(BH. III): El auxilio a Ulia

En las fechas en las que Julio César llega desde Roma al oppidum de Obulco, Sexto, el menor de los hermanos, se encontraba en la plaza fortificada de Corduba, base principal de las operaciones pompeyanas. Su cometido era el de proteger la que entonces estaba considerada como capital de la provincia.

Como apoyo en sus funciones, tras las murallas del importante bastión lo acompañaban el grupo de possesores o élite de la ciudad que integraban la Conventus civium Romanorum. Esta facción de la aristocracia local se había posicionado claramente a favor de la causa de los hijos del Magno; aún permanecían abiertas las heridas provocadas por los abusos de poder del anterior gobernador, Quintus Cassius Longinus, elegido directamente por César. Con esta decisión, el máximo poder de Corduba se declaraba enemigo acérrimo del Dictador.

SANTUARIO IBERO CERRO DEL SASTRE

Santuario Ibero “Cerro Del Sastre”. Montemayor, Córdoba. Santuario de época ibérica, en torno al siglo III a.C.

Mientras tanto, su hermano Cneo continuaba con el cerco sobre una de las pocas ciudades de la campiña cordobesa que aún se mantenía leal a César: la fiel Ulia.

CABEZA DE CABALLO IBERICO

Cabeza de caballo íbero. Siglos III-II a.C. Museo de Ulia. Montemayor, Cordoba.

Siendo informados de la presencia del general romano en la región, los sitiados de Ulia acordaron enviar emisarios quienes, después de burlar las líneas enemigas, lograron llegar ante él para pedirle que los socorriese a la mayor brevedad posible.

César, consciente de la prioridad que suponía no perder una plaza tan importante desde el punto de vista estratégico, puesto que se emplazaba en pleno territorio controlado por los pompeyanos, y siendo la fidelidad de sus habitantes inquebrantable hasta esos momentos, ordenó partir de inmediato para reforzar sus líneas y defensas. Sería en torno a la segunda vigilia cuando el general envió seis cohortes de infantería junto a otras seis de caballería para intentar levantar el cerco impuesto por Cneo. Como oficial al mando de esta expedición, Julio César designó, personalmente, al praefectus L. Vibius Paciaecus, militar buen conocedor del territorio por dónde debían moverse y hombre experimentado de su máxima confianza.

La relación de César con la familia Paciaecus, élite local de la ciudad de Corduba, venía desde tiempo atrás. Su padre, Vibius Pacoaecus, en el año 85 a.C. fue quien ayudó a esconderse en una cueva en el Sur de Hispania (pulsa aquí para conocer esta historia) y salvar la vida a un joven llamado Marco Licinio Craso durante el transcurso de las guerras sertorianas, justo antes de su malograda expedición contra Sertorio en tierras norteafricanas.

Desde que salieron del campamento hasta alcanzar la zona considerada como hostil, los miembros de la infantería, despojados de la carga innecesaria que les proporcionaban sus armaduras, montaron sobre las grupas de los caballos. De esta forma, cargando cada animal con dos hombres, consiguieron aligerar la marcha y llegar hasta su objetivo.

PROYECTILES DE PLOMO

Proyectiles de plomo o Glandes. Siglos II – I a.C. Museo de Ulia. Montemayor, Cordoba.

Cuando las tropas de Paciaecus se aproximaban a Ulia, una inesperada tormenta se levantó en el lugar. Eran tan fuertes sus vientos y la lluvia tan cerrada, que apenas podían verse los unos con los otros; menos aún saber qué soldado marchaba al lado de quién. Pero este inesperado contratiempo supo convertirlo el prefecto de César en una gran ventaja a su favor. Conforme se iban acercando al campamento enemigo, L. Vibiusa Paciaecus ordenó que las monturas se emparejaran unas con otras y que todas fuesen juntas, en línea recta, hacia el oppidum.

IIIc - BOLAÑOS DE CATAPULTA

Bolaños de Catapulta de Diferentes Medidas y Tipos de Piedra. Época Romana. República. Museo de Ulia. Montemayor, Cordoba

Al preguntar la guardia quiénes eran los que por las inmediaciones se acercaban, Paeciaecus ordenó a los suyos que se mantuviesen en completo silencio. Con voz firme instó al centinela enemigo a permanecer callado porque, siguiendo órdenes expresas del comandante Cneo, iban a intentar tomar la ciudad por sorpresa. Los hombres de Pompeyo, impedidos en su visión por los efectos de la tempestad y al ser incapaces de reconocer a los militares que a las murallas se dirigían, quedaron conformes con la respuesta dada.

Con este ardid las cohortes de César cruzaron, sin complicación, las líneas enemigas hasta alcanzar las puertas de Ulia. Una vez allí, realizaron señas a guardia de ronda, solicitándoles que le facilitaran el acceso al interior del recinto rápidamente.

Logrado el objetivo principal, tan sólo quedaba por reforzar las maltrechas defensas en los puestos oportunos. Y, organizada y dispuesta la caballería e infantería, efectiva, L. Vibius Paciaecus, a voz en grito, dio la orden de atacar el campamento enemigo.

Esa noche el ejército de Cneo Pompeyo fue cogido por sorpresa; sus hombres, desorientados en un primer momento, huyeron ante el brutal ataque. Sólo cuando consiguieron recomponer las filas, pudieron restablecer la situación y continuar con su asedio.

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