Se construye un dolmen

Dolmen de Lácara. Mérida

Hacía ya algún tiempo que decidieron abandonar sus antiguos refugios, unas cuevas que se ubicaban bajo el abrigo montañoso. La comunidad se había trasladado a los fértiles valles de este inmejorable paraje. Atrás quedaban las ancestrales cámaras subterráneas junto a las viviendas de pieles y juncos secos improvisadas debido al aumento de sus miembros. Por contra, disfrutarían de los beneficios incomparables que proporcionan unas tierras ricas para el cultivo y cosecha, así como para la cría de animales y el pastoreo.

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La colonia tartésica de Conisturgis

Sobre la fundación de Tartessos nos llega el mito de Habis en el que se nos relata:

Gárgoris, su viejísimo rey, fue el primero en introducir la costumbre de recolectar miel. Como le hubiese nacido un nieto por estupro de su hija, por vergüenza quiso hacer morir al pequeño de varias formas, aunque la Fortuna le protegió de todos los peligros para que lograra el reino. En primer lugar, como hubiese ordenado que fuera abandonado, cuando unos días después envió a buscar el cuerpo del expósito, lo encontró alimentado por la leche de diversos animales salvajes. Después, tras ser llevado a casa, ordenó que fuera arrojado a un paso angosto que solía cruzar el ganado; decisión cruel, pues prefirió que su nieto fuese pisoteado a que sufriera una muerte simple. Como allí tampoco fuera dañado ni le faltara alimento, lo arrojó primeramente a perros hambrientos, por no comer durante muchos días, y después también a jabalíes. Y así, como no sólo no le dañasen que incluso era alimentado por las ubres de algunas fieras, por último ordenó que fuera arrojado al Océano. Entonces, se manifestó claramente un numen divino que le sostuvo sobre las olas y los mares enfurecidos, los cuales entrechocaban como si navegara sobre un navío, y no flotando sobre el mar, hasta ser depositado sano y salvo en la orilla. No mucho tiempo después apareció una cierva que ofreció sus ubres al pequeño. Finalmente, a partir de entonces, el muchacho adquirió del trato de la nodriza una agilidad extraordinaria y durante mucho recorrió montes y bosques entre manadas de ciervo con velocidad no inferior a ellos. Por fin, cazado a lazo, fue entregado al rey como regalo. Entonces reconoció al nieto por la semejanza de rasgos y las señales corporales que de niño le habían marcado a fuego. Admirado desde entonces por tantas desgracias y peligros, fue designado rey sucesor del reino…”. Justino (XLIV, 4)

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Los vigilantes del territorio

Yacimiento Arq. de Hijovejo (Quintana de la Serena, Badajoz)

Primer cuarto del siglo I a.C. Sería en un terreno llano, sobre enormes bloques graníticos sin apenas transformar, donde se levantaría el bastión militar con el que se controlará el paso continuado de tropas romanas y población indígena que por los antiguos caminos naturales de este territorio transitaban.

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