La última partida de ajedrez

Alcázar nazarí de Salawbinya (Salobreña, Granada)

Hace unos cuantos años andaba metido de cabeza en la impresionante historia de la conquista de Antakira por don Fernando I de Aragón. En la última visita que realicé a la Alhambra de Granada, llegó a mis manos el título ‘Los Reyes de la Alhambra (Entre la historia y la leyenda)’ del autor Francisco Bueno. Confieso que dicho libro me cautivó, una verdadera preciosidad cuya compra segura corroboraba el etiquetado de su 5ª Edición.

El contenido no era para mí del todo nuevo, puesto que muchos de sus capítulos y pasajes ya los había tratado en las distintas crónicas que hablan sobre los sucesivos reyes nazaríes. Pero sí es cierto que uno de ellos me conquistó sobremanera: aquel que relata la entronización de Yusuf III como decimotercer monarca del reino de Granada.

Al día de hoy desconozco si forma parte de una historia, una leyenda o, simplemente, un cuento; mucho se ha escrito sobre ello. Si fuese esto último, lo cierto es que podría formar parte de uno de los relatos de las mil y una noches, pero con acontecimientos ambientados en las tierras de al-Andalus, allá por el año 1408. Pero, al igual que ocurre con otras tantas historias, este tipo de narración es el que mantiene vivo, a lo largo del tiempo, a un determinado monumento histórico… Aunque, ni si quiera, nos detengamos un instante en recordarla.

Esta historia comienza en una de las estancias del palacio real de la Alhambra. Yusuf II, undécimo rey de Granada, llega a sus últimos días mientras su pueblo llora la inminente pérdida del amado monarca. Un hombre considerado por todos como gran pacificador y conciliador, distinciones todas que no sólo provenían de los mismos nazaríes, sino también del propio rey cristiano don Enrique III de Trastámara.

Pero, en realidad y sin sospecharlo, ese fue su gran error, su gran debilidad. En definitiva, el motivo que marcaría su fatal destino: intentar encontrar la prosperidad del reino a través de los tratados de paz con el de Castilla. Quiso este monarca rehusar a la venganza que otorga la sangre derramaba en el pasado, como así postulaban los santones del momento y Ahmed ben Amir Zelim, el Califa de Fez.

ALHAMBRA DE GRANADA

Alhambra de Granada.

La causa de la desdicha, una aljuba; un precioso traje elaborado al otro lado de la costa mediterránea para el cual se utilizaron los mejores paños, bordado de oro y plata y lujosas joyas con las que se embelleció. Un regalo del propio Califa que el infeliz de Yusuf II no tardó en vestirse y presumir ante sus cortesanos, cuerpo militar y allegados. Lo que desconocía el monarca nazarí era que la fastuosa vestimenta había sido empoñozada previamente, envenenada.

Ahora el rey agonizaba en su lecho y su primogénito, el sucesor al trono también llamado Yusuf, lloraba a sus pies. Era este príncipe un joven querido y apreciado en el reino, a imagen y semejanza de su padre; amante del diálogo con sus amigos y con todo aquel que se prestara en la búsqueda de la verdad. Un enamorado de la poesía y la escritura, apasionado de los juegos de ajedrez. En definitiva, un ferviente entusiasta de la paz, al igual que había sido su progenitor.

03 - PATIO DE LA ALHAMBRA DESDE EL INTERIOR

Patio desde el interior. Alhambra de Granada.

Por el contrario, no presumía de la misma condición su hermano menor Muhammad. Ardiente seguidor del ruido de las armas, se había refugiado bajo los consejos y dictámenes del radicalismo religioso mientras su padre regía las tierras, según él, sin ambición alguna. Había conspirado contra el monarca y ahora el bueno de Yusuf II estaba muerto y enterrado en los jardines del Generalife junto a los restos de sus antepasados. Sin embargo, Muhammad no era más que una simple marioneta en las manos del de Fez, aunque lleno de codicia y odio.

PATIO DE LA ACEQUIA EN LOS JARDINES DEL GENERALIFE

Patio de la Acequia en los jardines del Generalife. Alhambra de Granada.

Recluido en sus aposentos, aún lloraba Yusuf la muerte de su padre cuando Muhammad, tras alzarse en el trono bajo al apoyo del estamento militar, ordenó que lo apresaran. Su hermano mayor se había convertido en un mero obstáculo para sus verdaderas pretensiones por alcanzar el poder absoluto.

05 - TORRE DEL HOMENAJE

Torre del Homenaje en prisión de Salawbinya. Castillo de Salobreña, Granada.

En un primer momento, no quiso el nuevo rey dar muerte al primogénito, cuestión que podría haber ordenado sin la menor de las dilaciones. Nada más fue prendido Yusuf, y sabiendo que no constituiría amenaza alguna por su dócil personalidad, Muhammad decidió enviarlo a la prisión real de Salawbinya en compañía de su harén al completo e hijos.

En este alcázar podría seguir escribiendo y debatiendo sobre poesía, pasear por los jardines, jugar al ajedrez y hacer todo aquello que a él le gustaba hacer en la Alhambra, pero encerrado en el castillo de Salawbinya y estrechamente vigilado. Es más, el alcaide de la fortaleza tenía orden explícita de ejecutarlo en el preciso instante en el que detectase cualquier atisbo de conjura o sospecha contra la persona del nuevo monarca o de su reino.

Salawbinya era, en realidad, un amplio territorio formado por aldeas rurales y qurà o alquerías, donde se cultivaba, principalmente, plátanos, cañas de azúcar y castaños. Todo este basto espacio quedaba controlado directamente por la madina Salawbinya, la ciudad situada en la costa y que ejercía de poder central.

COSTA DE SALOBREÑA Y TIERRAS DE CULTIVO VISTO DESDE EL CASTILLO

Costa de Salobreña y tierras de cultivo vistas desde el propio castillo. Salobreña, Granada.

En esta ciudad musulmana se construyó un lujoso castillo, acondicionando un palacio en su interior como residencia de verano para la realeza. Con el tiempo, el alcázar acabaría convirtiéndose en prisión inexpugnable, alejada de la capital y destinada tanto a los rivales políticos de los reyes nazaríes, como a los miembros de sus familias que constituían una amenaza, si antes no se les sentenciaba con penas de muerte.

TORRE DEL HOMENAJE DESDE EL LATERAL

Torre del Homenaje desde los laterales de la falda del cerro. Salobreña, Granada.

Nada más sentarse en el trono, quiso Muhammad VII continuar con la política de acuerdos y tratados de paz que había mantenido su padre con el rey castellano. Dada la personalidad del nuevo monarca, puede que tan sólo se tratara de una más de sus argucias para ganar algo de tiempo y afianzarse ante sus detractores. Pero pronto cambió de parecer, sobre todo cuando el califa Ahmed ben Amir Zelim, muy indignado, se sintió traicionado por estas primeras decisiones.

PUERTA DE ELVIRA

La bab Ilvira o Puerta de Elvira. Granada.

De esta guisa, regresaron a la capital granadina los llamamientos a la Guerra Santa desde los alminares; las oraciones en las mezquitas en pos del retorno a la lucha; los alfaquíes defendiendo las proclamas sobre la recuperación del territorio perdido; y los desfiles pomposos, bajo lluvia de pétalos de rosa y griteríos del populacho, del ejército musulmán engalanado con sus mejores aljubas, fajas y turbantes de vivos colores. La bab Ilvira o Puerta de Elvira volvía a ser testigo de una marcha marcial de su ejército hacia tierras de frontera, con despliegue de banderas y arengas al viento.

Mientras, Yusuf vivía este nuevo periodo convulso como cautivo en Salawbinya, siempre con la nostálgica mirada puesta en los montes de Granada. Aunque paseaba por los jardines del castillo, celebraba fiestas en el palacio y debatía sobre poesía, actividad con la que más disfrutaba, asumía con gran tristeza su dolorosa realidad: la pérdida de su libertad.

VISTA DE LA VEGA DESDE LAS ALMENAS

Vistas de la vega granadina desde las almenas del Castillo de Salobreña.

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3 pensamientos en “La última partida de ajedrez

  1. Pingback: La última partida de ajedrez (continuación) | Legión Novena Hispana

    • Buenas tardes, Paco. Me enorgullece enormemente que te hayas molestado en escribir este comentario. Aprovecho sólo para decirte personalmente que el título Los Reyes de la Alhambra es una maravilla, libro que disfruté enormemente de su lectura. Un saludo.

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