Una de templarios

Iglesia de San Miguel de Breamo

Año de 1187. Guido de Lusignan, rey en esos momentos de Jerusalén, al mando de los contingentes templarios y hospitalarios sufre una gran derrota en Qurun-hattun ante el nutrido ejército de Salah ad-Din, Saladino. El máximo responsable de los cruzados en el reino de Cristo será capturado en las áridas tierras de los Cuerno de Hattin y hecho prisionero por los musulmanes junto con otros tantos nobles. Para su liberación, se verá obligado a ceder la ciudad de Asqalum. Desgraciadamente, no todo queda ahí. Al poco tiempo, los estandartes de la media luna ondearán sobre las torres de la emblemática Jerusalén.

En ese mismo año se construye San Miguel de Breamo. Ante la incertidumbre que se vive en la cristiandad y el temor que se tratara del inicio de la caída templaria, San Miguel es erigida, de forma secreta, sobre un antiguo santuario pagano; se construye no como templo para la advocación cristiana, sino como el testamento de la propia orden.

Esta es la leyenda de los Guardianes del Testamento Templario.

01 - IGLESIA DE SAN MIGUEL DE BREAMO

Iglesia de San Miguel de Breamo. Pontedeume, A Coruña.

Diciembre del año 1224. Tras varias jornadas de largas y duras cabalgatas, once hombres con semblante serio y piel curtida en mil batallas, se sientan alrededor de una hoguera improvisada. En las proximidades de la iglesia de San Miguel calientan sus cuerpos y vestiduras de la copiosa lluvia que esa noche los arrecia. No son miembros de una hueste cualquiera, todo lo contrario. Se trata de caballeros de la orden del Temple, soldados de la mano de Cristo y portadores de la palabra del señor, grandes guerreros tiempo atrás. Ahora, tras la última derrota infligida, han decidido huir. Sin dar lugar a más explicaciones, son conscientes que, con su drástica decisión, han contraviniendo las normas de la orden.

En realidad, se les ha encomendado una misión: hacer penitencia allá dónde van y guardar el modesto santuario que se oculta apartado bajo el manto y espesura del bosque de Breamo. Grandiosa por la riqueza que alberga, pero con una inusitada sencillez en el labrado de sus muros que no permite intuir. Era esta misma modestia la verdadera virtud que la hacía pasar desapercibida ante los ojos de los profanos.

02 - IGLESIA DE SAN MIGUEL DE BREAMO

Ábsides semicirculares en Iglesia de San Miguel de Breamo. Pontedeume, A Coruña.

Siempre se caracterizaron sus canteros por ser grandes maestros en la talla, pero más aún especialistas de todo lo concerniente al mundo de los enigmas y de los misterios. Se decía de ellos que guardaban en sus memorias los secretos de los grandes tesoros encontrados en Tierra Santa, así como la sabiduría compartida de sus maestres, la cual protegían con enorme celo.

Además de construir, mantenían la premisa de registrar en cada uno de sus textos y obras los secretos que bien debían ocultarse al resto de almas. Sólo ellos, a través de la transmisión de sus conocimientos, eran capaces de ver lo que para el resto era invisible.

Y esto mismo era la encomienda de los once caballeros que habían cabalgado hasta el templo de San Miguel de Breamo, los signos sagrados que decoran su capilla. Aquellos que definían el testamento de la humillada orden templaria, la historia de unos hechos acontecidos y la sabiduría que no impidió la derrota y, presumiblemente, su desaparición.

IGLESIA DE SAN MIGUEL DE BREAMO

Tres ábsides en Iglesia de San Miguel de Breamo. Pontedeume, A Coruña.

Ya se acercaba la noche, era esta de natividad. Vacíos en el sentimiento, los monjes guerreros sólo contaban con su soledad y la capilla a la que debían custodiar. Con las primeras sombras decidieron refugiarse en su interior. A través de los pequeños postigos penetraba la tenue luz de un cielo ahora estrellado; así alzaron sus cabezas para contemplar el rosetón dispuesto sobre el portón. Allí quedaba una estrella de once puntas, una por cada caballero debieron pensar. Así tenía que ser porque así se había establecido. Y este era el enigma, el verdadero sentido por el que los once hermanos milites estaban allí ante la absoluta soledad y la que podría ser su última misión.

IGLESIA DE SAN MIGUEL DE BREAMO

Rosetón de once puntas en fachada principal.

De repente se dieron cuenta de un detalle, atónitos se miraron los unos a los otros. Algo extraño había sucedido ante ellos, pero nadie se había percatado de tal revelación. El rosetón no presentaba once puntas como en un principio, en su lugar eran doce. Había una punta más, lo cual significaba que también había un caballero más. No tenía sentido lo que sus ojos descubrían y sus corazones albergaban, pero todo aquello era cierto. Había uno más entre ellos esa noche.

En el centro de la planta basilical, un pequeño de muy corta edad dormía plácidamente sobre el altar. De esta forma permaneció durante toda la vigilia, hasta alcanzar las primeras luces del alba.

Sólo cuando los primeros rayos de luz penetraron en el interior del templo cristiano, el niño desapareció y el rosetón volvió a lucir sus once puntas originales.

Desde entonces, todas las noches por Navidad, los que a la iglesia de San Miguel de Breamo se acercan, doce puntas en el rosetón creen contar. Doce signos que brillan como estrellas en la noche. Pero sólo hasta el alba, cuando los primeros rayos rompen la magia de la noche y las puntas del rosetón vuelven a ser once.

Dos veces al año, los devotos suben hasta el cerro del antiguo santuario celta y después iglesia templaria. Su santo quita el mal de ojo a cambio de tres actos ceremoniales que todo peregrino debe cumplir. El primer rito consiste en pasar por debajo de la imagen del santo, el cual gira alrededor de la iglesia a modo de procesión.

05 - IGLESIA DE SAN MIGUEL DE BREAMO

Iglesia de San Miguel de Breamo. Pontedeume, A Coruña.

El segundo, acompañar en la procesión al religioso y dar nueve vueltas a la iglesia en completo silencio. Y el último de ellos, besar la pequeña imagen de San Miguel y dejar una limosna para el cuidado del templo.

Es de un sentir más arraigado los que acuden enfermos a la búsqueda de la sanación por parte del santo. Muchos lo hacen de noche, rodeando la capilla una y otra vez.

Notas:

Buena parte de esta leyenda tiene su origen en el año de consagración del templo cristiano, 1187, fecha en la que se perdió el Reino cristiano de Jerusalén. La inquietante noticia llegará a extenderse rápidamente por el occidente cristiano, culpando de esta situación a los hombres y a sus pecados cometidos. Se trataba, simplemente, del designio que Dios les tenía reservado.

Rosetón de once puntas en la Iglesia de San Miguel de Breamo. Pontedeume, A Coruña.

Situada al sur de la localidad de Pontedeume, la iglesia de San Miguel de Breamo es de los pocos templos románicos de su tamaño que cuenta con planta de cruz latina y tres ábsides de cierre. Genera enorme confusión descubrir tres puertas distintas en la iglesia, aunque la fachada principal es la que se corona con el rosetón. De la misma forma, en su interior predomina la sencillez y la penumbra.

Los lugareños cuentan que el monte de Breamo es lugar habitual para la reunión de brujas de la comarca. Por lo que dicen, en ocasiones, se han encontrado trozos de pan cortado en la puerta, vestigios achacados a los aquelarres que allí se han celebrado la noche anterior. Muy probablemente este lugar ya fuera sagrado para las primeras tribus celtas que habitaron estos parajes, los átaros, por lo que se cree que erigieron un santuario rupestre donde ahora encontramos el templo cristiano.

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3 pensamientos en “Una de templarios

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