Los nombres propios

En los primeros años del siglo I d.C., Corduba se caracterizó por ser el foco de atención y punto de atracción de las élites repartidas por el amplio territorio de la Baetica. Muchos fueron los aristócratas con intereses en la localidad que marcharon a la capital provincial para la consecución de promociones personales, bien orientadas a sus ciudades de origen, o bien pensadas para la propia capital.

Formando parte de la aristocracia local de Singilia Barba, una de esas seis civitas libera mencionadas por Plinio, podemos encontrar miembros de las gens más representativas en el territorio hispano como fueron: los Cornelii, que constituirán uno de los grupos más numerosos; los Aemilii, de los principales gentilicios más empleados en Hispania; Acilii, los cuales se constatan en los núcleos más importantes de la Baetica desempeñando siempre cargos administrativos; Iunnii que aparecerán ostentando los puestos de privilegios en las ciudades de Corduba, Gades, Carmo, Obulco, así como otros municipios flavios; Fabii; Sentii, muy numerosos en Augusta Emerita, aunque escasos en el territorio nacional; Attii; Lollii; Sempronii; Valerii; Flavii; Clodii, muy difundido en la península Itlálica e Hispánica; e Hirrii.

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Altar con inscripción dedicada a Marco Cornelio. A Marco Cornelio: Saturnino, hijo de Marco, de Singilia, el senado singiliense le ofreció este lugar y se lo asignó por decreto. Marco Cornelio Primigenio, su padre, y Atia Titula, su madre, colocaron (el monumento). Museo de la Ciudad, Antequera.

Tras enumerar los nombres de las familias más influyentes en esta ciudad, da la impresión que el pastel del poder territorial se lo repartan siempre los mismos. Serán estos miembros de la sociedad singiliense los encargados de ornamentar y monumentalizar a la ciudad mediante sus distintos actos evergetas. Así, por ejemplo, encontramos la inscripción honorífica que realiza M. Acilius Ruga al emperador Hadrianus en el foro de la ciudad; el cipo honorífico, junto con la estatua correspondiente, sufragado por los duumvires L. Aemil(ius) Pantianus y G. Fab(ius) Rusticus al procurator Augustorum et patronus G. Vallius Maximianus, como benefactor de la ciudad, tras el asedio sufrido por el pueblo de los Mauri (para conocer más sobre estos ataques, pulsa aquí); la estatua dedicada a L. Clodiu[s. montanus], pontifex perpetus; la base de una estatua costeada por M. Hirrius Anrianus y asociada a un edificio; un pedestal a favor de [L]ollia [M]arciana; la imagen de M. Cornelius Saturninus sufragada por su padre M. Cornelius Privigenius y colocada la misma en el centro de la ciudad; etc.

Para hacernos una idea de la importancia e influencia de esta clase social, podemos citar un ejemplo muy ilustrativo: las relaciones entre la oligarquía local con las familias productoras del Valle del Guadalquivir y la Vega antequerana quedarán constatadas por medio de la gens Valerii. Uno de sus miembros nacido en Singilia Barba, M. Valerius Proculinus, podría estar vinculado con las producciones de aceite hispalense. Este personaje podría tener alguna relación de parentesco con el patrono malacitano L. Valeius Proculos, prefecto de la annona (142-144 d.C.), y con Q. Valerius Vegetus, posible iniciador del kalendarium.

Por supueto que serán los miembros de estas familias de notables los que acapararán los cargos administrativos más relevantes cuando a la ciudad se le conceda la nueva situación jurídica de Municipium, heredando las funciones que venían ejerciendo hasta entonces. Hablamos de cargos en el ordo decurionum; en el ordo singilensis vetus, duumviri, cargos religiosos como pontifex, etc.

A mediados del siglo II d.C., casi un siglo después de que la ciudad fuera promovida al rango de municipio por el emperador Vespasiano, los ciudadanos y libertos de Singilia Barba pudieron procurarse su ascenso en la escala social, tal y como sucediera con el resto de nuevos municipios; a partir de esos momentos estos antiguos siervos participarán activamente en la administración y desarrollo de su ciudad.

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Altar con inscripción dedicado por Marco Acilio Ruga a Adriano: Al emperador César Trajano Adriano Augusto, hijo del divino Trajano Pártico, nieto del divino Nerva, Pontífice máximo, en su VI potestad tribunicia, VI? aclamación imperial, III consulado, Padre de la patria, Marco Acilio Ruga, hijo de Gayo, de la tribu Quirina, singiliense, de su propio dinero ofreció y dedicó (el monumento). Museo de la Ciudad, Antequera.

La donación de dinero en obras públicas y la participación en las magistraturas, fueron los medios de exhibir el poder económico de una familia de libertos y de demostrar  su implicación con la ciudad, así como la aceptación en el orden político vigente, al resto de la ciudadanía. Para un liberto, antiguo esclavo manumitido, la única forma de participar activamente en la administración municipal era a través de la augustalidad (magistratura) municipal. Los beneficios que los libertos podían aportar, en este caso a Singilia Barba y a través de donaciones evergéticas, eran correspondidos con el reconocimiento público del consejo municipal y con la donación de un espacio en el que el benefactor y su familia podían exhibir sus imágenes.

Se trataban siempre de cuestiones sociales y políticas, pero relacionadas con la vida pública. Los ciudadanos ricos buscaban agasajar a los distintos colectivos, sintiéndose importantes, respetables y logrando cierto prestigio. Para ello, entregaban a la ciudad grandes cantidades de dinero para obras públicas que era lo mismo que demostrar su fortuna. En definitiva, sólo se trataba de cuestión de imagen, sobre todo cuando se relacionaba con cargos en la alta magistratura.

Ahora bien, fue Singilia Barba una ciudad pequeña que siempre se caracterizó por presentar una serie de condicionantes de tipo socioeconómicos, que tenderán a favorecer la promoción social de sus ciudadanos; se convertirá en un foco de recepción de emigrantes atraídos no solo por las favorables condiciones de la propia ciudad, sino también por las amplias posibilidades de promoción social. Se convirtió en una especie de tierra oportunidades, donde las posibilidades de promoción pública podían quedar resueltas tanto por la aristocracia, como en manos de aquellos emigrantes provenientes de otras ciudades, con un alto poder económico y a los que se le otorgaba la capacidad de ascenso social.

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Inscripción de Lucio Lolio Eliano: Lucio Lolio Eliano, hijo de Lucio, Calpurnia Clementina, sus padres, y Lucio Junio Notho Corneliano? … vietinus, su marido, tras aceptar el honor, devolvieron las costas. Museo de la Ciudad, Antequera.

Tal vez la excelente ubicación geográfica que disfrutaba esta ciudad o sus magníficas relaciones con las vías de comunicación se decantaran, finalmente, como los factores primordiales a la hora de definirse como una sociedad abierta a las posibilidades de promoción pública, siempre desempeñados por los cargos municipales y un sector de libertos muy activo.

Así pues, la pequeña ciudad de Singilia Barba, con su desarrollada actividad económica-mercantil y su conjunto de libertos perfectamente interrelacionados con la aristocracia local, se encontraría ante unas posibilidades de promoción pública análogas a las que se disfrutaban en otros centros portuarios y comerciales como los de Hispalis o Astigis; ciudades en las que parece existir una élite abierta sin pretensiones de monopolizar el poder, como sucedía en la capital provincial de Corduba, además de una activa presencia de libertos con gran capacidad evérgética y de otros individuos bien relacionados con el mundo del comercio.

Contamos con el caso de L. Iunius Nothus que llegó a Singilia Barba, junto a su esposa, con idea de asentarse en la ciudad. A partir de su llegada, y sin ser honrado con ningún cargo previamente, se le concederá a perpetuidad el sevirato (uno de los honores más ambicionados por los libertos, ya que se le otorgaba un rango elevado y una posibilidad de promoción, ocupando un lugar privilegiado dentro de la estructura social municipal por debajo solo de los decuriones) por los cives et incolae, pues para ello no era necesaria la ciudadanía.

En seguida se le conceden los máximos honores a los que podía acceder un liberto: la ciudadanía, la erección de una estatua y los ornamenta decurionali, que permiten a este liberto asimilarse, de forma honorífica, a las altas magistraturas municipales y a la aristocracia local.

Mientras todo esto sucede, muere su primera mujer y se vuelve a casar con Rutila Fructuosa, posible liberta. Esta unión será autorizada por las altas instancias municipales, ya que se encuadraría entre los sectores dirigentes de la ciudad. En este último caso, se le concederá la imagen como servir augustalis, sufragando su gasto los cives et incolae, el ordo Singiliensum y su segunda esposa.

Algo parecido tuvo que suceder con C. Sempronius Nigellio, el cual desempeñó el sevirato en Colonia Patricia y el perpetuo en Singilia Barba. Tuvo que tratarse de un individuo cuyo patrono debió pertenecer a la gens Sempronia de Corduba. Tras su marcha a Singilia Barba, logró integrarse por adlectio en el colectivo ciudadano sin problema alguno.

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Inscripción honorífica a Marco Hirrio: A Marco Hirrio …olixo los ciudadanos y residentes del municipio libre singiliense mediante suscripción popular donaron (el monumento) a causa de sus mértitos. Museo de la Ciudad, Antequera.

Las razones de su traslado pudieron deberse a motivos puramente comerciales o mercantiles, quizás como testaferro del patronus. Puede que también por motivos de honorabilidad, de abandono de la ciudad en la cual había logrado su ascenso desde el plano servil y establecerse en una ciudad nueva donde el estigma del antiguo esclavo no le supusiese un condicionante en su actividad social y pública, como era en la capital provincial. Nigellio, en tal caso, tuvo que hacer frente a los munera de su localidad de origen, así como a los de adopción, lo que indicaría una clara capacidad económica para hacer frente a la nueva situación. Se trató, pues, de un inmigrante de alto poder económico con capacidad de ascenso social en una comunidad completamente permeable a favorecerlo. Tras recibir la ciudadanía del senado singiliense, en el foro de la ciudad acabará erigiendo una estatua con inscripción en su pedestal.

Sin duda el peso de los libertos en la economía de la ciudad fue muy destacable. Nos ha llegado hasta nosotros otro ejemplo, en este caso una posible vinculación con el municipio suellitano y su comercio de salazones a través de L. Iuniuss Puteolanus, servil augustal de Singilia Barba. A este individuo se le ha querido relacionar con un comerciante que firma los tituli g(ari) sc(ombri) f(los), Puteoloni, es decir, la flor del garum de caballa de Puteolanus.

A partir del siglo III, con la crisis económica y su presión ejercida, hizo cada vez más difícil practicar el evergetismo, por lo que las construcciones, monumentos, remodelaciones y reparaciones de una ciudad se hicieron cada vez más escasos. Sufragar estos gastos conllevaba altos costes y, a partir de este periodo de la Hispania romana, los magistrados se volvieron más reacios a poner dinero de su bolsillo (Sua Pecunia Fecit, hecho con su propio dinero)

Ahora bien, si debemos resaltar un nombre propio dentro de  la ciudadanía singilense, motivado además por sus acciones evergéticas, ese sería, sin lugar a dudas y con notable diferencia, el de Acilia Plecusa.

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2 comentarios en “Los nombres propios

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