Dolmen de Axeitos

Un ejemplo de megalitismo gallego. Ribeira, A Coruña

El hombre del Paleolítico abandonó el abrigo de sus cavernas, sufrirá un cambio radical con la llegada de la agricultura a sus vidas. A partir de esos momentos, sin pretenderlo, plasmará su huella en el paisaje europeo con la construcción de monumentales mausoleos conocidos en Galicia como mámoas. A partir de entonces, la simbiosis entre hombre y naturaleza quedará representada por el megalistismo.

En el periodo de la prehistoria definido como Neolítico (Nueva edad de la piedra), las aguas del Atlántico se convirtieron en la principal fuente de contactos del territorio gallego, funcionando sus rías como verdaderas arterias de comunicación hacia el interior. Este hecho quedaría plasmado con una distribución y dispersión geográfica que abarcaría desde el litoral o espacios bajos de los valles del interior, hasta las tierras medias y altas.

Galicia contaba con una temperatura media más elevada que la actual, con grandes lluvias, lo que favoreció a la aparición de paisajes con abundante vegetación, rodeada de grandes praderas y bosques. Los grupos humanos de este periodo se asentaron en lugares guarnecidos entre las rocas o bien creaban refugios al aire libre, aprovechando las variadas posibilidades que les ofrecía el terreno: espacios llanos, sobre vertientes de acusado declive, espolones a media ladera o colinas aisladas. En ellos cavarán zanjas donde colocaban los postes sobre los que disponían las cubiertas fabricadas con ramas y variada vegetación.

Dolmen de Axeitos. Ribeira, A Coruña.

La actividad agrícola, itinerante en el neolítico, tiene una base cerealista; se practicará abriendo parcelas de bosque mediante el uso del fuego, abandonándolas al cabo del tiempo y permitiendo, de esta forma, la regeneración del arbolado. Los bóvidos y los ovicápridos, en especial las ovejas, sustentarán la ganadería y la actividad pastoril. Por su parte, la recolección y la caza parecen jugar un papel importante en todo lo largo del Neolítico gallego, siendo la pesca y el marisqueo recursos alternativos entre las poblaciones del litoral.

Podría ser en torno al último tercio del V milenio cuando aparezcan las primeras construcciones megalíticas (mega=grande, lito=piedra) en Galicia. Estas se caracterizarán por construcciones dolménicas de tamaño reducido, bajo túmulos también pequeños. Aunque estos enterramientos individuales no llegan a alcanzar un carácter monumental, los primeros hombres ya empiezan a alterar el paisaje y el medio físico donde habitan.

DOLMEN DE AXEITOS

Dolmen de Axeitos. Ribeira, A Coruña.

Antes de las construcciones megalíticas, los únicos referentes espaciales a los que podrían recurrir los primeros hombres eran los grandes afloramientos rocosos utilizados hasta entonces como espacios habitacionales, incluso también de enterramientos si en ellos se producía cierta amortización.

La colectivización del enterramiento corresponderá, más bien, a una segunda oleada de construcciones que tendrán lugar en los primeros siglos del IV milenio, siendo los más representativos aquellas sepulturas con corredor: cámaras funerarias levantadas con enormes losas para las que fueron precisas grandes recursos humanos, que hoy conocemos como dólmenes (Tol=mesa, men=piedra), las grandes mesas de piedra.

Colocadas verticalmente, las monumentales piedras formaban lo que se conoce como cámara y corredor de acceso. Finalmente, el dolmen quedaba sepultado formando un túmulo de tierra y circundado por piedras, sellando con una losa tallada su entrada. Los túmulos fueron, por tanto, enterramientos colectivos construidos y utilizados por la población del neolítico.

Parece ser que es en la costa atlántica europea donde el fenómeno tumular proliferó con especial intensidad. La población del neolítico ya no contaba con las cuevas donde rendir culto a sus difuntos; era preciso construir otras de forma artificial que además sirvieran para marcar los límites de su territorio próximos a los asentamientos.

El dolmen de Axetitos (Ribeira, A Coruña), también conocido como A Pedra do Mouro, es un perfecto y destacado ejemplo de megalitismo gallego. Esta construcción correspondería a una tumba colectiva de entre el 4.000 y el 3.600 a.C. Cuenta con ocho lajas (ortostatos) de grandes dimensiones colocadas verticalmente y que definen su cámara. Sobre ella se coloca una robusta piedra granítica que hace la función de tapa. A través de un corredor de 1.5 metros de largo, igualmente delimitado por lajas, se accedía al interior de la cámara funeraria, la cual quedó cubierta por un túmulo de tierra que pudo superar los dos metros de altura.

DOLMEN DE AXEITOS

Dolmen de Axeitos. Ribeira, A Coruña.

El cuerpo del difunto era inhumado en el interior del dolmen, rodeado de sus objetos de valor y prestigio. Este hecho nos hace pensar que en las comunidades neolíticas existiera cierta jerarquía social, puesto que no todos los individuos, sólo los destacados, eran enterrados en estas colosales tumbas.

DOLMEN DE AXEITOS

Dolmen de Axeitos. Ribeira, A Coruña.

Pero su objeto no fue exclusivamente un espacio de enterramiento, sino también de culto, es decir, santuarios donde el resto de la comunidad celebraba las ceremonias en recuerdo de sus ancestros, realizando en ellas ofrendas a los difuntos. En este sentido cabe destacar la figura de los vasos campaniformes, muy probablemente ligados a los ritos cultuales que pudieron ser importados y donde las libaciones formaran parte del ritual en la ceremonia.

En el territorio de la comunidad gallega se han registrado más de 5000 túmulos de diferente tamaño, forma y modo de agrupación, por lo que una cosa sí parece clara: en Galicia existió una más que respetable población neolítica repartida por todo su territorio y organizada en pequeños núcleos sociales dedicados a la agricultura, la ganadería y la caza, además de tener una profunda creencia en la vida después de la muerte.

Lejos de caer en el olvido, estos túmulos fueron respetados por las culturas predecesoras que habitaron sus parajes. Respetaron la memoria de sus antepasados más lejanos, reutilizaron sus espacios sagrados e, incluso, llegaron a venerarlos. Solo con la llegada del cristianismo fueron suplantados por edificios dedicados a su culto, manteniendo en la memoria su función de marca de territorio y lugar sagrado.

Si te apasiona la Prehistoria y disfrutas con el patrimonio megalítico, otro buen ejemplo en la provincia de A Coruña lo podéis encontrar visitando el espectacular dolmen de Dombate.

Saludos

Bibliografía:

  • El proceso de neolitización en Galicia (Ramón Fábregas Valcarce, José Suárez Otero)
  • Cartelería Centro de Interpretación Dolmen de Dombate.
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