Complejo termal

Los Baños de Alhama de Murcia

Nos situamos en los primeros siglos del Imperio, una etapa de la historia conocida como “Pax Romana”. Atrás quedaron los días de conflictos e inestabilidad, tiempos en los que se combatía por la defensa del territorio y para su conquista. La vieja Iberia recibe ahora la continua llegada de nuevos colonos, los cuales van extendiendo el manto de su cultura y costumbres por los cuatro puntos cardinales de la que ha quedado denominada como Hispania.

Carthago Nova, por su privilegiado emplazamiento natural y pasado de excelentes relaciones comerciales, se ha convertido en una de las ciudades que mejor ha absorbido este proceso de romanización. Su portus se perfila como el destino preferido para muchos de estos ciudadanos que llegan a él con el deseo expreso de encontrar unas tierras donde prosperar. Esta situación ha originado el crecimiento imparable de la urbe y una reocupación del territorio cercano.

CERRO DEL CASTILLO DE ALHAMA

Cerro del Castillo en Alhama de Murcia.

En este último caso es donde debemos situar al antiguo emplazamiento íbero localizado en la actual Alhama de Murcia. Un lugar en el que los nuevos habitantes echarán sus raíces y acabarán transformando el paisaje gracias a su forma de vida y a los conocimientos que para ella aportan.

A partir del siglo I d.C., la población íbera, asentada sobre la superficie amesetada de un altozano bien escarpado, presencia la llegada de los colonos romanos. Era este un emplazamiento situado en las proximidades de la antigua vía que enlazaba Carthago Nova con las minas de plata de Ilorci (actual Lorca, Murcia), dirección a la Baetica y a unas cuarenta millas al noroeste de la ciudad portuaria. Los nuevos habitantes ocuparán las tierras que se extiende a los pies del cerro, así como a lo largo del fértil valle por el que discurrían las vías fluviales.

MOSAICO DE LA DOMUS DEL ATRIO

Mosaico de la Domus del Atrio excavada en la Iglesia de San Lázaro y situada ésta en las inmedicaciones del Centro Arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

COPA DE GNATHIA

Copa de cerámica sobrepintada de Gnathia. Mediados del siglo III a.C. – inicios del II a.C. Ayuntamiento Viejo. Museo arqueológico de Los Baños. Alhama de Murcia.

Serán las domus construidas a las faldas del cerro y las villae de ámbito rústico las que, en general, definan el trazado urbanístico y el nuevo paisaje de los campos a partir de esos momentos. En consecuencia, se constituiría un importante núcleo de población rural durante los siglos I – III d.C. dedicado a la explotación de las tierras que ocupaba y al fruto que de ella obtenía.

Antes de la llegada de estos colonos, el contacto con otras culturas, como fueron la fenicia y la griega, resultaron muy importantes e influyentes para la comunidad indígena. En este sentido, debemos indicar que el asentamiento íbero se encontraba dentro de las rutas comerciales dirigidas hacia el interior por los pueblos que desembarcaban en las costas de Carthago Nova.

Con la presencia púnica se pasó al control absoluto del territorio, pero ahora lo hacían los itálicos que adaptaban el entorno primitivo a su forma de vida y costumbres. Este fue el caso, y así hicieron, con los manantiales de aguas salutíferas que brotaban a los pies del altozano en el que habitaba la población autóctona y sobre el cual construyeron un importante complejo termal, de uso terapéutico y recreativo, que perduraría en uso normalizado hasta el siglo IV d.C.

MOJON DE TERMINOS MUNICIPALES

Mojón de Términos Municipales entre Alhama y Totana, situado en el jardín del Museo Arqueológico de Los Baños a los pies del Cerro del Castillo. Alhama de Murcia.

Para la construcción de este nuevo balneario se aprovecharon las aguas calientes subterráneas procedentes de la sierra y que, desde tiempos ancestrales, habían sido utilizadas por los nativos con fines bien diversos. Debemos de entender que gran parte del territorio era rico en este tipo de recursos naturales y, por tanto, conforme se iban asentando las nuevas poblaciones, se iban aprovechando sus aguas salutíferas para la edilicia de termas romanas. Como en el caso de Alhama de Murcia, también sucedió en la cercana Fortuna y en Arache, por poner varios ejemplos.

SALA ABOVEDADA PARA EL BANO DE HOMBRES

Sala abovedada para el baño de hombres. Centro arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

Perpendicular al naciente hídrico se erigió un edificio de planta rectangular que se subdividió, principalmente, en dos salas alargadas cubiertas por bóvedas de cañón. La primera de estas estancias, aquella situada a la derecha, fue construida justo en el punto por el que brotaban las aguas. De esta forma, la piscina instalada en su centro y que contaba con una capacidad para ochos personas, permanecía colmada de forma continua.

Según las indicaciones que daba el arquitecto e ingeniero Vitrubio, muy posiblemente en estas instalaciones se preparara un pozo, revestido de madera y rematado con bloques de piedra en su parte superior, para la captación de las aguas. En el fondo del mismo quedaría una abertura, también cuadrada, por el que brotaría el líquido medicinal de forma controlada. Además, pudieron añadir algunos otros estanques a modo de espacios para las reservas.

MANANTIAL DEL BAÑO

Interior del manantial del baño. Centro Arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

El fluido caliente pasaba a la primera sala a través de una mina horizontal excavada en la piedra. Desde la propia salida del manantial se habilitó una conducción que permitía distribuir el agua a la piscina de la segunda sala termal, la cual tenía cabida para once bañistas.

Realmente fueron cuatro los manantiales medicinales que nutrían de caudal al balneario. Dos de ellos estaban localizados en el interior de las instalaciones y un tercero en sus proximidades. Las aguas de estas tres fuentes naturales podían alcanzar temperaturas de hasta 45ºC, es decir, superiores a 36ºC y, por lo tanto, catalogadas como calientes.

Además de la temperatura elevada, las aguas también eran inodoras, cristalinas, transparentes y de un sabor ligeramente amargo. No debe de extrañar esta última cualidad puesto que una de las terapias de los enfermos que allí acudían consistía en la ingesta del líquido medicinal.

En la antigüedad, Vitrubio, por seguir con este autor, recomendaba el baño de aguas mineralizadas calientes para los tratamientos de relajación, acciones sedantes, fatiga muscular e, incluso, para las heridas y úlceras o para dolencias provocadas por la gota. Actualmente, este tipo de aguas, cuando oscilan entre los 26ºC y los 41ºC, se siguen prescribiendo en los cuadros diagnósticos de tipo reumáticos, artrosis y demás problemas óseos.

INTERIOR DE LA SALA PARA HOMBRES

Interior de la primera sala abovedada destinada al baño de hombres. Centro Arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

Una vez eran utilizadas las aguas, se evacuaban por unas cañerías subterráneas que las trasladaban hacia un depósito donde eran evacuadas, justo a las afueras del entramado urbano.

ESCALONES DE ACCESO AL INTERIOR DE LAS SALAS

Escalones de acceso al interior de las salas termales. Centro Arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

A la entrada de ambas salas abovedadas se preparó un pequeño recibidor que daba paso a su interior. Una vez dentro, los ciudadanos podían disfrutar de unos baños de vapor generados por la propia temperatura condensada en la estancia o, por el contrario, sumergirse en las calientes aguas mineralizadas. En este último caso, los bañistas que precisaban de un tratamiento para todo el cuerpo, descendían lentamente por unos escalones hasta permanecer cubiertos bajo el fluido salutífero. Aquellos que acudían a la balnea por dolencias en sus extremidades inferiores, pasaban a sentarse sobre el borde de la piscina e introducían, exclusivamente, su pierna afectada. En ningún caso, los baños de estas dos salas estaban ideados para la práctica de la natatio.

Para el buen tratamiento de los problemas de salud, se recomendaba sumergirse en el interior de las piscinas de forma pausada y con cuidado de no agitar demasiado sus aguas, ya que el vapor que se generaba a partir de las mismas podía afectar negativamente al individuo. El enfermo debía entrar relajado y sin realizar demasiados movimientos para que, de esta forma, su cuerpo recibiera la mejor acción terapéutica fruto de la mineralización.

Existieron dos salas termales con piscinas centrales independientes porque el balneario contaba con una separación de ambientes para cada sexo. Esto es, una sala destinada al baño sólo para hombres y otro al de las mujeres.

SALA ABOVEDADA PARA EL BANO DE MUJERES

Sala abovedada para el baño de mujeres. Centro Arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

Las bóvedas de cañón contaban con aberturas a las que se le instalaban una especie de tapadera, las cuales y con ayuda de unas cadenas, permitían abrirlas o cerrarlas según necesitarán graduar, más o menos, la temperatura en el interior de las salas. Estos óculos eran imprescindibles para renovar el aire caliente y regular la temperatura ambiental, además de variar la intensidad de los vapores minerales que se generaban.

BOVEDA CON ABERTURA

Bóveda de cañón con abertura en sala para el baño de mujeres. Centro Arqueológico Los Baños. Alhama de Murcia.

El vapor obtenido en los interiores de las salas, así como en el propio espacio donde se captaban las aguas mineralizadas, ayudaban a provocar la sudoración en los enfermos con dolores crónicos o de difícil sanación, así como para los que tuviesen problemas respiratorios. Estos individuos, una vez recibido el tratamiento con baños de vapor, que no podían prolongarse por mucho tiempo, debían de pasar a los baños ordinarios con temperaturas más bajas.

A parte de los huecos en las bóvedas, también existían pequeñas aberturas de comunicación entre ambas salas. Su función era la de compartir y disfrutar del mismo ambiente salutífero que el generado dentro del espacio subterráneo situado al nivel del manantial.

El alumbrado artificial de las salas debemos imaginarnos que se realizara mediante el uso de lucernas, las cuales se colocaban, estratégicamente, en el interior de las estancias.

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