El castillo del hambre

Castillo de Andrade. Pontedeume, A Coruña

En el año de 1371 finalizaba la obra de la fortaleza de los Andrades. El castillo, más bien una atalaya, había sido levantado sobre los restos de una antigua fortaleza datada entre los siglos XII-XIII. Se situaba sobre el monte Pena Laboreira que hacía de defensa natural en gran parte de su entorno. Desde sus alturas se conseguía dominar todo el territorio dependiente de este señorío gallego.

Esté torreón defensivo contó con tres sótanos y tres pisos o plantas. Varias partes de la peña rocosa donde quedó asentado fueron pulidas intencionadamente para dificultar su ascenso. Además, se excavaron fosos por dos de sus lados como medida defensiva y su planta superior fue rematada por almenas y matacanes desde donde se podía arrojar agua hirviendo a los posibles enemigos que intentaran su expugnación.

CASTILLO DE ANDRADE

Castillo de Andrade.Pontedeume, A Coruña.

Aunque no lo pareciera, el castillo nunca fue residencia habitual de la familia. El Conde, don Fernán Pérez de Andrade, apodado el Bueno, residía en su palacio de la villa de Pontedeume junto a su pequeña corte y sólo en caso de posible amenaza marchaba a refugiarse tras sus muros. Los lugareños contaban que el castillo, construido para el control y la vigilancia del territorio, quedaba comunicado con la residencia palaciega del señor a través de un pasadizo secreto de unos tres kilómetros de largo.

TORREON DE ANDRADE

Torreón de Andrade. Situado en Avda. Torreón s/n, en la actualidad es lo único que se conserva del Palacio que los Andrade tenían en Pontedeume. Esta torre fue ordenada construir por Fernán Pérez de Andrade.

En su lugar residía Pedro López, alcaide al cuidado de la fortaleza de los Andrade. Era este un hombre arisco, violento y de peor genio, pero perdidamente enamorado de Elvira, una de las doncellas de la señora de Andrade.

Tal y como suele ocurrir en este tipo de historias, el amor que profesaba el alcaide por la joven y hermosa doncella no le era correspondido. Elvira estaba enamorada de Mauro, joven doncel y mano derecha del señor Conde. En realidad, se trataba del hijo bastardo de éste, al que tanto mimaba y cuidaba.

Conforme fueron pasando los días, Pedro López soportaba cada vez menos la presencia del joven doncel, quien se había convertido en el favorito de su señor y, peor aún, le había arrebatado el amor de su vida. El odio manifiesto hacia Mauro aumentaba día tras día, llegando a ser tan grande que el alcaide sólo se sentía apaciguado cuando, en silencio, urdía una cruel venganza sobre ellos.

Puente de Piedra sobre el río Eume. Puente de origen medieval, se empezó a construir en el 1380 y finalizando la obra en el 1386. Inicialmente contaba con el Hospital del Espíritu Santo y las torres, además de 78 arcos de los cuales 7 fueron eliminados. Pudiera ser que la construcción estuviese relacionada con Fernán Pérez, pero no hay prueba de ello.

Rozaba el final del siglo XIV, año 1389. Era una tarde invernal, fría y gris, cuando el máximo responsable del castillo de Andrade marchaba a la villa de Pontedeume para solucionar unos asuntos relacionados con las propiedades de su señor. Allí, en la residencia del Conde, arrullados y bien abrazados en una de sus estancias, Pedro López sorprendía a Mauro y Elvira juntos, quienes, entre carcajadas, lo trataron con total desdén.

VISTAS

Vistas desde el interior del Castillo de Andrade. Pontedeume, A Coruña.

La ira y los celos de Pedro no se hicieron esperar. El alcaide, lleno de odio y cegado por su cólera, maldijo a la pareja de enamorados, a los que les juró venganza. Esa tarde fría en Pontedeume, el doncel y la doncella de los Andrade no pudieron evitar que sus corazones quedaran helados.

A los pocos días del incidente en la residencia de su señor, el alcaide ordenó a Zaid, un esclavo mudo y fiel a su persona, que sedara y secuestrase a los dos jóvenes, obligándole a trasladar sus cuerpos a uno de los sótanos recónditos del castillo. A dicho lugar sólo se tenía acceso descendiendo por unas escaleras empinadas y sin apenas visibilidad; pocos allí intuían que existiera un lugar tan lúgubre en el recinto.

INTERIOR CASTILLO

Interior del Castillo de Andrade. Pontedeume, A Coruña.

En la pequeña estancia subterránea, húmeda y oscura, se abría una celda maloliente y repugnante. Y en sus paredes, como a viles cautivos, uno frente a otro fueron encadenados y amordazados los dos jóvenes.

Los días se sucedían y no hubo noticia de ellos. Mauro y Elvira sobrevivían bajo el más grande de los tormentos, así como sus cuerpos les permitían resistir. Aun permaneciendo juntos el uno con el otro, no podían ni mirarse, ni hablarse ni tocarse. La oscuridad, las mordazas y las cadenas lo impedían en esa húmeda celda. Tampoco podían moverse, ni pedir ayuda. Nadie les traía agua para calmar su sed, ni comida para apaciguar su hambre.

INTERIOR

Interior del Castillo de Andrade. Pontedeume, A Coruña.

Por su parte, el Conde de Andrade, completamente en vano, intentaba dar con el paradero de su amado hijo bastardo y de la doncella de su esposa. Nunca llegaban nuevas y, al final, acabó imponiéndose la lógica. Todos en la villa llegaron a la conclusión que los dos jóvenes, sin motivo aparente, habían huido lejos de esas tierras. La familia Andrade se culpabilizaba de esta absurda decisión, a sabiendas que pudieron haber hecho todo lo que estuviera en su mano para impedirlo.

Pasaron los meses y, poco a poco, todo fue volviendo a la normalidad; la resignación por la marcha de los dos jóvenes había calado en las almas y corazones de las gentes. Pero surgió un imprevisto, algo inesperado. En una absurda reyerta mantenida con un escudero, el alcaide del castillo, persona de mal genio como ya saben, cayó malherido y don Fernán Pérez de Andrade acudió raudo a visitarle en su lecho de muerte.

Pedro López se encontraba aterrado como nunca lo había visto el Conde antes. Sabía que sus últimos minutos de vida se les escapaban de entre sus dedos. Pero había algo que lo atormentaba, algo por lo que temía no lograr el descanso eterno. Fue entonces cuando el señoñr de Andrade escuchó de boca de su viejo alcaide aquella horrible confesión:

Escaleras en el inteior del Castillo de Andrade. Pontedeume, A Coruña.

Señor, os pido perdón. Fui yo quien, por envidia y genio, enojado por el desprecio de la doncella de su señora, de nombre Elvira, encerró en los sótanos de la torre junto a vuestro doncel Mauro… Mi intención nunca fue acabar con sus vidas, sino vengar mi corazón roto causando un profundo sufrimiento a los amantes. El esclavo Zaid les llevaba de comer de vez en cuando, hasta que un día el joven y valeroso Mauro logró librarse de las cadenas y herir con el hierro al esclavo dejándole herido de muerte. Mientras el doncel intentaba liberar a la doncella Elvira, mi esclavo, hombre fiel hasta el final, se arrastró para alcanzar la poterna y, aunque cayó muerto a la entrada del calabozo, tuvo tiempo suficiente para cerrar el muro e impedir la salida de los dos jóvenes. Al cabo de las horas, cuando caí en la cuenta y lo eché en falta, bajé a los calabozos y encontré a mi esclavo muerto con la cabeza abierta y ensangrentada. ¡Tuve miedo, mi señor!, comprendía lo que había ocurrido y no me atreví a descorrer el muro nunca más. Los dos infelices murieron de hambre…

El Conde no daba crédito a lo que sus oídos escuchaban, el terrible testimonio de su alcaide le estaba desgarrando el corazón. No lo dudó un instante y sin permitir al moribundo que acabara de contar su relato, de su cinto tomó una daga  y, con los ojos empañados en lágrimas, la hundió en el pecho del asesino de su hijo arrebatándole el poco tiempo que le restaba en el mundo de los vivos.

Entre sollozos, Fernán Pérez de Andrade bajó a los sótanos hasta hallar los calabozos ocultos. Allí terminó descubriendo los cuerpos sin vida de los dos amantes unidos por el que debió ser su último abrazo.

Vista de Pontedeume desde la planta superior del Castillo de Andrade. Pontedeume, A Coruña.

Cuenta la leyenda que, tras lo sucedido, el señor de Pontedeume, apesanumbrado, se encerró en su castillo llorando la horrible muerte de su hijo. Desde entonces, aun hoy en día, cuando algún vecino pasa por las inmediaciones de la fortaleza se santigua exclamando al ciello: “que Deus teña na gloria ós que morreron no castelo da fame” (que Dios tenga en su gloria a los que murieron en el castillo del hambre)

Pontedeume es un municipio gallego situado al Norte de A Coruña, a orillas del océano Atlántico. Desde el Castillo de Andrade se puede disfrutar de las vistas de todo el valle del Eume, así como de la comarca de Pontedeume, la ría de Ares y el arenal de Cabanas.

Desde 1994, el Castillo de Andrade está considerado como Bien de Interés Cultural, encontrándose dentro del catálogo del Patrimonio Histórico Español.

Saludos a todos.

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