Deméter

Deméter, hija de Chrono y Rea, para la población griega era su diosa de la siembra, los cereales y las plantas; la divinidad a la que debían honrar en tiempos de cosecha. Todos los años era la inmortal encargada de hacer madurar el dorado trigo en los campos helenos y, cada final de verano, los habitantes, contentos y satisfechos, salían en procesión para agradecerle la fertilidad de sus tierras y abundancia de los frutos.

Deméter vivía sola, alejada de las disputas y rivalidades que se producían en el Monte Olimpo. Lo hacía con su hija Perséfone, la cual se había convertido en una de las más hermosas jóvenes de la región. Su vida transcurría tranquila y apacible.

01 - BUSTO DE DEMETER

Busto de Deméter. Este tipo escultórico es una reminiscencia de las representaciones que empleaban la iconografía de la diosa, la cual era la encargada de proteger los cultivos. La escultura, datada de la primera mitad del siglo II d.C., presenta algunas características bases de un modelo de Praxíteles perteneciente al siglo IV a.C. Palacio Altemps, Roma.

Pero, de pronto, todo esto cambió. Su hija, que había salido una mañana como cualquier otra, entrada la noche aún no había regresado. Lo peor, que no se tenían noticias suyas. La diosa no se lo pensó dos veces y partió en su búsqueda.

Durante nueve días y nueve noches, Deméter, entre lágrimas y sollozos, buscó a su hija desesperadamente por los campos, colinas y valles, pero no hubo rastro de ella. Lo hizo sin descanso, sin comer ni beber, llamándola inútilmente. Era como si la tierra se la hubiese tragado de forma repentina. Presa de la angustia y el dolor, se olvidó por completo de los mortales y de sus cosechas; las plantas y los árboles empezaron a marchitarse y la tierra a volverse estéril. En la cabeza de la diosa sólo había lugar para una cosa: encontrar a su hija por muy lejos que esta estuviera.

Un día, al décimo de la búsqueda, un pastor le informó de un hecho cuanto menos que sorprendente: la mañana en la que Perséfone, su hija, desapareció, él se encontraba cuidando de su rebaño. A lo lejos, en el prado próximo a su hogar, la pudo observar recogiendo flores. Fue cuando la tierra se abrió de pronto y sus animales, que pastaban tranquilamente, fueron engullidos ante sus propios ojos. Luego, con un fuerte ruido de cascos, apareció un carro dorado tirado por caballos negros que tomó a la joven y desapareció por la grieta abierta.

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Deméter, la madre tierra. Escultura correspondiente a una secuencia de imágenes situadas originalmente en el friso del templo de Atenea en Atenas. Palacio Altemps, Roma.

Aunque al pequeño pastor no le había dado tiempo a reconocer su rostro, sí pudo distinguir como este hombre, fuerte y robusto, con su brazo derecho agarraba a la muchacha que no cesaba de gritar. La diosa supo, inmediatamente, de quién se trataba: Hades, su hermano, señor del inframundo. Pero si éste recluía a Perséfone en su reino, eso sólo podía significar una cosa: que lo hacía con el consentimiento de su otro hermano Zeus.

Lo que desconocía Deméter era que Hades se había enamorado de Perséfone y, tiempo atrás, fue a pedir permiso a Zeus para casarse con ella. Zeus temía ofender a su hermano mayor con su negativa, pero sabía que su hermana no le perdonaría si enviaba a su hija al inframundo. Por tanto, su respuesta fue que no daría, ni negaría tal consentimiento. Esto fue lo que animó a Hades a raptar a la joven.

Había sido Hades con la connivencia de Zeus – pensó Deméter furiosa. En esos instantes, y mientras se aclaraba todo, la diosa decidió que, en lugar de marchar hacia el Olimpo, seguiría recorriendo los campos, colinas y valles con el fin de impedir que sus árboles siguieran dando frutos y en la tierra creciera la hierba. Los mortales estarían condenados a perecer por la falta de alimentos y los dioses a ser privados de sus ofrendas y sacrificios. Ante el enorme desastre que se avecinaba, por fin Zeus decidió intervenir.

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Deméter: La figura, con ligero contraposto, lleva un peplo: una larga túnica sin mangas puestas en los hombros de dos pasadores y fijado inmediatamente por debajo de los pechos con una cinta. Este tipo iconográfico, basado en un original helenístico, se conoce por servir para muchas copias y variantes que presenta diferentes atributos que pertenecen a Hera (Juno), Artemisa (Diana) o Tyche (Fortuna). La estatua es fechada del período imperial. Palacio Altemps, Roma.

Envió a su hijo Hermes a reunirse con su hermano Hades, debía requerirle la puesta en libertad de la hija de Deméter. Sólo exigía una condición: Perséfone podría abandonar el inframundo siempre y cuando, durante su estancia y cautiverio, no hubiese probado alimento alguno. La comida que le hubiera ofrecido Hades estaba considerada como comida de los muertos.

Hermes encontró a la joven pálida y triste, ni la sombra de la muchacha jovial y hermosa que él conocía. Antes de trasladarle la noticia de su regreso, el hijo de Zeus quiso preguntarle si, en efecto, la habían tratado bien y la habían estado alimentando convenientemente.

Perséfone, aún sumida en su tristeza por haberla separado de aquello que más amaba, contestó que sí, aunque ella siempre se negó a comer nada. No he comido desde que me separaran de mi hogar, contestó. Asintiendo Hermes por las palabras que ella le confesaba, la tomó de la mano y la acompañó hasta la entrada del reino.

Hades fue informado de la conversación que habían mantenido, momentos antes, Hermes y la hija de Deméter, por lo que corrió a su encuentro antes de que ambos abandonaran su reino. Justo en el momento de la partida, el rey del inframundo detuvo al hijo de Zeus para abordar, con sus palabras y pesquisas, a la muchacha. Durante todo este tiempo, mis siervos te han proporcionado la comida más suculenta y los frutos más jugosos que nunca lograrás probar. – Le reprochó Hades a su sobrina. – Pero siempre te negaste a probar bocado, alegando que se tratan de alimentos propios de los muertos y que su sabor es como el de la misma ceniza. Nunca quisiste comer nada, nunca hasta que tus fuerzas y entereza quedaron debilitadas. En un momento de debilidad decidiste tomar una granada de mi jardín y comer algunos granos de este fruto.

04 - ESTATUA DE DEMETER

Estatua de Deméter. Data del siglo II d.C y se piensa que puede estar basado en un original griego de finales del siglo V a.C dadas las características de la ropa. El prototipo era muy popular en la antigua Roma, lugar donde se copió, con numerosas variantes para representar diferentes diosas (Afrodita, Hera, Hygieia, Athena, Tyche) y para las estatuas tipo retrato. Palacio Altemps, Roma.

Hades reía con gran sarcasmo mientas requería el regreso inmediato de su sobrina. Pero lo debía hacer en condición de esposa, tal y como él y Zeus habían acordado.

Cuando tuvo noticias de todo lo sucedido, Deméter no quiso entrar en razón. Llena de furia y rabia, se negaba a devolver la fertilidad a las tierras. Si no represaba pronto su hija, los campos permanecerían tan estériles como los áridos desiertos.

En el Monte Olimpo los dioses discutían sobre toda la situación generada, buscando la mejor forma de darle solución. Los humanos seguían sin la posibilidad de dedicar sus ofrendas mientras desfallecían por la falta de alimentos. Finalmente se llegó a un consenso, pequeño, pero era algo. Perséfone debía pasar nueve meses con su madre y los tres restantes con Hades en el inframundo.

Aunque se vio obligada a aceptar la propuesta acordada por todos los dioses, Deméter, en su fuero interno, se resistía a ello. Por tanto, cuando su hija debía de abandonarla para acudir en presencia de Hades, la diosa haría todo lo posible para impedir que en los árboles brotaran hojas, que la tierra se volviera fértil o que los pájaros alegraran las mañanas con su trinar. En esos tres meses en los que Perséfone debía reunirse con Hades, se dice que nos encontramos en los meses de invierno.

05 - ESTATUA DE DEMETER

Estatua de Deméter: Esta enorme imagen de la diosa adorada en Eleusis es una copia de un original griego del siglo V a.C. Probablemente decoraba un espacio para las devociones dentro de los jardines. Museos Capitolinos, Roma.

Cada otoño, la sacerdotisa del cereal se une a la comitiva con el fin de asegurar una buena cosecha para el periodo venidero. Después de ofrecer sacrificios a los dioses de la labranza, se ara el campo en este mes otoñal.

Los mortales dedican ofrendas, oraciones y votos a su diosa de la cosecha. Las ofrendas consisten en la entrega de los primeros frutos obtenidos en el campo. Es muy común arrojar la cebada tostada a las llamas o esparcirlas sobre el cuello del animal a sacrificar; a Deméter en cuestión se le sacrifican cerdos. Si el animal marcha hacia el sacrificio sin oposición alguna o asintiendo con la cabeza, se entenderán como signos de buen presagio. Los sacerdotes no pueden presentar defecto físico alguno, al igual que los animales que deben ser fuertes y saludables.

Se le reza en posición vertical, con las manos levantadas hacia el alto. Otra forma de purificarse es manteniendo encendido el fuego sagrado en un pebetero y hacer que su humo ascienda hasta el Olimpo, hasta el alcance de los propios dioses.

Bibliografía:

  • Monstruos, dioses y hombres de la mitología griega (Michael Gibson)
  • Los mitos griegos (Robert Graves)
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2 pensamientos en “Deméter

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