La marcha almohade

El desastre de al-Araq (II)

Luego salió [el califa] el sábado – diez de junio [de 1195] – y mandó pasar revista; cabalgó todo el ejército con pertrechos completos y atavía espléndido y cuando acabaron de montar a caballo y se terminó la organización de jinetes y peones; cabalgó al-Mansur y fue con los secretarios y visires y los parientes e hijos; los revistió en sus puestos, fila por fila y cábila por cábila, y les agradeció su cuidado y preparación con las más hermosas gracias. Se sacaron la barakat – sueldos y donativos – y se movilizaron los contingentes habituales y todos los soldados inscritos.”. (Libro de la increíble historia de los reyes de al-Andalus y Marruecos. Autor: Ibn Idhari)

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Praeludium

El desastre de al-Araq (I)

Después del desastre vino la rapiña y el despojo. A continuación, el olor a muerte de la carne descompuesta. Mientras intento aclarar mis pensamientos y dejar de manifiesto lo aquí acontecido, desde las saeteras veo marchar una partida sarracena de jinetes en cabalgada dirigiéndose, libremente, hacia los campos del Norte. Más cautivos y más cadáveres aguardan, del mismo modo que en las últimas jornadas hemos padecido.

Me embriaga el dolor y la desolación por la pérdida de los hermanos caídos y de todos aquellos buenos cristianos que han corrido la misma suerte. Ninguno de ellos ha recibido digna sepultura, que Dios perdone sus almas. La frontera ha retrocedido y Consuegra se mantiene como única plaza avanzada, aislada y sin apoyos, como ínsula en mitad de un mar de tempestades ahora controlada por las huestes enemigas. ¡Oh Señor misericordioso, danos fuerza para resistir y seguir combatiendo en tu nombre! ¡Qué nuestros brazos no flaqueen al empuñar las armas en el día del juicio final!

01 - CASTILLO DE MUELA

Castillo de la Muela. Consuegra, Toledo.

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La última partida de ajedrez

Alcázar nazarí de Salawbinya (Salobreña, Granada)

Hace unos cuantos años andaba metido de cabeza en la impresionante historia de la conquista de Antakira por don Fernando I de Aragón. En la última visita que realicé a la Alhambra de Granada, llegó a mis manos el título ‘Los Reyes de la Alhambra (Entre la historia y la leyenda)’ del autor Francisco Bueno. Confieso que dicho libro me cautivó, una verdadera preciosidad cuya compra segura corroboraba el etiquetado de su 5ª Edición.

El contenido no era para mí del todo nuevo, puesto que muchos de sus capítulos y pasajes ya los había tratado en las distintas crónicas que hablan sobre los sucesivos reyes nazaríes. Pero sí es cierto que uno de ellos me conquistó sobremanera: aquel que relata la entronización de Yusuf III como decimotercer monarca del reino de Granada.

Al día de hoy desconozco si forma parte de una historia, una leyenda o, simplemente, un cuento; mucho se ha escrito sobre ello. Si fuese esto último, lo cierto es que podría formar parte de uno de los relatos de las mil y una noches, pero con acontecimientos ambientados en las tierras de al-Andalus, allá por el año 1408. Pero, al igual que ocurre con otras tantas historias, este tipo de narración es el que mantiene vivo, a lo largo del tiempo, a un determinado monumento histórico… Aunque, ni si quiera, nos detengamos un instante en recordarla.

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