Sertorio, tribuno en Cástulo

Después de batallar contra los cimbrios y los teutones, ambas tribus de las tierras germanas, Quinto Sertorio, quien se habría labrado cierta fama y prestigio en las últimas campañas, fue enviado a Iberia, como así llamaban los helenos al conjunto de las dos Hispanias, con el cargo, nada menos, de tribuno militar.

Era esta una oficialidad para la que se reclutaban, exclusivamente, a los jóvenes patricios de las familias más poderosas de Roma. Por lo que Sertorio, en ese período y bajo el gobierno de la Res publica, debía de contar entre 21 ó 22 años.

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Restos de la muralla de Cástulo. Conjunto Arqueológico de Cástulo. Linares, Jaén.

En su nuevo destino quedó bajo las órdenes del general Tito Didio en el castra hiberna de Cástulo. Era este político y hombre de gran prestigio que, como procónsul, le había correspondido la administración de la provincia Hispania Citerior. Desde estas tierras supo infringir duros castigos a las tribus arévacas e hizo gran cantidad de esclavos en los asentamientos nativos de Termes y su cercana Colenda.

La ciudad de Cástulo se localiza en la Oretania, un pueblo ubicado en los limes de las dos provincias hispanas y habitada por una población ruda, difícil de gobernar, y dirigidos por aquellos que se dicen descender directamente de las tribus celtíberas del Norte.

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Vista general de Cástulo, territorio de la Oretania. Conjunto Arqueológico de Cástulo. Linares, Jaén.

Debemos reseñar con toda la vergüenza que nuestro cuerpo y ánimo aflija que, para deshonra del Senado y al pueblo que representa, los hombres destinados a los puestos fronterizos en períodos de invernada vivían continuamente bajo los excesos de la bebida, embriagados por un vino que nunca les escaseaba, y desatendiendo sus obligaciones como soldados de las legiones de Roma.

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Máscara Humana. Cástulo. Escultura funeraria. Siglo I a.C – I d.C. Piedra. Museo Arqueológico de Linares.

Esta actitud deplorable y mal consentida de nuestras tropas no hizo más que generar tensión y malestar entre las tribus indígenas del lugar, cuyos miembros eran constantemente despreciados, ofendidos y desdeñados delante de sus mujeres e hijos.

Y así fue como los bárbaros de la ciudad de Cástulo salieron en busca de sus vecinos de Isturgis y una noche, amparados por el cobijo que otorga la oscuridad, una a una fueron entrando en las distintas estancias del campamento y pasando a cuchillo a cada uno de los moradores con los que se encontraron.

Puede que se debiera al instinto cultivado por aquel que está acostumbrado a permanecer en continua alerta si quiere proteger su vida y la de sus compañeros, tal vez las guerras contra los cimbrios y teutones hubieran supuesto su mejor escuela, pero el caso fue que el joven tribuno Sertorio logró escapar de tan cruel matanza y reunirse en lugar improvisado, a las afueras del campamento de invierno, con el resto de soldados que habían conseguido zafarse de las espadas enemigas y sus afilados cuchillos.

Habiéndose recupera el aliento y templado sus nervios, la primera orden que impartió a sus hombres fue la de salir a recorrer el perímetro del castro en busca de cualquier elemento o factor de debilidad que pudieran aprovechar contra ahora sus nuevos enemigos declarados.

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El urbanismo de Cástulo. Conjunto Arqueológico de Cástulo. Linares, Jaén.

De regreso, los exploradores informaron a su tribuno que los accesos utilizados por las huestes bárbaras para entrar, sigilosamente, hasta el corazón del campamento permanecían aún abiertas; para sorpresa suya, sin guarnición nativa que las custodiasen.

Hasta esa posición se acercaron todos los supervivientes del degolladero. Después de apostar a varios centinelas en las puertas, imposibilitando la entrada o salida de cualquier hombre, y asegurar todos los flancos del castrum, Sertorio dio la orden de matar, indiscriminadamente, a cualquier varón indígena en edad de empuñar arma, fuera éste niño o anciano.

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Urnas cinerarias, vaina y espada, punta de lanza, copa, arre de caballo y cuchillos. Cultura ibérica. Los Patos. Siglo V-IV a.C. Museo Arqueológico de Linares.

Cuando dieron por concluida y satisfecha la matanza de la población masculina castulense,  así como de aquellos hombres traídos del cercano asentamiento indígena la noche anterior, Sertorio ordenó a los suyos que se despojaran de la impedimenta militar y, en su lugar, se vistieran con los ropajes de los bárbaros recién asesinados. De esta guisa partieron bajo las órdenes del tribuno hacia la ciudad de Isturgi.

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Escalera tallada en roca de ascenso a la parte superior del Monte Giribaile, lugar que ha sido identificado como antiguo asentamiento oretano de Isturgis.

En la otra ciudad, confiados, también encontraron las puertas abiertas. Desde la distancia los centinelas, sobre los adarve de las murallas, sólo pudieron distinguir a un grupo de los suyos o, tal vez, de la ciudad vecina de Cástulo que volvían de regreso; por lo menos ello era lo que se podía intuir de unos hombres vestidos con su misma indumentaria. Y así fue como engañando a todos, Sertorio y sus hombres sorprendieron a la población de Isturgi que esperaba recibir a sus guerreros y celebrar con ellos una gran victoria.

La mayoría de los hombres que aún permanecía en el asentamiento fueron degollados a las mismas puertas y ante el resto de la población. A los demás, no le quedaron fuerzas para combatir contra Roma y se entregaron sumisos a ella. Todos acabarían vendidos como esclavos.

Después de estos hechos acontecidos en las limes de las dos provincias y que hemos relatado en la presente, Sertorio fue famoso en Iberia ante las legiones romanas y tan pronto como regresó a Roma sería proclamado cuestor de la Galia Cisalpina.

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Vistas desde el monte Giribaile. Vilches, Jaén.

Bibliografía:

  • Plutarco: Vidas de Sertorio y Pompeyo (adaptación de la edición de Rosa María Aguilar y Luciano Pérez Vilatela)
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