Catoira

Las incursiones vikingas por el Ulla

Cuando arribaron a nuestras costas por primera vez, pudieron hacerles frente en las cercanas aguas del Faro Brigantium. Hombres de la talla de Ergica y Olmundo de Erice consiguieron rechazarlos, incluso acabaron incendiando gran número de sus naves. Fue esta una importante victoria, bien festejada por los supervivientes de las mesnadas allí reunidas. No sólo se consiguió la derrota y huida de los nórdicos, también trasladar sus razzias a las fronteras del califa andalusí.

DRAKKARS SOBRE EL RIO ULLA

Drakkars sobre el río Ulla. Catoira, Pontevedra.

En esos momentos el reino se sintió fuerte, infranqueable. Se había evitado la amenaza que acechaba a la población, los campos de labranza y templos. Pero este fue un gran error, el exceso de confianza y seguridad. Los sarracenos, nuestros enemigos en el Sur, conocieron de la crueldad de los guerreros venidos de las tierras heladas del Norte y se prepararon a conciencia para prevenir futuras incursiones. En cambio nosotros no lo hicimos y ahora han vuelto, una vez más.

TORRE DE HERCULES

Faro Brigantium o Torre de Hércules. A Coruña.

Desde la victoria en el viejo faro se habían disfrutado de algunos años de tranquilidad y sosiego. Pero fue bajo la regencia de Ordoño, sucesor del difunto Ramiro, cuando las embarcaciones de los Lormanni o Lordomani, como se les conocen, volvieron a surcar nuestras aguas. Ignoramos si este hecho se debió al fruto de sus expediciones de reconocimiento o, por el contrario, simplemente fueron aconsejados por alguno de los señores de los reinos más allá de las montañas. El caso fue que las naves de guerra vikingas penetraron por la vía natural que los conduciría directamente hacia el puerto de Iria Flavia, puerta de entrada a Sancti Iacobi.

Desembarcaron a orilla de la ría, un paraje repleto de playas y recodos con gran número de ínsulas, muy similar a las tierras de origen de estos salvajes paganos. Fue en este espacio donde montaron su campamento de campaña que utilizaron como base principal a la hora de remontar el Ulla hacia el interior y alcanzar la plaza que hasta entonces albergaba el palacio obispal.

PEQUEÑA INSULA

Pequeña ínsula con cruceiro. Río Ulla a su paso por Catoira, Pontevedra.

Durante su avance, y hasta llegar a Iria Flavia, atacaron e incendiaron cuanta aldea y poblado encontraron a su paso. Asesinaron vilmente a todo hombre que les salió a su encuentro, también a viejos y religiosos; tomaron como cautivos a mujeres y niños que no pudieron o no supieron ofrecer resistencia; saquearon templos y robaron cuanto animal pudieron utilizar para su avituallamiento diario.

04 - SANTIAGUIÑO DO MONTE

Santiaguiño do Monte en el recorrido del río Ulla. Según la tradición, fue el lugar escogido por el Apóstol Santiago para predicar entre las gentes del lugar. Padrón, A Coruña.

Lo mismo aconteció en la plaza de la sede episcopal bajo una jornada que, por su crueldad, aún permanece en el recuerdo de sus moradores. El clero, avisado a tiempo de la inminente llegada de estas despiadadas huestes y sobre las barbaries que sufrían los fieles de las aldeas cercanas, consiguieron refugiarse tras las murallas de la villa de Sancti Iacobi. Desde allí intentarían vender caras sus almas con el fin de proteger los restos del Santo Apóstol y las ofrendas que en el recinto se custodiaban.

Y en las puertas del sagrado lugar acamparon los Lornanni, con sus armas y protecciones manchadas de la purpurea sangre cristiana derramada. Una imagen dantesca fue la que presenciaron los impotentes habitantes desde los adarves mientras los vikingos, con gestos soeces y amenazadores, se disponían a preparar el sitio.

PORTA DE MAZARELOS

Porta de Mazarelos. Es la única puerta que se conserva de la antigua muralla. Santiago de Compostela.

Con idea de intentar levantar el cerco, señores y religiosos, previamente reunidos en asamblea, buscaron negociar con el caudillo de estos guerreros sedientos de sangre y botín. Se propuso reembolso de tributo a fin que desistieran en su empeño, mas todos los intentos resultaron inútiles a sabiendas que los invasores eran plenos conocedores de los tesoros que tras las puertas se guardaban.

No sería hasta la llegada del noble Pedro, encabezando el ejército de auxilio enviado por Ordoño, cuando finalmente se combatió al enemigo y se logró expulsarlo mar adentro.

Según relatan los más ancianos, cumplida la centuria desde los últimos ataques vikingos y su expulsión a la lejana y fría Escantinavia, alentados ahora por los señores normandos una vez concluidas sus guerras con los reinos francos, una nueva flota de drakkars, en esta ocasión comandada por un tal Gunderedo, volvía a navegar por aguas del Ulla con el único objeto de atacar Sancti Iacobi.

DRAKKARS SOBRE EL RIO ULLA

Drakkars sobre el río Ulla. Catoira, Pontevedra.

También es cierto que el Obispo Sisenando, prelado de la diócesis y hombre ducho en el arte de la guerra, se había anticipado a las posibles agresiones que pudiera sufrir su plaza con la llegada de estos guerreros. Tiempo atrás, presagiando una posible amenaza, demandó al monarca Sancho la necesidad apremiante de reforzar las defensas del recinto sagrado y otros puestos importantes de la región por los que pudieran producirse los probables ataques; solicitudes todas ellas que el rey aceptó.

Petroglifo en Catoira con Torre Oeste detrás. Pontevedra.

Las naves de Gundraed retomaron la vía fluvial hasta alcanzar el puerto de Iria Flavia, devastando campos y poblados por donde pasaban los invasores. En esta ocasión volvieron a acumular ingentes cantidades de botín.

Tras las malas nuevas que llegaban a la villa de Santiago en relación a estos nuevos ataques vikingos, quiso el Obispo organizar su ejército y salir al encuentro de los enemigos; por todos los medios debía intentar mantenerlos fuera del alcance de los restos del Apóstol.

Y en las proximidades de Frosnellos tuvo lugar el enfrentamiento, desgraciadamente con un final trágico para nuestros estandartes. En el mismo perecería el valeroso y santo Obispo junto a gran número de excelentes espadas. Los supervivientes, sin líder que los comandara, corrieron a refugiarse tras las murallas sino caían antes bajo la furia del acero vikingo.

SEPULTURAS EN PIEDRA

Sepulturas medievales labradas en piedra de Iglesia de Santa María a Maior. Iria Flavia. Padrón, A Coruña

La victoria sobre las huestes del rey no hizo sino enardecer aún más a los invasores, los cuales, tras rendir solemne despedida a sus caídos y conscientes que el rebaño carecía de pastor, se dedicaron al pillaje por estas tierras libremente y sin que nadie mediase para evitarlo. Así fue como aldeas, templos y monasterios volvieron a ser devastados.

Rápidamente cundió el pánico entre la población que corría a buscar refugio allí donde podía. El bronce de las campanas no cesaba de doblar alertando de los peligros y amenazas mientras que viviendas y campos se arrasaban.

Ante la triste pérdida de Sisenando, don Sancho no dudó en nombrar a Rudesindo, anterior Obispo de San Martín de Mondoñedo, como principal en estas partes de su reino. A él le fueron encomendadas la administración de la diócesis de Sancti Iacubis y la obligación de reunir con apremio un nuevo ejército para detener las incursiones sanguinarias de los Lormanni y sus correrías por estas sufridas tierras.

A las levas improvisadas del señor Obispo se le unieron las huestes enviadas por don Sancho, cuyo gobierno quedó establecido bajo el mando del Conde González Sánchez. Sólo con la unión de ambos contingentes y la ayuda santísima de Santiago Apóstol se consiguió vencer a los invasores, dando muerte al mismísimo Gundaredo y expulsando al resto de la fuerza enemiga fuera de nuestras costas. Las malas lenguas aseguran que, aún muy debilitados los nórdicos, continuaron con sus acciones de rapiña por fronteras del monarca andalusí.

CAPILLA DEDICADA AL APOSTOL SANTIAGO JUNTO A UNA DE LAS TORRES

Capilla dedicada al Apóstol Santiago junto a una de las Torres Oeste. Catoira, Pontevedra.

No hace mucho tiempo regresaron, pero esta vez a través de la vía fluvial del gran Minio. En esta ocasión alcanzaron la diócesis de Tui, cuyo destino fue el mismo que en periodos anteriores sufriera Iria Flavia. Es decir, completamente saqueada y destruida por las hordas comandadas por un tal Olaf Haraldson.

PUERTA ARCADA EN LAS RUINAS DE LAS TORRES DE OESTE

Puerta arcada en las ruinas de las Torres de Oeste. Catoira, Pontevedra.

Pero semanas atrás llegaron emisarios con preocupantes noticias. Desde los puestos avanzados de vigilancia se han avistado en el horizonte las temibles embarcaciones revestidas con sus escudos redondos y proas decoradas con las características bestias infernales que las distinguen. Se ha corrido la voz que al mando de ellos se encuentra un despiadado guerrero llamado Ulf.

RUINAS DE UNA DE LAS TORRES OESTE

Ruinas de una de las Torres Oeste. Catoira, Pontevedra.

Nuestro ahora soberano, Bermudo III, no ha dudado en preparar levas para intentar contrarrestar el posible ataque vikingo. Sancti Iacobi permanece alerta con un ejército bien pertrechado y protegida bajo los muros que el Obispo Sisenando ordenó reforzar tiempo atrás.

El Obispo Cresmonio, actual líder espiritual, ha obtenido del rey la confirmación para fortalecer, no sólo la plaza, sino también la entrada natural a Iria Flavia desde la desembocadura de la ría y con ella la vía del Ulla. En esta ocasión se han levantado construcciones que permitan defender con algunas garantías este espacio del territorio y acceso hacia el interior.

Por fin concluyeron las obras de los Castellum Honesti, como así han quedado bautizadas y para los que fuimos llamados carpinteros, constructores, canteros y demás gentes del lugar. Una mano de obra que ahora forma parte de las huestes del Obispo, la cual tiene la encomienda de frenar, en primera línea, el avance de las naves de Ulf antes de que penetren por la vía fluvial.

Esta mañana el cielo ha despertado cerrado, completamente ennegrecido. Si bien estamos acostumbrados a este medio, un mal presagio recorre nuestras entrañas mientras que el sudor frío del miedo lo hace por la frente. Un terror que nos hace creer que los salvajes paganos, adoradores del diablo, arrastran consigo el germen de sus tierras malditas. También ha empezado a llover.

TORRES OESTE

Castellum Honesti o Torres Oeste. Catoira, Pontevedra.

Desde varias jornadas de ansiosa espera, los hombres, empapados y hambrientos, temen ver aparecer entre las brumas las siluetas de las naves enemigas acercarse hasta esta posición. Cada vez que se da una voz de alarma, un silencio sepulcral invade las defensas. En esos momentos agudizamos nuestros oídos intentando escuchar cualquier ruido que presuma el crujir de las cubiertas o el ruido de sus remos rompiendo sobre la corriente de las aguas.

DRAKKARS SOBRE EL RIO ULLA

Drakkars sobre el río Ulla. Catoira, Pontevedra.

Todos estamos nerviosos, intranquilos. Somos conscientes que muchos, por no decir todos, no regresaremos a nuestros hogares. Pero por la magnitud de nuestra encomienda, debemos evitar que vuelvan a surcar el Ulla. Mal armados y peor protegidos, se nos recuerda una y otra vez que estos guerreros, de espesas barbas color del fuego y enormes hachas, no pueden alcanzar la casa de Santiago Mayor, cueste lo que cueste.

Notas tomadas de la cartelería del yacimiento:

El recinto defensivo de Torres de Oeste es uno de los más importantes conjuntos arqueológicos e históricos de Galicia. Se sitúa sobre un promontorio pedregoso, en la orilla sur del río Ulla que, unido a tierra firme por una junquera, prácticamente llega a convertirse en una isla con las pleamares, lo que contribuye a su insularidad e inexpugnabilidad.

El antiguo origen del asentamiento es aceptado por la práctica totalidad de los autores, pero mientras la mayoría defiende su atribución a época romana, identificándolo con la turrem Augusti citada por Pompolio Mela, otros propugnan un origen más antiguo (fenicio, cultura de los castros) y su posterior aprovechamiento por los romanos. De hecho, las sucesivas excavaciones arqueológicas realizadas en el recinto muestran la existencia de un poblado indígena, dedicado desde épocas muy tempranas al tráfico marítimo, y una intensa circulación de mercancías.

CASTELLUM HONESTI

Castellum Honesti o Torres Oeste. Catoira, Pontevedra.

El motivo de la construcción de la arquitectura militar de turrem Augusti sería la defensa del enclave portuario de posibles ataques de piratas y el control del curso flucial del Ulla como entrada natural hacia el interior de Galicia. Los mismos argumentos preventivos fueron los que se valoraron en época alto medieval para reforzar este enclave con la construcción del Castellum Honesti, después llamado castillo de Oeste.

TORRE OESTE

Torre Oeste de Catoira. Pontevedra.

Las Torres de Oeste impidieron durante siglos el ascenso por el Ulla de los piratas vikingos y sarracenos, formando parte de un sistema defensivo certero que lograba frenarlos y que fue organizado por la monarquía (Alfonso III el Magno, Alfonso V de León, Alfonso VI) y los obispos compostelanos (Sisenando II, Cresconio, Diego Peláez y Gelmírez, nacido en esta misma fortaleza en torno al año 1068)

Durante la Edad Media, las Torres de Oeste sirvieron a la defensa de la tierra de Santiago, pero también a la administración de las tierras circundantes y al control del peaje de las mercancías que subían por el Ulla, además de ser residencia de la Mitra compostelana y prisión del señorío episcopal.

Las Torres de Oeste fueron declaradas Monumento Histórico-Artístico por Decreto de 3 de junio de 1931.

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