Puente sobre el flumen Anae

Al fondo podía distinguir las enormes puertas levantadas en la explanada, una construcción flanqueada por dos inmensas torres que se adosan al lienzo de la muralla. Su posición es inmejorable como puesto de control sobre el flujo continuado de personas y carruajes que por este entorno pasan.

Esa mañana las aguas se habían despertado tranquilas. A través del curso medio del río, que viene a ser conocido como “de los patos”, la corriente discurría de forma apacible. Era tal el sosiego en esos instantes que, desde la altura brindada por el puente, perfectamente se apreciaba a la gente pescar en la orilla, niños jugar por las inmediaciones e, incluso, viajeros cruzarlo a pie por su vado natural.

PUENTE ROMANO SOBRE EL RIO GUADIANA

Puente Romano sobre el río Guadiana. Mérida.

Normalmente, cuando los astros son favorables y los dioses se muestran clementes, algo que suele suceder en la mayor parte del año, el lecho principal del río se mantiene poco profundo y el Anas puede vadearse a pie con facilidad. Son en estas ocasiones cuando el resto de los ramales permanecen secos, manteniéndose su paso natural visiblemente marcado por un amplio camino pedregoso, propio de cualquier vía fluvial.

DINTEL DE LOS RIOS CON REPRESENTACION DEL ANAS

Dintel de los ríos con representación del Anas. Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Aunque, según cuentan, cuando se producen las grandes crecidas, las convulsas aguas del flumen Anae yerguen de forma tan salvaje por su amplio y ancho cauce que acaban comportándose como bestias sin domar. Gracias a los dioses, esa mañana no era uno de ellos y la propia ribera, con su vegetación y arboleda, regalaba esa sensación de placidez infinita; una tranquilidad que contrastaba con el bullicio que se generaba al otro lado de las murallas.

El ajetreo que se percibía era incesante: militares, ciudadanos, libertos, esclavos, mercaderes, comerciantes, buhoneros y un sin fin de gentes entraban y salían por su monumental puerta. Muchos transitaban por el mismo trayecto que yo había elegido para llevar mi carruaje; otros, en cambio, optaban por el paso natural. El resto de la población que en esos momentos accedía o abandonaba la ciudad, tal y como desde el puente podía apreciar, lo hacían sobre el espacio de terreno ganado al río cuando se construyó el dique y cuyo camino circunda el exterior de las defensas.

03 - VISTA DEL PUENTE EN RIBERA

Vista del puente desde la ribera. Mérida.

Por lo poco que he sabido en todo este tiempo, se decidió levantar el puente como respuesta a las fuertes lluvias acaecidas en los periodos invernales; temporadas en las que el nivel de las aguas aumenta hasta el punto que llega a provocar grandes riadas y graves inundaciones. Consecuentemente, esta situación deriva en el aislamiento y completa incomunicación de Augusta Emerita.

A diferencia de lo que se pudiera pensar, la construcción de este colosal paso no vino precedida por ninguna decisión prioritaria cuando la fundación de la ciudad. En ese tiempo parece ser que existieron otras urgencias que se antepusieron a su obra: funcionalidad de los edificios públicos, construcción de templos para los correspondientes cultos, trazados viarios, cloacas, etc., lo que hacía de su proyecto una mera cuestión secundaria. Más aún si el vado natural, utilizado desde antes de la colonización, seguía siendo la principal vía comunicadora para conectar una orilla con otra. Supongo que su alto coste también influiría en el retraso de la obra, a sabiendas que Roma siempre buscaba fórmulas para economizar el alto gasto público que suponía financiar la gran cantidad de colonias y municipium que se construían por aquellas fechas en Hispania.

PUENTE ROMANO

Puente Romano sobre el Guadiana. Mérida.

Por otro lado, las obras fueron acometidas en diferentes fases hasta que la estructura quedó finalmente completada. Una demanda hecha realidad sólo cuando los dirigentes de la colonia asumieron que el viejo vado resultaba insuficiente como único acceso a la urbe en cualquier época del año. Concretamente, el problema se originaba durante los periodos invernales en los que se debían salvar las fuertes corrientes del cauce principal del río.

Como primera solución a esta cuestión, los ingenieros decidieron aunar las dos islas del antiguo paso. Para su ejecución no hizo falta levantar la doble empalizada que los expertos denominan taleae et catenae, es decir, una protección empleada para sacar el agua conforme se iba levantando la estructura fluvial. En su lugar, simplemente esperaron a que el Anas llevara poca agua de forma que fueron derivando su escaso caudal conforme se apilaban los sillares y definían las arcadas del primer tramo. De esta manera se inició la obra a partir de un arco central en mitad del río y, una vez quedó completada la primera fase del proyecto, fueron descendiendo la estructura hasta alcanzar ambas orillas extendidas en sendas islas.

ULTIMA ARCADA PUENTE ROMANO CON DIQUE

Última arcada del puente romano con vista a los diques de contención. Mérida.

Así se daría por concluida la primera construcción, aunque pronto comprobarían la necesidad de ampliarlo con un segundo puente que uniera la reciente obra construida y la orilla próxima a la ciudad. Este nuevo tramo daría paso a la gran explanada donde se sitúa la puerta principal. Pero al no coincidir su final con el acceso directo a la ciudad, los ingenieros optaron por descansar la última arcada sobre un muro de sillares que se vieron obligados a improvisar.

Si los dos primeros tramos se levantaron bajo un carácter de urgencia, no ocurriría lo mismo a la hora de completar la totalidad del proyecto. El motivo fue que el Anas lleva muy poca agua en buena parte del año y sólo se daban los problemas en épocas invernales y de fuertes lluvias. Viendo la necesidad acuciante de enlazar la primera obra con la orilla del margen izquierdo, se decidió por finalizar su construcción. De esta forma se conseguía salvar el amplio cauce de la vía fluvial, aunque siguiera utilizándose el paso natural en periodos estivales. Con el paso del tiempo dicho vado fue cayendo en desuso hasta convertirse en una simple zona de recreo.

Pero si son ciertas las historias que cuentan sobre flumen Anae, todo cambia en invierno cuando las aguas se comportan como un verdadero ejército devastador. Su efecto es el resultado de una fuerza emanada por la ira de los mismos dioses, sin posibilidad alguna de contención y donde las inundaciones que sufre la ciudad son siempre demoledoras. Cuando la crecida del agua lame la muralla de la ciudad, las súplicas y promesas a los lares y manes resultan insuficientes. Se había garantizado la comunicación entre ambas orillas la mayor parte del año, pero las grandes crecidas y los desbordamientos seguían siendo el verdadero quebradero de cabeza para los ciudadanos de Augusta Emerita.

REPRESENTACION DE ANAS

Representación del Anas (Río Guadiana) Escultura de mármol con inscripción que menciona a GAIUS ACCIUS HEDYCHRUS como suma sacerdota de los cultos orientales. Mitreo. Museo Siglo II d.C. Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Sería en los años del emperador Claudio, o puede que quizás bajo el mandato de su sucesor Nerón, cuando finalizada la construcción del tercer puente se abordara la posibilidad de mejorar el aspecto y su capacidad de resistencia. Prueba de ello fueron los aliviaderos insertados a lo largo del trazado. Pero, sobre todo, se buscó dar una respuesta definitiva al problema de las grandes riadas que llegaron a poner en peligro la obra recién levantada.

VISTA DE ARCADAS Y ALIVIADEROS DEL PUENTE ROMANO

Vista de arcadas y aliviaderos en puente romano de Mérida.

La primera solución planteada fue la de construir una gran mole en el cauce central del río que hiciera las funciones de distribuidor artificial de las aguas. Esta nueva plataforma quedaría situada a pocos pies de distancia de donde se emplazaba el puente. Los ingenieros estaban convencidos que el cauce del río era lo suficientemente ancho como para permitir edificar esta gran estructura y distribuir más equitativamente su caudal. Pero lo que no imaginaron, o no supieron tener en cuenta, fue que la nueva obra les iba a ejercer de presa ocasionando graves daños a la estructura ya consolidada.

DIQUE DE CONTENCION

Dique de contención en orilla derecha del río Guadiana. Mérida

Este primer intento constituyó un verdadero fracaso. La fuerza del agua, al romper sobre la gran mole, golpeaba con tal virulencia en las zonas más débiles del puente que el riesgo de erosión aumentó considerablemente y con ello, nuevamente, las posibilidades de derrumbe. Sin pretenderlo, habían provocado que el agua tuviese menos espacio para correr sobre su curso natural.

Otra solución fue la de ensanchar el lecho del Anas por la parte del tercer tramo, la más desahogada. La idea era que, en épocas de crecidas, el agua pudiera pasar también por este margen. Pero desgraciadamente tal ingenio no dio los resultados esperados.

Por último, se optó por la construcción de un gran dique lo más próximo a la orilla derecha; la intención era proteger a la ciudad de futuros desbordamientos. Se ganó un amplio espacio de terreno que sería aprovechado para trazar un nuevo camino, externo y circundante a la muralla, que recorría de sur a norte toda la parte occidental de la cuidad y facilitaba el acceso a su interior.

DIQUES

Dique de contención en orilla derecha del río Guadiana. Mérida.

Con este nuevo planteamiento se encauzaron las aguas, aunque siguieran expuestos a nuevas inundaciones. No evitaban que las grandes crecidas pudieran anegar la ciudad, pero sí lograban que la fuerza de la corriente no dañase la roca madre sobre la que se asientan los cimientos de la muralla de Augusta Emerita.

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