Ercavica, nueva ciudad romana

Castro de Santaver. Cañaveruelas, Cuenca

Coordinado con el pretor de la Ulterior, L. Postumio Albino, lo cierto fue que Tiberio Sempronio Graco buscó repetir la misma estrategia de hostigamiento contra los pueblos celtíberos que su predecesor Quinto Fulvio Flaco. A través de ataques directos desde la Carpetania y el valle del Ebro, llevó a cabo una ofensiva en pinza sobre gran número de oppida y castra a los que logró sojuzgar. Importantes ciudades de esta parte de Hispania, como Munda y Certima, fueron sometidas y de las que, a la postre, obtuvo buena cantidad de botín y rehenes. Tras rendir a la inquebrantable Arce, marchó hacia Ercavika de la que no recibió impedimento para asediar. Después de cinco días de resistencia, y temiendo idéntica suerte que sus pueblos vecinos, la población de la ciudad celtíbera abrirá las puertas al nuevo pretor de la Citerior. Corría el año 179 a.C.

Tito Livio (11, 50, 1)

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Contrebia Belaisca

Cabezo de las Minas. Botorrita, Zaragoza

Hasta entonces sólo habían combatido como fuerzas mercenarias fuera de su territorio. Indistintamente, tanto en el bando cartaginés como en el romano, allí donde se había requerido la presencia de sus armas, caballos y valor, cosecharon grandes riquezas y enorme prestigio; eran pueblos que vivían por y para la guerra.

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Los orígenes de Cartima

Cuando inicié la búsqueda de documentación relacionada con la antigua ciudad de Cartima, y en un intento de recabar toda la información posible, al primer lugar donde decidí acudir fue a las fuentes clásicas. Sólo en la obra de Tito Livio titulada Ab Urbe condita (Capítulo XL, 47, 1-4) se hace referencia a ella en el pasaje que narra la campaña militar de Tiberio Sempronio Graco (año 180 a.C.) durante la primera guerra celtíbera en tierras hispanas (pulsa aquí para conocerlo). Dicho texto recoge la siguiente mención: “… Después de tomar rehenes y poner una guarnición en la ciudad (Munda, a la que atacaría por sorpresa aprovechando la oscuridad de la noche), siguió su marcha asaltando los oppidum y quemando los cultivos, hasta llegar a otra ciudad de excepcional fuerza a la que los celtíberos llamaban Cértima…”.

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