cabezas

Valdepeñas, Ciudad Real

Os quiero revelar un secreto. Cada vez que tomaba la A4 dirección norte y veía pasar su salida, una enorme curiosidad embriagadora invadía mis sentidos hasta el punto de retener en la cabeza el mismo mensaje repetitivo: “Tengo que ir, he de organizarme para ir a visitarlo en la siguiente”. Una y otra vez la misma cantinela; una y otra vez la misma obsesión en el mismo trayecto, pero nunca lo acababa marcando como nuevo destino. Hasta que un día por fin me decidí y una mañana de sábado me planté ante las puertas del yacimiento. Lo que no podía imaginar era como al acabar la visita, satisfecho ese deseo primitivo, nuevas inquietudes volverían a ocupar la mente hasta el día de hoy: dos cuerpos y una ciudad abandonada.

Os puedo garantizar que este yacimiento no defrauda. Diría más, no deja indiferente a nadie que le complazca visitarlo tanto por la apuesta y contenido de su Centro de Interpretación, como por los 4.000 metros cuadrados de espacio visitable de las 14 ha. que constituyen la superficie total de terreno. Atravesar sus puertas y sumergirse en el mundo íbero, con toda esa información recabada en el antiguo oppidum a lo largo de los años, está al alcance de cualquiera. Sus recreaciones, dignas de contemplar, son un verdadero manifiesto con el que demostrar la historia antigua de Valdepañas a todo aquel que se precie. Porque los restos que hoy se muestran en Cerro de las Cabezas apuntan, sin lugar a dudas, a que corresponderían a una auténtica ciudad de primer orden en la región íbera de la Oretania.

CASA DEL ALFARERO

Recreación la Casa del Alfarero en Centro de Interpretación del yacimiento Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real.

Pero no nos salgamos del guion, mejor comencemos por el principio. Este gran oppidum tuvo una importante disposición estratégica, dominando los pasos hacia las actuales zonas de Levante, Andalucía y la Meseta. Se trató de un poblado que, desde los inicios del Bronce Final fue evolucionando hasta convertirse en un destacado asentamiento urbano durante el periodo ibérico, siendo sus siglos de mayor auge el IV y III a.C.

El entorno natural ofreció, desde los primeros momentos, enormes posibilidades para las actividades agrícolas y ganaderas, lo que favoreció la subsistencia de su población. Siendo los alrededores de esta ciudad oretana abiertos al valle, a modo de amplia dehesa, el cultivo de cebada y trigo constituyeron uno de sus pilares fundamentales; tanto en sus inmediaciones, como en las granjas dependientes habilitadas en el entorno, los carros repletos de cereal descargaban los excedentes en los imponentes graneros ubicados próximos a las puertas, en el interior de las murallas.

INTERIOR CASA ALFARERO

Recreación del interior de la Casa del Alfarero en Centro de Interpretación del yacimiento Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real.

Además, existieron viñas y una pequeña explotación dedicada al cultivo de regadío junto a las aguas del río Jabalón donde quedó asentada la ciudad. Por otro lado, se han descubierto restos de esparto y mimbre en las inmediaciones del yacimiento, con los que, se piensa, los habitantes pudieron elaborar elementos de uso cotidiano.

Por su parte, ovejas, cabras, bóvidos y cerdos fueron las especies comunes de ámbito ganadero y pastoril, animales de los cuales se obtenían productos como la carne, la leche, piel y lana (estos dos últimos indispensables para las importantes actividades textiles y el curtido de la piel desarrolladas en la ciudad). Añadir que, de los pequeños bosques cercanos al oppida, aparte de utilizar su madera como leña y material constructivo, su fauna sirvió de perfecto complemento alimenticio. Ciervos, jabalíes, corzos, etc., eran las presas por excelencia para una élite amante de las actividades cinegéticas y de este tipo de caza.

Hasta ahora no hemos descrito nada nuevo que haga de Cerro de las Cabezas, como ciudad fuertemente fortificada, un núcleo de poblamiento distinto al resto de asentamientos íberos del periodo. ¿Entonces, qué pudo hacerla destacable? En primer lugar, las características de su arcilla ayudará al desarrollo económico de la comunidad. El oppidum fue un verdadero centro productor y distribuidor de una amplia gama de productos cerámicos en el periodo de mayor desarrollo de la ciudad (siglos IV-III a.C.) Aprovechando la magnífica ubicación que antes mencionábamos, sus cerámicas llegarán a otras ciudades oretanas como Sisapo y Lacurris (actual Alarcos) a través de las diferentes vías de comunicación.

INTERIOR CASA DEL ALFARERO

Recreación del almacén de la Casa del Alfarero en Centro de Interpretación del yacimiento Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real.

Porque el comercio, a través de estos pasos naturales, fue el verdadero impulsor de una aristocracia que rápidamente desplegará su gran poder. Desde su inmejorable ubicación, el pueblo íbero de Cerro de las Cabezas dominó un vasto territorio de la llanura manchega y las primeras estribaciones de Sierra Morena. A través de dicho control pudo comercializar sus productos con el resto de pueblos de la región (Sisapo, Oretum que pudo ser la posible capital de la Oretania Septentrional, Laminium, Mentesa, Lacurris, etc.).

Pero, sobre todo, dada su localización a pocos kilómetros de Sierra Morena, se definió como punto clave para el dominio de las comunicaciones y el comercio con las regiones mineras establecidas a ambos lados de Sierra Morena (y tan codiciadas por cartagineses y romanos en un futuro no muy lejano). Va a ser este oppidum, o mejor su élite, quien controle directamente el corredor natural por Despeñaperros, el dominio de las comunicaciones norte-sur y las relaciones comerciales con el importante foco minero de Castulo en la Oretania Meridional y sus ciudades dependientes (como pudo ser Puente Tablas). En este sentido, será el Santuario de Collado de los Jardines el lugar de paso y encuentro entre las distintas comunidades indígenas que dará como resultado la salida de mineral oretano hacia el resto de los pueblos del interior de la Meseta.

DESPEÑAPERROS

Mirador en la cima de Cerro del Castillo, en las proximidades del Santuario Collado de los Jardines, controlando el paso hacia la Meseta interior. Se cree que los restos rupestres que aquí se conservan pudieran corresponder a un asentamiento ibérico primitivo. Parque Natural de Despeñaperros. Santa Elena, Jaén.

¿Cómo se produce esta transformación?, ¿cuáles fueron sus causas? Con la llegada de las influencias mediterráneas y el aumento consiguiente de la población, el asentamiento primitivo del Bronce Final (siglos VII-VI a.C.), ubicado hasta entonces en las zonas llanas y cercanas al río, se trasladará a la parte más alta del cerro. Entendemos que se hacía necesaria una mejor defensa natural y un mayor control sobre los espacios abiertos. Por tanto, es en esta zona donde se levantarán las primeras viviendas del poblado, de planta ovalada, y en el que, en un futuro, se construya la acrópolis para la élite emergente. Mientras, el resto de la población fue ocupando, conforme se va desarrollando la cultura íbera, las laderas aterrazadas desde las cotas más altas hacia las más bajas. Indicar que a finales del siglo VI a.C., la parte superior del cerro quedará rodeada por un primer recinto amurallado.

A partir del mismo siglo VI a.C., en la Edad del Hierro, se inicia la búsqueda de los metales, así como la ampliación de su territorio para el aprovechamiento agrícola. Pequeños asentamientos orientados a dicha actividad (las denominadas granjas) caerán bajo la influencia de una ciudad principal que, poco a poco, va creciendo con una aristocracia cada vez más consolidada y que controla la tierra y los excedentes derivados de los cultivos, la ganadería y el comercio (siglos V-IV a.C.) Por este mismo motivo, se hace indispensable crear una red de control sobre el comercio y el transporte de mercancías a lo largo de las distintas vías de comunicación. Son las torres de vigilancia las encargadas de ejercer tal función.

CALLE Y BASTION

Recreación de calle del poblado, al fondo bastión, en Centro de Interpretación del yacimiento Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real.

A lo largo del siglo V a.C. es cuando el sistema defensivo de la ciudad se vio ampliado hasta rodear completamente al asentamiento humano. Se refuerzan las murallas con la construcción de torres, dispuestas a intervalos regulares, y se adapta el trazado murario a la orografía del terreno hasta alcanzar su máxima extensión en el siglo IV a.C., perviviendo dicha obra en gran parte del siglo III a.C. El oppidum quedó, entonces, dividido en dos zonas claramente definidas gracias a la erección de una muralla intermedia que separaba la acrópolis del resto de la ciudad. Contando esta parte superior con una inclinación mucho más pronunciada, los lienzos que se levantaron en la parte alta del cerro fueron de un menor calado y consistencia que las construidas en las laderas más bajas y cercanas al río, lugar donde se trabajó más intensamente en su refuerzo. ¿Por qué esta obsesión en las defensas? ¿Monumentalidad aristocrática y ostentación de poder? O por el contrario, ¿necesidades de defensa efectiva ante posibles ataques?

Es entonces cuando el poblado íbero, que recorreremos a la largo de nuestra visita, se articule en torno a unas calles principales dando lugar a la aparición de barrios. Contemplaremos viviendas que fueron construidas con zócalos de mampostería y alzadas en adobe, posteriormente enlucidas y encaladas con color rojizo y cubiertas con techumbres de entramado vegetal. Comprobaremos como los suelos de sus habitaciones fueron de tierra apisonada en la mayoría de los casos, aunque en las casas más importantes el mismo se pavimentó con lajas de piedra.

ALMACEN EN BASTION

Recreación de almacén en uno de los bastiones de la ciudad íbera. Centro de Interpretación del yacimiento Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real.

En muchas de estas viviendas veremos hogares en el centro de las estancias, junto a bancos corridos adosados a las paredes. También comprobaremos como estas calles fueron adaptadas al tránsito de carros reforzándose las esquinas de las diferentes estructuras urbanas.

En definitiva, se trató de una organización urbanística planificada y bien estructurada desde los inicios de la ciudad que vendrá determinada, realmente, por sus necesidades. Por ejemplo, los macizos bastiones de la muralla flanqueando las puertas se utilizaron, en su cara interior, como almacenes de dos plantas de altura para los excedentes agrícolas y cerámicos ya comentados. En este sentido, otro detalle de su no improvisación urbanística, fueron aquellos edificios localizados a las proximidades de las puertas y dedicados a la producción cerámica que, al situarse próximos a la entrada a la ciudad, permitieron el intercambio de mercancías sin la necesidad de adentrarse en el interior del recinto urbano.

Otro ejemplo, en la muralla sur se han localizado, principalmente, edificios relacionados con los procesos productivos o de almacenamiento. En cambio, en la muralla que viene a denominarse como Norte predominan los edificios de carácter doméstico. Así, a lo largo de nuestro paseo por las diferentes áreas de la ciudad íbera iremos descubriendo edificios relacionados con la producción metalúrgica o la alfarería; hornos destinados a las tareas comunales, como pudo ser la elaboración de pan; un santuario urbano donde, tal vez, la élite demostrara su poder al resto de la población con el control sobre la naturaleza a partir de la lectura de los astros solares; etc.

Murallas del siglo V a.C. Yacimiento arqueológico Cerro de las Cabezas. Valdepeñas, Ciudad Real.

Esto es, en resumen, lo que contemplaremos en nuestra visita al Conjunto Arqueológico de Cerro de las Cabezas que, como indicaba al inicio del artículo, no defraudará a nadie: una ciudad perfectamente planificada, fuertemente defendida y que se ha mantenido inalterable desde el momento de su abandono. Sí, sí. He dicho abandono, no destruida ni arrasada.

Continua: Dos cuerpos y una ciudad abandonada >>

Este artículo está dedicado a mi amigo y gran bloguero Juan Manuel Palomino Ramírez (Blog El Historicón), amante de la Historia, valdepeñero de pura cepa, quien se preocupó que escribiera sobre el precioso yacimiento que se encuentra en su localidad. También mis agradecimientos, como no podía ser menos, a la pequeña Laura, gran culpable de que a su papá le salgan esas publicaciones tan fantásticas. Un saludo a los dos si tenéis la oportunidad de leer estas líneas.

Bibliografía:

  • Cerro de las Cabezas (Valdepeñas). Libro-Guía del Conjunto Arqueológico (Grupo de Investigación del Cerro de las Cabezas GICC)
  • Cartelería del yacimiento.
  • El Cerro de las Cabezas (Valdepeñas, Ciudad Real). Una ciudad ibérica para un Parque Arqueológico (Julián Vélez Rivas, J. Javier Pérez Avilés)
  • El yacimiento protohistórico del Cerro de las Cabezas (Julián Vélez Rivas, J. Javier Pérez Avilés)
  • Arqueología del culto ibérica en la Oretania Septentrional (Luis Benítez de Lugo Enrich)
  • Orientaciones astronómicas en el oppidum oretano del Cerro de las Cabezas (Valdepeñas, Ciudad Real) (César Esteban, Luis Benítez de Lugo Enrich)
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