Duro castigo en la Bastetania

El poblado íbero del Cerro de la Cruz. Almedinilla

No hizo falta esperar a la caída de la noche; no era necesario buscar el amparo que brinda la oscuridad. Sabíamos perfectamente que dentro del oppidum apenas encontraríamos resistencia. Y cumplimos con nuestras órdenes.

De esta forma iniciaba su relato un miembro de las legiones romanas mientras intentaba entrar en calor ayudado por un vaso de caldo y las brasas de un hogar improvisado en el castrum de campaña levantado en territorio de la Bastetania íbera. Habían pasado pocas horas después de llevar a cabo una acción de castigo sobre un poblado íbero próximo. Satisfecho por el trabajo realizado, narraba los acontecimientos a sus compañeros de otras centurias.

RECREACION DE VIVIENDA IBERA

Recreación de vivienda íbera en yacimiento Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

Las órdenes del legado fueron simples y concisas: una vez dentro, matar a todo aquel con capacidad de empuñar arma o a cualquier otro que ofreciera un mínimo de resistencia, inclusive a los viejos de los que no obtendríamos ni un mísero denario en los mercados; destruir el poblado hasta que no quedara muro en pie; y tomar a todos los esclavos posibles como botín.

TINAJA IBERICA

Tinaja ibérica de grandes dimensiones en Museo Histórico Arqueológico de Almedinilla. Córdoba.

El mensaje debía de servir para el resto de tribus y reyezuelos que habitan los alrededores: si no aceptas la autoridad de Roma, sus legiones te aplastarán. Además, el presuntuoso líder de esta comunidad ya no seguirá ensalzándose, tal y como lo hizo de forma tan petulante cuando respondió a nuestra misiva, afirmando que no precisaba del apoyo de ningún extranjero para la prosperidad de su pueblo. Ahora, en el inframundo y en compañía de Plutón, ya puede seguir manteniendo sus relaciones comerciales con la que llaman Gadir; o presumir de las calles y plazas de un poblado arrasado.

Sentado sobre el tronco de un árbol y arropado bajo el sagum de lana amarronada, el veterano legionario frotaba sus manos frente a las tenues brasas del hogar, mientras daba pequeños sorbos a la comida, esperando entrar en calor cuanto antes. – Odio el maldito frio nocturno de estas tierras. Compadezco a los que nos reemplacen cuando nos licenciemos y volvamos a casa. – afirmó con contundencia mientras el resto de soldados, cerrados en círculo, asentía con un simple gesto de cabeza.

Parte de la tropa accedió al interior del poblado por las defensas levantados al Sur y el resto lo hicimos por la muralla oriental. Las posibilidades de entrar por el Norte u occidente habían sido desechadas desde un primer momento debido a que toda esa zona es terreno escarpado y de difícil avance. Además, irrumpir por donde lo hicimos nos permitió ejecutar una maniobra envolvente que impidió huir a los nativos con cierta comodidad.

RESTOS DE LA PUERTA AMURALLADA DE LA FORTALEZA

Restos de la puerta amurallada de la fortaleza en las inmediaciones del yacimiento íbero de El Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

Una vez dentro, y antes de que repararan en nuestra presencia, pudimos ver como estos infelices continuaban afanados en sus tareas cotidianas. Me dio la impresión que el aviso dado los días previos no hizo mucha mella en sus conciencias, pues allí estaban construyendo y reparando sus viviendas y calles como si nada. Vamos, que ni por asomo pensaban lo que se les venía encima.

Recuerdo que a lo lejos vimos a un porteador, tal vez un comerciante o mercader, llevando un carro tirado por bueyes y cargando con grandes envasados de cerámica. Accedía a uno de esos patios a los que le estaban ampliando su puerta de entrada por una de las vías principales del poblado. Desde la distancia se distinguían los bloques de adobe, apilados en pequeñas montañas, listos para ser utilizados en la construcción. Y fue justo en el momento de maniobrar el transporte, girando la curva hacia el interior del recinto, cuando el indígena nos avistó y dio la voz de alarma.

PATIO PARA EL ACCESO DE CARROS

Patio al que se permitía el acceso de carros tirados por bueyes. Yacimiento íbero de El Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

Corrimos como verdaderos demonios para evitar que nos bloquearan las enormes puertas, pero, gracias a los dioses, las bestias que tiraban del carro no estaban para muchos esfuerzos. Pudimos impedirlo a tiempo, aunque no evitamos que el carruaje permaneciera en mitad del vano obstaculizando la entrada.

Con bastante dificultad logramos salvar tal impedimento y penetrar, como un verdadero vendaval, al interior del poblado. Por los dioses, nos sentíamos el brazo ejecutor del mismo Júpiter. Nos hallábamos en un enorme patio, amplio y despejado, pero del mercader no había ni rastro. Debió correr para esconderse en una de esas viviendas malolientes. ¡Y cómo corrían los malnacidos al vernos entrar y desplegarnos en formación de ataque! ¡Menudo aviso de bienvenida dimos!

Algunos nativos con los que nos topamos huyeron a ocultarse en sus casas, otros intentaban escapar como podían. En cambio otros, los más aguerridos, salieron a hacernos frente en mitad de la calle. Y fue en ese mismo instante cuando las legiones de Roma se emplearon de verdad.

RECREACION EXTERIOR VIVIENDAS POBLADO IBERO ZONA BAJA

Recreación de viviendas del poblado íbero en la zona baja del yacimiento El Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

De repente, como de la nada, dos de estos bárbaros aparecieron a nuestras espaldas. Debían formar parte de una misma familia, ya que su aspecto era bien parecido y creo que ambos salieron de la misma vivienda. El caso fue que intentaron tomarnos por la retaguardia, consiguiendo, incluso, que algunos de los nuestros rompieran la formación desplegada en mitad de la plaza. Pero, desvanecido el factor sorpresa, pudimos reordenarnos a tiempo y plantarles cara.

Los malditos se defendían bien con sus caetras recubiertas de metal, eso os lo prometo por los manes más sagrados. Nos costó llegar a sus cuerpos con los gladius, pero lo conseguimos finalmente. A uno de ellos, el que parecía más joven, pudimos herirle en el tobillo, lo que hizo que bajara la defensa. Esto nos permitió asestarle un nuevo tajo en el hombro cuyo brazo sostenía el escudo circular. Con el segundo golpe, cayó al suelo y allí mismo, desprotegido, lo acuchillamos bien.

VIVIENDAS EN LA ZONA INFERIOR

Distribución del interior de vivienda en la zona inferior del yacimiento El Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

El otro estúpido, al ver caer a su compañero, no sé si fue a ayudarlo o que simplemente tropezara con su cuerpo, pero la cuestión es que se desequilibró bajando también la guardia. Y esa sería la ocasión que aprovechamos para echarnos sobre él como perros rabiosos y apuñalarlo tantas veces como pudimos.

El itálico seguía bebiendo de su caldo a pequeños sorbos, a la vez que daba tremendos bocados a una hogaza de pan duro. Con la boca llena y las mejillas salpicadas de migas, continuó relatando los hechos ocurridos esa misma mañana.

RESTO DE MOLINO EN VIVIENDA

Restos de molino en vivienda. Yacimiento íbero El Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

– Maldigo a esos dos indígenas, por culpa suya perdimos un tiempo precioso para intentar encontrar algo de valor antes de que empezaran a incendiar las cabañas. Al enfrentarnos a esos dos bárbaros, nos separamos del resto del grupo y cuando por fin logramos anularlos, el resto de los hombres ya habían iniciado el registro en el poblado a la búsqueda de esclavos. Por ese motivo, desechamos inspeccionar el conjunto de viviendas situadas en el tramo de calle que ascendía a la derecha de donde nos encontrábamos y, en su lugar, decidimos rodear la manzana y recorrer la paralela hasta alcanzar las viviendas más alejadas. En ese momento pensamos que allí tendríamos mayores posibilidades.

En el transcurso de la carrera vimos a varios de los nuestros intentar apresar a uno de los nativos en mitad de la calle, pero el muy cerdo se resistía con uñas y dientes. Pienso que los compañeros, agotada su paciencia, terminaron cansándose de la situación. Uno de ellos desenvainó su gladius y de un solo tajo cercenó, limpiamente, el brazo al bárbaro.

Os aseguro que yo hubiese hecho lo mismo. Si un esclavo, al que le pudiera sacar un buen partido, no fuese para mí, tampoco desearía que fuese para otro. Así que mutilado, ¿quién lo querría? ¿Y si vierais como corría el desmembrado campo a través? Por los dioses, parecía un puerco desangrándose y chillando; no creo que llegara muy lejos.

VIVIENDA 1 DE ARFARERO OLFEBRE Y TEJEDORES

Vivienda 1 de alfarero, orfebre y tejedores. Yacimiento arqueológico Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

Como os decía, una vez las calles quedaron despejadas y sólo los perros merodeaban por el lugar en busca de carroña, empezamos a entrar en las viviendas. En nuestro caso, sólo pudimos revisar aquellas que quedaban en extremo oriental antes de que arrimaran la brea y las antorchas.

ANFORAS IBERO PUNICAS DEL CERRO DE LA CRUZ

Ánforas ibero-púnicas procedentes del yacimiento Cerro de la Cruz. Museo Histórico Arqueológico de Almedinilla. Córdoba.

En la primera inspeccionamos toda su planta baja hasta llegar al interior de una especie de patio. En él comprobamos que habían estado moliendo el cereal momentos previos, ya que toda el suelo se encontraba cubierto por granos esparcidos. Imagino que abandonarían sus tareas cuando dieron la voz de alarma. Yo pude acceder a un habitáculo que quedaba justo al lado de donde tenían dispuestos los molinos de mano. Recuerdo que se trataba de una pequeña habitación bien blanqueada y en su interior, entre dos enormes ánforas orientales apoyadas contra el muro, encontré esta maravilla.

El legionario se levantó lentamente el sagum y, sujetado al balteus que amarraba su cintura, mostró a los allí reunidos una preciosa falcata de espléndida obra artesanal. La desenganchó de la correa de cuero para entregarla en mano al soldado sentado a su derecha. Este la tomó con firmeza, extendiendo su brazo para testar su peso y equilibrio. Se trataba de una pieza de muy buena calidad, forjada con excelentes metales y mejor aún equilibrada y afilada. Antes de pasarla al siguiente soldado, se quedó observando, detenidamente, las magníficas filigranas que tenía tallada en la empuñadura.

FALCATA DE ALMEDINILLA

Falcata de Almedinilla (reproducción). Actualmente la original se encuentra expuesta en el MAN Madrid. Museo Histórico Arqueológico de Almedinilla. Córdoba.

– Esto fue lo único que pude sacar de la incursión, aparte de varios esclavos que he adquirido. Los habitantes del poblado, pastores y granjeros en su mayoría, apenas contaban con plata o, por lo menos, nosotros no llegamos a verla ¡Nos habían dicho que eran excelentes orfebres trabajando el metal precioso! – Continuó relatando el legionario – Cuando abandonamos la vivienda, escuchamos ruido en su planta superior. Alguien subiría a esconderse, pero os garantizo que de allí no volvieron a salir. Ja, ja, ja. – Rompió a reír el soldado. – Con una buena viga que encontramos cerca fijamos bien la puerta de la casa para que no pudieran escapar.

Terminada la primera casa, pasamos a la contigua. Pero, esta vez, lo primero que hicimos fue asegurarnos que en su planta superior no hubiese nativos ocultos.

DISTRIBUCION DE VIVIENDA IBERA VISTA DESDE ARRIBA

Distribución de vivienda íbera vista desde arriba. Yacimiento arqueológico Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

En la estancia de abajo, en una olla de cerámica colocada sobre el hogar, aún se conservaba caliente la comida que habían estado cocinando; un riquísimo guiso preparado a base de trozos de caprino y vegetales.

Ascendimos con cautela por las escaleras y, efectivamente, en lo que parecía ser una estancia utilizada para la fábrica de paños y otros atuendos, en el suelo permanecían tumbados una madre con varios de sus hijos pequeños sin hacer ruido. Ahora algunos de ellos me pertenecen; buenas monedas he pagado por estos esclavos y su comida a la espera de poderlos vender en Roma. – Quiso aclarar el legionario para presumir ante el resto de soldados.

REPRODUCCION DE TELAR IBERO

Reproducción de telar íbero. Museo Histórico Arqueológico de Almedinilla. Córdoba.

La madre miró a los ojos del soldado que asomaba su cabeza por la parte superior de la escalera y, sin mediar palabra, se abalanzó sobre él completamente encolerizada. Lástima de hembra – Puntualizó el soldado – Podríamos haber sacado un buen partido por esa mujer si no hubiese tenido que probar el metal de nuestras armas. Los pequeños, viendo el destino de su madre, no hicieron amago alguno por revolverse. A todos ellos los sacamos a la calle y continuamos revisando la vivienda por si encontrábamos algo de valor. Pero, desgraciadamente, nada que valiera la pena.

A la última que pudimos acceder ya habían sacado a todos sus habitantes. En el sótano, al que bajamos por una trampilla con escalera y en el que apenas había espacio para moverse, conservaban un gran número de ánforas donde almacenaban el cereal. También vimos varias herramientas para trabajar el campo y arreos de caballo, pero nada interesante. Estoy completamente seguro que los compañeros se nos habían adelantado.

Cuando corrimos a entrar en otra de las viviendas, llegaban los chicos con las antorchas listas para arrasarlo todo. Ya nada pudimos hacer que no fuera regresar con el resto y esperar nuevas órdenes. Y en esto que nos disponíamos a amarrar a los esclavos cuando escuchamos unos gritos procedentes de la primera casa que habíamos registrado. ¿Y a que no imagináis quién asomaba su cabeza entre las llamas antes de que se desplomara la techumbre de cañizos y ramajes? El mismo nativo que habíamos visto, en un principio, montado en carro y dar la voz de alarma; ese mismo que desapareció cuando irrumpimos en el al patio. Ja, ja, ja – Volvió a reír el legionario – Con guerreros como este podemos dar por finalizada la campaña antes de empezarla. Ja, ja, ja. – El resto de soldados acompañaron con sus carcajadas la ocurrencia de su compañero.

VIVIENDA ADOSADAS EN EL POBLADO IBERO

Viviendas adosadas en el poblado ibero. Yacimiento arqueológico Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

En poco tiempo el poblado quedó envuelto en llamas, sus muros de adobe desplomándose uno tras otro y nosotros con una excelente partida de esclavos. Una verdadera pena; debo de admitir que las construcciones de estos pastores eran bastante buenas.

ESTANCIAS DE COMESTIBLES

Estancias de vivienda destinadas al almacenamiento de comestibles. Yacimiento arqueológico Cerro de la Cruz. Almedinilla, Córdoba.

Hoy por la mañana se tiene pensado pasear la cabeza del reyezuelo junto a las de sus nobles por todos los oppidum de esta zona. Seguro que ahora se lo piensan dos veces antes de menospreciar a Roma y a todo lo que representa. En fin, ha sido un verdadero placer entablar tan amena conversación con unos buenos compañeros como vosotros, pero las obligaciones son las obligaciones.

A la hora prima toca relevo en las ruinas de ese poblado que, posiblemente, todavía siga ardiendo. El legado quiere asegurarse que nadie acceda a él para intentar recuperar algún cuerpo o alguna de sus pertenencias y, menos aún, que intenten reocuparlo. Por lo menos, permaneciendo en sus proximidades no pasaré tanto frío como en el castrum, aunque me temo que no podré quitar la focale de la cara sino quiero estar respirando ese maldito olor a carne de indígena chamuscada.

Notas explicativas del yacimiento Cerro de la Cruz >>

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2 pensamientos en “Duro castigo en la Bastetania

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