La torre móvil

La caída de Sagunto. Capítulo VIII

Tras el último intento frustrado por irrumpir en la ciudad y ya recuperado de la herida de su pierna, Aníbal decidió que, llegados a estas alturas del asedio, lo mejor era dar descanso a sus hombres. Únicamente se preocupó por vigilar los manteletes y arietes empleados en el anterior ataque con algunos destacamentos, ahora repartidos por las laderas del cerro. También se les había visto hacer acopio de ingentes cantidades de madera, las cuales transportaban desde los bosques más alejados que Balcaldur, previo al cerco, no había tenido tiempo suficiente de destruir.

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Contrebia Belaisca (continuación)

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Sekaisa era uno de los oppidum celtíberos más importantes en el territorio de los Belos que, como muchos otros asentamientos de carácter mayor, se habían adherido al pacto de Graco. Esta ciudad ha sido considerada como uno de los centros urbanos más antiguos de la zona, vinculada a la producción de hierro y, tal vez, de la plata. Acuñó moneda en esta primera mitad del siglo II a.C., lo que la convertiría en la ciudad indígena de mayor categoría.

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Castra Postumiana

B.H. Capítulo VIII

Desde un principio, Cneo Pompeyo sólo contemplaba la posibilidad de alargar la contienda como parte de la estrategia a seguir. El territorio de la Hispania Ulterior, abrupto y montañoso, sería el factor determinante que inclinaría la balanza a su favor. O, por lo menos, eso era lo que hasta esos momentos había considerado el general del bando optimate.

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Villa romana La Dehesa

Las Cuevas de Soria, Soria

No hacía tanto que sus paredes, mosaicos y jardines fueran testigos mudos de las acaloradas discusiones e intensos debates que tuvieron lugar en su interior. El cristianismo se había impuesto como religión oficial del Estado, pero grupos de ciudadanos seguían reuniéndose en secreto con la esperanza de encontrar alguna fórmula que les impidiesen renegar de sus antiguos cultos y creencias. Eran los paganos, los herejes, aquellos perseguidos por la Iglesia monoteísta que no profesaban su misma fe.

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Ara Pacis Augustae

… Bajo el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilo, cuando regresé a Roma de mi viaje a Hispania y la Galia y después de haber llevado a cabo afortunadas empresas en estas provincias, el Senado decretó que se debía consagrar en honor a mi llegada el Ara Pacis en las proximidades del Campo de Marte y dispuso que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales celebrasen cada año un sacrificio en él.”. (Res Gestae Divi Augusti, 12.2)

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