Tras las huellas fenicias de Malaka

Por mucho que remonte la memoria a un pasado ya lejano, sólo logro recordar aquellos accesos hacia las playas de muchos pueblos costeros de mi provincia. Calles estrechas, pavimentadas con guijarros y conchas de mar que hacían las delicias de mi niñez en las idas y venidas hasta sus aguas. El olor a marisma y a su brisa fresca es el único recuerdo que consigo rescatar cuando cierro los ojos y, frente al horizonte, pienso en la colonia fenicia de Malaka. Tal vez sólo esté sintiendo nostalgia de un pasado no vivido, aunque estoy seguro que lo he soñado.

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La Illeta dels Banyets

El Campello, Alicante

Resulta innegable que se trata de un pequeño espacio donde se ha confirmado la existencia de distintas civilizaciones a lo largo de más de cinco mil años. Pero, lo más llamativo de todo, es que estamos ante una de las puertas utilizadas por las diferentes culturas mediterráneas que acabaron influenciando en la vida y costumbre de aquellos que poblaban la antigua Iberia.

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Santa Eulalia de Bóveda

Bóveda de Mera, Lugo

A tan sólo veinte millas al oeste de Lucus Augusti, muy próximo de la vía romana que unía la antigua ciudad con el campamento militar de la unidad auxiliar Cohors I Celtiberorum del ejército imperial, se levantará un edificio que, a día de hoy, continúa generando gran controversia relacionada con su datación, por no mencionar la funcionalidad del mismo y la decoración empleada en el interior. Nos estamos refiriendo a Santa Eulalia de Bóveda.

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Los baños romanos de Fortuna

Fortuna, Murcia

A los pies de lo que hoy se conoce como la Sierra del Baño, inmersos en pleno proceso de romanización durante el siglo I d.C., se monumentalizará un nacimiento natural de aguas siguiendo los cánones de tipo oriental-helenístico. Sería este un balneario que, desde antaño y motivado por sus propiedades especiales, siempre fue aprovechado por la población nativa del lugar.

Desde el punto de vista edilicio, podríamos estar hablando de un balneario romano como tantos otros que se erigieron en pleno periodo de la colonización romana; desde la perspectiva salutífera de sus aguas, podría tratarse de otras termas naturales del sureste peninsular – caso de Alhama o Mazarrón, por poner varios ejemplos -, ricas en propiedades curativas. Pero la cuestión que realmente tendríamos que plantearnos sería la siguiente: si en el término municipal de la actual Fortuna no se ha detectado presencia alguna de poblamiento romano que obligara a embellecer y sacralizar este nacimiento de aguas curativas, ¿qué pudo empujar a ello teniendo en cuenta que las ciudades más cercanas se encontraban a medio centenar de millas de distancia?

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La colonia fenicia de Baria

Necrópolis de Villaricos. Cuevas de Almanzora, Almería

Estrecharon relaciones con la población costera asentada en el territorio desde la Edad del Cobre e iniciaron contacto con aquellas otras alejadas hacia el interior peninsular. Sobre la segunda mitad del siglo VII a.C. se fundará la colonia fenicia de Baria; una ciudad que, con el paso de los siglos, pasó a transformarse en uno de los principales puertos mediterráneos dentro del circuito comercial.

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Una larga espera

La caída de Sagunto. Capítulo IV

De forma tranquila y apacible transcurrió el final de temporada en Sagunto. Las naves apenas fondeaban en su portus desde que se declarara el cierre de las aguas. Sólo alguna que otra embarcación, de carácter menor y procedentes del área de influencia púnica, se atrevía a arribar en nuestras costas. Estos navíos, utilizados para cabotaje, arriesgaban la mercancía que fletaban al navegar por el océano encrespado, pero siempre lo hacían cargados de armas y defensas. La guerra parecía próxima e inminente y, desgraciadamente, resultaba todo un suculento negocio muy a tener en cuenta.

CEPO ANCLA

Cepo de ancla con inscripción. Siglo I d.C. Grau Vell. Hallazgo subacuático. Museo Arqueológico de Sagunto.

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Iponuba

Cerro del Minguillar. Baena, Córdoba

Mediados del siglo II d.C., un liberto llamado Cornelio Saturnino, antiguo y fiel esclavo de la familia Cornelia, inquieto supervisa la instalación de un dintel en las proximidades de la plaza pública de Iponoba. Orgulloso contempla como en la epigrafía se hace mención a su reciente ascenso augustal. Sabe que con la importante donación satisfecha y su recién nombramiento a la magistratura de la ciudad, sus hijos y nietos tendrán el camino despejado para ocupar, en el futuro, un cargo en el Corsus Honorum Municipal. Por este motivo quiere asegurarse que la piedra con su dedicatoria quede bien visible y, a poder ser, perfectamente legible para el resto de ciudadanos.

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