La leyenda de Medellín

Castillo de Medellín. Badajoz

A la muerte de este primer Conde (Rodrigo Portocarrero) le sucedió su hijo primogénito y heredero don Juan, a quien su madre disputó los derechos al condado encerrándole para su seguridad en una habitación secreta y casi subterránea de la planta baja del cubo o torreón que ocupa la parte central de la muralla que mira al Guadiana.

Nada menos que cinco años, según datos de la tradición, estuvo el desgraciado don Juan encerrado en aquella reducida prisión sin más luz que la muy escasa que entraba por la aspillera que aún existe, ni más ventilación y aire que el que de aquel pequeño espacio dentro del cual tenía que satisfacer todas sus corporales necesidades y sin ver ni hablar a nadie más que al criado que, de vez en cuando, bajase – también colgado – a limpiar la habitación.

Entablada las negociaciones parece que don Juan exigió que rompiera el muro como hoy está y aún se conserva la rotura, tratando de probar, por ésta su inocencia, al salir por sus pies y no colgando como entró.”.

CASTILLO DE MEDELLIN

Castillo de Medellín. Badajoz.

La historia que hoy pasamos a relataros transcurre durante las Guerras de Sucesión en las que estuvo inmersa la Corona de Castilla entre las facciones aliadas de Juana ‘la Beltraneja, hija del difunto monarca don Enrique IV, y los partidarios de la que llegará a convertirse en Isabel I de Castilla. Serán las disputas nobiliarias por las heredades del Condado de Medellín las que darán lugar a esta leyenda.

IGLESIA DE SAN MARTIN

Iglesia de San Martín. Se inició su construcción en el siglo XII sobre las ruinas de un templo dedicado a Plutón. Restaurada en el siglo XIV. Medellín, Badajoz.

Año de 1456, don Juan II de la Casa de los Trastámara y actual soberano del reino castellano, fundará el Condado de Medellín. Como primer titular de las nuevas heredades nombrará a don Rodrigo de Portocarrero Monroy, noble ilustre que llegó a alcanzar el rango de Repostero Mayor sobre aquellos consejos del sucesor al trono don Enrique IV. Tuvo este primer Conde la bendición de contraer nupcias con doña Beatriz Pacheco, mujer de fuerte temperamento y armas tomar, hija ilegítima del principal e influyente don Juan Pacheco, I Marqués de Villena.

Para llegar a comprender el trasfondo de este relato es preciso que, previamente, demos a conocer la figura de don Juan Fernández Pacheco y Téllez Girón, así como los poderes y favores reales que pudo ostentar en la corte castellana. Decir que siendo aún bisoño fue llevado a Palacio bajo la protección de, nada menos, don Álvaro de Luna, condestable y valido de don Juan II. Entre la nobleza castellana, el joven Pacheco acabará convirtiéndose en doncel y compañero de juegos del futuro monarca don Enrique IV.

IGLESIA DE SANTIAGO

Iglesia de Santiago. Histórica Parroquia Arciprestal de los pueblos que constituían el antiguo Condado de Medellín. Se iniciaron sus obras en el siglo XII y está edificada sobre la “Escena” del teatro romano. Actual Centro de Interpretación. Medellín, Badajoz.

Transcurridos los abriles, el joven se erigirá como caballero de mayor confianza del heredero al trono, formando parte, como era de prever, del Consejo Real. Fueron cuantiosos los títulos acumulados por este notable a lo largo de su vida dedicada a la Corona, todos y cada uno de ellos por los muy señalados servicios dispensados al reino. A la edad de veintidós años obtuvo el oficio de Camarero Mayor por debajo sólo del de Mayordomo Mayor ostentado por el condestable Álvaro de Luna. A partir de aquí, señoríos, donaciones de villas como la reñida Medellín o el marquesado de Villena. Los títulos y honores acumulados fueron tan cuantiosos, que, incluso, bajo el reinado de don Enrique IV, amigos desde la infancia, fue nombrado Mariscal de Castilla.

PUERTA DE ACCESO

Puerta de acceso al interior del Castillo de Medellín.

De la unión del actual monarca con doña Juana de Portugal, el 28 de febrero de 1462 nacería la que a su entender debía heredar el trono castellano: Juana, infanta de quien siempre se sospechó sobre su verdadera legitimidad. Se daba la circunstancia que varios años atrás había irrumpido en la corte el noble don Beltrán de la Cueva, joven y ambicioso caballero quien, poco a poco, fue granjeándose los favores de su rey don Enrique y, a la par, relegando a don Juan Pacheco a un segundo plano. Movido por intereses meramente personales, llegó a formar parte del Consejo Real hasta ser nombrado Privado de su majestad, desplazando en funciones al mismo Marqués de Villena.

A partir de entonces se iniciarán las desavenencias entre el ilustre Pacheco y su rey, defendiendo el primero la postura que el verdadero padre de la infanta Juana era don Beltrán de la Cueva y no el monarca. De ahí que la pequeña acabara siendo apodada como Juana la ‘Beltraneja. Tales disputas acabarán, irremediablemente, en la reclamación a la sucesión al trono, donde Juan Pacheco se postulará como partidario del infante don Alfonso, hermanastro de Enrique IV, convirtiéndose en su tutor por la minoría de edad de este.

INTERIOR DEL CASTILLO

Interior del Castillo de Medellín.

Pero el infante don Alfonso morirá debido a razones desconocidas, hecho que servirá para regularizar las desavenencias entre Juan Pacheco y Enrique IV. Será ahora la hermana del infante, Isabel, la que reclame el derecho sucesorio al trono de Castilla y contrayendo matrimonio con don Fernando de Aragón, en contra de la voluntad de su hermanastro Enrique, dará origen a las Guerras de Sucesión. Juan Pacheco, I Marqués de Villena, en esta ocasión se pronunciará a favor del bando de Juana la Beltraneja.

SANTA MARIA DEL CASTILLO

Restos de Sta. María del Castillo. Llamada así por su emplazamiento, data de finales del siglo II. En esta parroquia se daba culto a una imagen pequeña de escaso valor artístico. Colocada en el altar mayor, con suelos de mosaicos y paredes pintadas, donde se encontraban las “Cuatro mujeres fuertes”: Esther, Judithm Ruth y Abigali. En esta parroquia se celebraban las fiestas de la Purificación, Asunción y San Blas. Únicamente se conservan los muros laterales.

En este contexto histórico es donde se ambienta nuestro relato, la leyenda que hoy damos a conocer. Al fallecer el que fuera primer Conde de Medellín, don Rodrigo de Portocarrero, sus tierras entraron en disputa directa entre su hijo y legítimo heredero, don Juan de Portocarrero y Pacheco, y su madre doña Beatriz Pacheco. La viuda defendía sus derechos familiares sobre el Condado de Medellín, en contra de la herencia de su hijo y la voluntad del difunto, alegando que tales propiedades siempre habían pertenecido a su padre, el notable don Juan Pacheco; sólo se habían desprendido de ellas con motivo de su matrimonio, pero con intención firme de retomarlas como antiguas posesiones familiares que eran.

CISTERNA EN STA MARIA DEL CASTILLO

Cisterna en bajo el suelo de Santa María del Castillo. Se ignora cuál podría ser su función.

Don Juan Pacheco, el que fuera primer Marqués de Villena, había tomado posesión del señorío de Medellín en el año de nuestro señor de 1446. Pero sería tres años después cuando el monarca castellano don Juan II aceptara su propuesta para permutar la villa y plaza por las otras villas de Chinchilla y Garcimuñoz, ambas más próximas a su señorío de Belmonte, núcleo principal de los Pacheco en Cuenca, y cercano, además, a las posesiones de Villena.

Bajo estos acuerdos y compromisos, el Estado y Título de Medellín pasaron al apellido Portocarrero y sólo con motivo de las nupcias entre su hija Beatriz, a la que le hizo entrega de tales hacendados, y don Rodrigo. Por este motivo la viuda alegaba que los verdaderos propósitos de la unión no habían sido otros que mantener a Medellín vinculado a los territorios de su familia y que en este sentido le pertenecía.

08 - TORRE NORTE

Lienzo transversal y al fondo Torre Norte del Castillo de Medellín.

La hija de don Juan Pacheco y viuda de don Rodrigo de Portocarrero no dudó un instante en defender los derechos que ella consideraba como legítimos. Y lo hizo con todas sus energías y contra cualquiera que se le interpusiera en sus pretensiones por lograr tal empeño. Incluso si se trataba de su propio hijo al que, para mayor seguridad y gran arrebato colérico, ordenó prender durante cinco años en la torre norte del castillo.

09 - MAZMORRA

Mazmorra situada en la parte inferior de la torre donde, según cuenta la leyenda, fue encerrado Don Juan Portocarrero por su propia madre, Doña Beatriz de Pacheco.

A partir de esta infame acción habrían muchos ruegos de notables y personas con cierta autoridad para que fuese liberado don Juan de tan duro e injusto cautiverio. Pero como indicábamos, doña Beatriz no era una mujer cualquiera y mucho menos que se amedrentara ante cualquier situación adversa que pudiera ir en contra de sus intereses o los de su familia. No dudó en involucrarse activamente en la causa de la Casa Trastámara y en las disputas sucesorias al trono castellano. En un primer momento se haría partidaria del príncipe pretendiente don Alfonso y a su muerte apoyaría al partido que encabezaban Juana la Beltraneja y el monarca Alfonso V de Portugal. Así se posicionó en contra de doña Isabel y a su matrimonio con don Fernando, tal y como hicieran en su momento su padre y su difunto esposo. Tomó armas en favor de la pretendienta al trono de Castilla, la Beltraneja, porque temía que la obligasen a restituir el Condado a su hijo, por imposición judicial, si Isabel y Fernando finalmente se alzaban con la Corona.

TORRE DEL HOMENAJE Y ALJIBE MUSULMAN

Torre del Homenaje y aljibe musulmán. Castillo de Medellín, Badajoz.

La disputa entre madre e hijo alcanzó magnitudes regias, ya que el asunto fue planteado ante Isabel I de Castilla tras ser coronada. En este sentido, la reina otorgó dictamen a favor del heredero don Juan. Por su parte, doña Beatriz se opuso al pronunciamiento de su majestad, manteniendo a su hijo cautivo en la torre y apoyando con el Condado de Medellín a la Liga nobiliaria favorable a la Beltraneja.

ALJIBE MUSULMAN CASTILLO MEDELLIN

Interior del aljibe musulmán en Castillo de Medellín.

En esas fechas, Medellín se había convertido en una plaza estratégica primordial para los ansiados propósitos de Juana y don Alfonso de Portugal en sus aspiraciones a la entronización de la Corona castellana. Desde la villa y castillo se controlaban los caminos que cruzaban de Norte a Sur las viejas tierras de Castilla, Extremadura y Andalucía. Además, facilitaba el paso al apoyo necesario de las huestes lusitanas que pudieran recibir desde el reino de Portugal  a través de la cuenca del Guadiana y la Mancha. Fue tal la amenaza por el dominio y control de este vasto territorio que propició la determinación de Isabel y Fernando a intervenir personalmente en el asunto y acabar cercando la susodicha villa hasta lograr rendir su castillo.

AGUJERO

Agujero realizado en el muro de la Torre Norte para sacar a don Juan de Portocarrero.

La causa de los Reyes Católicos terminaría por imponerse y, tras la batalla de Toro en el año de nuestro señor de 1476, los partidarios de Juana la Beltraneja fueron definitivamente derrotados. Como consecuencia de esta derrota, el blasón de los Pachecos sería desposeído de la mayor parte de sus heredades y en el tratado de Alcaçova que se celebraría tres años después, el pleito sucesorio entre madre e hijo se dirimió a favor de don Juan de Portocarrero y Pacheco por decisión regia. Presionada por los nuevos monarcas castellanos, doña Beatriz Pacheco será obligada a liberar a su hijo y a aceptar el fallo real que otorgaba a éste la legítima titularidad del Condado.

Pero cuando fueron a liberar de las mazmorras al hijo de doña Beatriz, según cuenta la leyenda, éste rechazó la posibilidad de salir por el mismo agujero que habían fabricado en el techo y por el que lo habían introducido el día de su cautiverio; se negaba a que le siguieran mancillando su honorabilidad como noble caballero. Por contra, exigió que rompieran el muro de la torre, tal y como hoy se conserva, para poder abandonar el infesto calabozo por su propio pie y no colgado, con la dignidad que reclamaba su causa.

VISTAS DESDE EL LIENZO TRANSVERSAL

Vistas del Castillo desde el pasillo superior del lienzo transversal.

Enterada de la negativa a salir por la cubierta de la torre y, por el contrario, obligar a sus hombres a romper los muros, Isabel ordenó que el acceso horadado de esta torre se mantuviera abierto para siempre, en recuerdo del triunfo de su magnánima justicia y como afrenta al linaje de los orgullosos Pachecos.

El dictamen regio no haría más que prolongar las tensiones de la familia Pacheco en los años venideros.

Agradecimientos:

Artículo dedicado a María Isabel y Pilar a las que tuve el enorme placer de conocer en mi visita a Medellín y, sobre todo, de las que supe de esta fantástica leyenda que forja un poco más nuestra rica y gran historia.

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